domingo 25 de octubre de 2009

Otra vez se le llegó la hora a un dictador


Decía el año pasado, en un post en este mismo blog, que la investidura presidencial no le da a Ortega carta blanca para actuar como mejor le parezca y por el contrario, le manda ─y así lo dice el juramento presidencial─ a cumplir y hacer cumplir la constitución y las leyes de la república. Los límites al poder de cada uno de los poderes del estado están claramente definidos en la constitución y las leyes y cada vez que Ortega las desobedece, faltando a su juramento, se está saltando los límites de su poder, deslegitimándose, poniéndose fuera de la ley, como cualquier salteador de caminos, como cualquier dictador.

Hay dos cosas buenas que resultan de esta torpe movida de Ortega al ordenar a un grupo de “magistrados” de la Corte Suprema de Justicia emitir un remedo de sentencia -que es a todas luces una aberración jurídica- según la cual se le permite, violentando la constitución, presentarse como candidato a la presidencia en las elecciones del año 2011. La primera de esas dos cosas buenas que hay en todo esto, es que ya para todo el mundo es claro que Ortega es un dictador, que en Nicaragua no tenemos ya democracia sino dictadura. La segunda cosa buena es que con esta movida el dictador ha quitado toda legitimidad a su gobierno y ya no es necesario esperar a que termine su período de gobierno para sacarlo. Es una obligación de los nicaragüenses sacudirse esta dictadura así como se sacudió la de los Somoza. Por una cuestión de principios el pueblo de Nicaragua no puede permitirle a Ortega presentarse como candidato a la presidencia. No puede permitirle pasar en este caso por encima de la Carta Magna. Tampoco puede permitirle seguir al frente del gobierno: Ortega debe irse y debe irse ya. Esta ha sido únicamente la gota que rebosa el vaso, el último eslabón de una bien organizada cadena de delitos de la que la víctima es el pueblo nicaragüense.

Un pueblo puede bajarse una dictadura en el momento que mejor le parezca, haya o no haya unos procedimientos jurídicos establecidos. En 1979 faltaban aún dos años al dictador Somoza para terminar su gobierno, aproximadamente el mismo tiempo que le falta al dictador Ortega y nadie siguió entonces unos procedimientos jurídicos para apartarlo del poder. En el único lenguaje que el dictador entendía, el pueblo le ordenó irse. Esta vez será más fácil que entonces porque esta dictadura es mucho más frágil que aquella y este es sólo un remedo de dictador. No nos equivoquemos, sin embargo: el precio será más bajo que entonces, pero no lo sacaremos gratuitamente de esa silla que tanto le gusta. Mientras más inteligentes seamos nosotros más bajo será el precio que pagaremos, pero no podemos pensar que podremos derrocar al dictador sin hacer algunos sacrificios. Este dictador no tiene un ejército regular para reprimir al pueblo, como tenía Somoza, pero tiene en su lugar -cosa increíble en cualquier país civilizado- grupos de criminales armados con los que pretende suplir esa deficiencia. Este dictador no tendrá reparos, como no los tuvo Somoza, de matar a gente inocente con tal de perpetuarse en el poder. El anciano miskito que las turbas orteguistas en complicidad con la policía mataron en Bilwi hace unos días es nada más que el primero de los mártires en esta nueva lucha libertaria.

Es hora de ir pensando qué cosas haremos cuando Ortega y su sombra se hayan ido. Aprovechando la experiencia de hace treinta años, es hora de ir pensando en la integración de una junta de gobierno para hacerse cargo de dirigir el país mientras se celebran unas elecciones limpias y transparentes, organizadas por un órgano diferente que esa monstruosidad que ahora tenemos cuyo único fin es legitimar las acciones del dictador. Yo creo que aún hay justos en Nicaragua capaces de integrar esa junta de gobierno, sanear sus instituciones y llevar el país a tierra firme.

Es hora de ir pensando en las acciones que llevaremos a cabo para reconstruir el país y unir la nación una vez que la dictadura y su orden inicuo de cosas hayan caído. Habrá que ir pensando cómo garantizamos que esta vez no nos desviemos de los caminos democráticos y construyamos al fin una patria digna de la que estemos todos orgullosos.


[Si aún no lo ha dicho, Alemán, el socio del dictador, en algún momento dirá que no hay que temer a Ortega, que hay que enfrentarlo en las elecciones con una oposición unida. Ese es el papel que Ortega le ha asignado hacer ahora y más adelante le encargará desunir a la oposición del mismo modo que lo hizo en las elecciones del 2006. En esta barrida tanto Ortega como Alemán tendrán que irse, no se deje usted engañar de nuevo]

El reclamo de los indígenas (2)


Déjeme hoy hablarle del litoral Caribe nicaragüense y tratar de arrojar un poco de luz sobre lo que allá está ocurriendo. Un post no será suficiente, por supuesto, pero algo es algo y por algún lugar hay que empezar. Tratemos de analizar, usted y yo, lo que allá ocurre y le invito a que después de leer y pensar en este post vaya y busque otras fuentes de información y escuche otras opiniones.

Usted ha oído seguramente que se dice que en el Caribe se anda hablando de independencia y seguramente a usted no le gusta escuchar esta palabra, porque no quiere imaginarse usted que Nicaragua pierda ese enorme y bello territorio. A mí tampoco me gustaría, pero no se preocupe usted, que eso no va a ocurrir y más que movimiento independentista lo que allá está ocurriendo es que los pueblos del Caribe, maltratados como nadie por Ortega y su gobierno que les ha puesto en peligro de extinción, están lanzando al mundo a su manera, una petición de auxilio. Quizá no han utilizado estos pueblos las palabras más adecuadas para expresarse, pero no dejemos que las palabras utilizadas nos impidan percibir qué es lo que allá está ocurriendo en realidad. Déjeme explicarle un poco en este post cómo veo yo que andan las cosas por allá.

Los indígenas del Caribe están hartos -como lo estaría usted en su lugar- de ser vistos y tratados como si únicamente fuesen parte del exótico paisaje, igual que los árboles, los monos y los ríos. Están hartos de ser tratados como si no fuesen gente, como si no fuesen lo que son en realidad: los dueños de las tierras que habitan desde siempre. Están hartos de no ser tomados en cuenta en las decisiones sobre asuntos que son vitales para ellos, si es que han de sobrevivir como personas y como pueblos. No se les toma de ninguna manera en cuenta en las decisiones sobre los recursos que forman la base de su existencia y constituyen su hábitat. Alegre y vorazmente, grupos de extraños venidos de otras partes se apropian de sus tierras, exterminan la fauna, contaminan las aguas, derriban y suben en grandes camiones o barcazas los árboles que pueden vender y queman o dejan pudrirse los otros, dejando a su paso una enorme estela de destrucción. Por más que los indígenas han reclamado, por más que han intentado llamar la atención sobre estas y otras acciones nadie parece escucharles y nadie parece estar interesado en sus asuntos. Son la gente de Ortega -y de su socio Alemán- los que se han apropiado de todos los órganos de gobierno y estas autoridades, que deberían velar por los intereses de los indígenas, que son aquí el pueblo, son en su lugar, cómplices de los que están acabando con todo en el territorio continental y hasta en la plataforma marítima del Caribe. Los indígenas no pintan nada y no tienen vela en su propio entierro.

Seguramente hay otras salidas a la problemática de los indígenas caribeños enfrentados a un gobierno corrupto, ciego y sordo a sus demandas y no sólo esta radical medida -la “independencia”- que es la única que Ortega en su torpeza, en su visión obtusa del mundo y de la vida les ha dejado. Pero los indígenas saben que con Ortega a la cabeza del gobierno allá en Managua no es posible encontrar otra salida. Ortega no negocia, Ortega impone, y al igual que lo hace en el Pacífico, allá en el Caribe utiliza también a grupos de delincuentes armados para acallar las voces de una población humilde y pacífica abandonada a su suerte. Hablemos francamente usted y yo: si usted fuera un indígena del caribe norte usted también soñaría con independizarse de un gobierno que trata este territorio como si fuese una colonia, como si sus habitantes fuesen seres inferiores, como si no fuesen ciudadanos de un mismo país. El gobierno de Ortega ha entrado a saquear el Caribe con prisa y con codicia, como sabiendo que debe hacerlo ahora porque no habrá mañana. Sus representantes -hoy al igual que en su primer gobierno- se comportan como virreyes, como representantes de la corona y reparten a diestra y siniestra los últimos recursos de un territorio otrora rico y que hoy marcha a pasos muy rápidos hacia la desolación.

Ortega no escucha y no escuchará a la población indígena caribeña desesperada. Ni él ni sus representantes se sentarán a dialogar. Ya lo hemos visto en días pasados. En lugar de escuchar a la población ha enviado a las tropas especiales de la policía y a grupos de delincuentes armados a reprimir a la población. En los primeros ataques de los grupos orteguistas a una manifestación pacífica un anciano miskito ha resultado muerto, pero como lo hemos visto en el pasado, a Ortega no le importa cuántos indígenas mueran con tal de imponer su visión del mundo y -ahora- su codicia.

Porque Ortega no escuchará a la población indígena y porque no nos representa en realidad, la sociedad civil del litoral pacífico debería acercarse a las poblaciones indígenas para escuchar qué es lo que tienen que decir y para reafirmarles que Ortega no es Nicaragua, que el pueblo del Pacífico no es enemigo de los pueblos del Caribe. A la mayor brevedad posible, antes de que las cosas se encaminen por un curso de no-retorno, las organizaciones de la sociedad civil deberían conformar y enviar una delegación para enterarse de lo que por aquellos rumbos está ocurriendo en realidad. Esta delegación debería ser el germen para la conformación de una comisión especial de los organismos de la sociedad civil encargada de tratar los asuntos del Caribe.

Mientras tanto, usted no se deje sorprender. No tome aún partido en esto y evite ponerse del lado de los malvados en este problema. No se deje asustar por la palabra independencia, que en su desesperación los indígenas caribeños repiten como un estribillo. Recuerde lo que le he dicho: usted en su lugar probablemente repetiría la palabrita. Esté clara usted de que estos movimientos no ponen en peligro la integridad del territorio como Ortega y sus delincuentes le querrán hacer creer. No es así nomás que en el mundo actual un territorio puede independizarse de otro. Recuerde además que la independencia que los indígenas se plantean, más que independencia del resto de Nicaragua, es independencia de Ortega y que a usted como a ellos, también le gustaría librarse del dictador.

martes 13 de octubre de 2009

El reclamo de los indígenas



Conociendo como conozco la gente y la historia reciente del caribe nicaragüense, la noticia que leo esta mañana en la versión electrónica del diario La Prensa me para los pelos. Bajo el inapropiado e ingenuo titular “Separatistas del Caribe no desisten de su protesta”, los periodistas Romero y Ubieta nos cuentan que el próximo domingo 18 de octubre, unos 3 mil indígenas desarmados, llevando en sus manos una Biblia y una bandera blanca marcharán, encabezados por un religioso, hacia la Casa de Gobierno de Bilwi para apropiarse de ella pues les pertenece.

Esta es, a mi modo de ver, la amenaza más fuerte hecha al gobierno de Ortega en todo su mandato y puede constituirse en el principio del fin de su dictadura. Déjeme explicarle por qué veo las cosas de este modo.

Lo único que de este alzamiento me sorprende es que ocurra hasta ahora. Esperaba que ocurriera en el primer año del gobierno de Ortega y así lo había anunciado en alguno de mis posts, si mal no recuerdo, pero es claro que el liderazgo indígena, prostituido y comprado por Ortega y Alemán, pudo por un tiempo retardar el movimiento de repudio de la población caribeña autóctona hacia quien con mucha razón consideran su peor enemigo, su enemigo histórico. Déjeme recordarle a usted que nadie trató a los pueblos del caribe como los Ortega en toda la Historia conocida. Nadie, ni siquiera los españoles, ni Zelaya, ni Somoza, nadie. Recuerde usted -pues los indígenas lo recuerdan muy bien- que fue en el Caribe nicaragüense donde Humberto Ortega, entonces jefe del Ejército Popular Sandinista, dio la orden de estrenar las mortíferas BM-21, conocidas como Katiuskas, recién compradas a los soviéticos, bombardeando con ellas poblaciones indígenas. Los indígenas fueron perseguidos y cazados como bestias, arrinconados y aniquilados como animales ponzoñosos, en una línea de actuación calificable como genocidio sobre la que aún habrá que investigar para la Historia. Los que lograron escapar a la muerte fueron sacados de sus aldeas y llevados a “asentamientos”, que eran en la práctica campos de concentración de los que los indígenas tenían prohibido salir. Las aldeas indígenas de un área enorme del caribe, sobre todo aquellas a lo largo del Río Coco, fueron arrasadas hasta sus cimientos. Las viviendas fueron quemadas, los animales masacrados, las fuentes de agua envenenadas, los bosques incendiados, entre otras desquiciadas e inhumanas acciones destinadas a dejar sin posible refugio a quien osase enfrentar al sandinismo triunfante e intolerante de otras formas de ver la realidad y de conducir la existencia.



Ahora los indígenas han decidido recuperar el poder sobre su territorio, hartos de ver como un gobernante ansioso de riqueza y un grupito de codiciosos colaboradores autóctonos esquilman lo que queda de unos recursos que una vez fueron abundantes y destruyen de paso la tierra, las estructuras sociales y la forma de vida de la población. Allá, muy lejos de Managua, un pueblo sumido en la miseria y el atraso le está diciendo NO a Ortega, en una lección de dignidad que ojalá fuese seguida en el resto del país.

Los indígenas caribeños saben muy bien el calibre del enemigo al que ahora se enfrentan, saben qué cosa es posible esperar de Ortega y por lo que puedo intuir están preparados a enfrentarlo y saben bien cómo hacerlo. Por eso van desarmados, pues saben que eso les hace aún más fuertes frente a un tembloroso y cobarde Ortega en un mundo que ya no es el mismo a aquel de la primera vez que lo enfrentaron. Veremos qué mandará Ortega hacer a las numerosas tropas policiales enviadas a aquel lugar que ya tanta sangre humilde ha visto correr.

De cómo Ortega maneja este planteamiento que ahora le presenta la población indígena del caribe dependerá la sobrevivencia de su gobierno. Si, como se verá tentado a hacer, responde a sangre y fuego a una población desarmada, se verá enfrentado, ya lo verá usted, no sólo a la población caribeña sino al país entero, si el país es capaz de entender entonces que el problema no son los indígenas sino Ortega mismo. La comunidad internacional, también lo verá usted, no se quedará quieta viendo cómo se ataca a unas etnias ya suficientemente sufridas. El débil gobierno de Ortega, que sólo sobrevive gracias a la debilidad de una parte de la oposición y la complicidad de otra parte, se vendrá al suelo como un castillo de naipes frente a un pueblo que le repudia.

Para los indígenas este levantamiento desarmado es un asunto de vida o muerte, la única salida que le ha dejado un gobierno corrupto, ciego, sordo y mudo a las aspiraciones de una población que busca vivir en paz y desea que los recursos de su territorio sirvan para mejorar las condiciones de vida de la gente y no sólo para enriquecer a un ya muy rico enemigo que le odia y le desprecia allá en su mansión a cientos de kilómetros de distancia.



Ojalá usted que lee esto sea capaz de ver más allá de las etiquetas que gente bien intencionada y otra con malas intenciones le está poniendo y le pondrá a esta acción de los indígenas caribeños. No se trague usted las etiquetas de “separatistas”, “independentistas” o cualquiera otra que le quieran presentar. Cuando le cuenten el cuento de lo que está pasando y de lo que pasará el domingo trate usted de ver lo que hay detrás de las palabras, quizá se sorprenderá de lo que encuentra y quizá usted también sacará su Biblia y su bandera blanca y exigirá como los indígenas el derecho a elegir a sus propias autoridades.

Nota: las fotos que acompañan este texto sirven nada más para fines ilustrativos, no tienen relación alguna con el texto y son de la autoría de esecrebond y se publican aquí bajo una licencia de Creative Commons. Estas y otras fotos de este autor pueden encontrarse en su página en flickr en http://www.flickr.com/photos/esecre/

Vaya para esecrebond mi profundo agradecimiento por el permiso tácito de usar sus hermosas fotos.

jueves 20 de agosto de 2009

Cambiando el enfoque

Este blog recibió el nombre que tiene porque surgió en un momento en que combatir a la dictadura parecía a quien esto escribe, un asunto muy urgente. A mi juicio, a finales del año pasado y comienzos del presente, Nicaragua vivió momentos en que se habría podido cambiar las cosas para bien si hubiéramos sido todos más inteligentes, más atrevidos, más valientes. Podríamos haber echado abajo la dictadura de Ortega y su pareja, pero no lo hicimos y ellos están aún dirigiendo un gobierno y un país que se cae a pedazos cada vez más grandes. Talvez fue mejor así. Quizá así ahora que caiga por su propio peso, la dictadura caerá de una vez y para siempre y esta dañina gente no podrá regresar nunca más pues quedarán aplastados en la caída.



Es que si una cosa es cierta es que esta dictadura caerá y quiza de manera tanto o más estrepitosa que la manera en que cayó la dictadura de Somoza. No me sorprenderá ver otra vez la pata descalza y rajada de Juan Pueblo pisando los salones de las lujosas mansiones que los miembros del régimen dejarán abandonadas en su huída. Esta dictadura es puro aire, más vacía de sustancia que la del difunto y sólo bastará un pequeño empujón para derribarla, un empujón que en cualquier momento ocurrirá. En cualquier momento surgirá una chispa que encenderá un fuego que consumirá a la dictadura. En cualquier momento.

Por eso hay que irse preparando para que cuando caiga la dictadura podamos tener un gobierno diferente de los que hasta ahora hemos tenido. Cuando caiga habrá que estar atentos para evitar cometer los mismos errores que hasta ahora y en nuestra ignorancia hemos cometido. Es hora de poner la vista más lejos que nuestras narices y empezar a pensar qué vamos a hacer y cómo vamos a hacer cuando nos quitemos de encima la dictadura. Hay que irse preparando para ese momento. Hay que hablar de ello, hay que discutir, organizar foros, ṕresentar propuestas y hacer lo que haya que hacer para estar preparados y que no sean otra vez los vivos los que se queden con el mandado.




Si pudiera le cambiaría el nombre a este blog y le llamaría ahora "Por la democracia", pero no estoy seguro de poder hacerlo sin tener que desaparecer el blog y crear uno nuevo y no quiero hacer eso pues le tengo cariño. Le dejaré ese nombre pues, aunque de ahora en adelante más que a combatir una dictadura debilucha que usted mismo(a) botará en su momento, me dedicaré a presentar propuestas de acción, de las cosas que haremos cuando esta risible dictadura haya caído. Pues caerá, ya lo verá usted, así como cayó el Muro de Berlin, que era de cemento armado y no como esta dictadura que es de taquezal.

domingo 15 de marzo de 2009

El archipiélago de Managua (parte 2)

La isla de los condenados

Hay en lo que yo insisto en llamar ─aunque no lo sea─ “el archipiélago de Managua”, una isla en particular que es una vergüenza para Nicaragua toda y la sociedad toda. Un espacio que muestra mejor que cualquier otro la profunda crisis que vive el país, que deja en evidencia que hemos fracasado. Se trata del lugar conocido como “La Chureca”, el basurero de la ciudad de Managua. En ella viven grupos de gentes que hacen su vida en ese basurero, viviendo en pleno siglo XXI en peores condiciones que aquellas de los primeros grupos humanos, cuando apenas empezábamos a andar erguidos y a enseñorearnos de la Tierra, cuando apenas empezábamos a pensar. Son seres que viven como las hienas, alimentándose de los restos que la sociedad les arroja y peleándose por los pedazos de carroña que constituyen su alimento. Son seres condenados por pecados que nunca cometieron a conducir su miserable existencia entre la basura y el excremento de una ciudad podrida. Ahí comen, ahí rezan a su Dios, ahí se aparean y ahí paren a sus hijos, entre la mierda de los demás.

En esta isla queda en evidencia, mucho más claramente que en otras partes, lo lejos que estamos de ser una nación y el poco interés que sentimos los nicaragüenses los unos por los otros. Olvídese de todos esos cuentos de la solidaridad entre los nicaragüenses, olvídese de que nos amamos los unos a los otros, que nos preocupamos los unos por los otros, como acostumbramos decir. En nuestro pequeño país estamos rompiendo ya los últimos hilos del tejido social y en esta sociedad que se hunde, el grito no es ya “sálvese quien pueda” sino más bien “sálvese quien pueda pasando por encima de quien sea”. No tenemos muchos reparos en pararnos sobre las cabezas de los demás para poder mantener nuestra propia cabeza fuera del agua. “Que se jodan los otros si con ello puedo salvarme yo” parece ser lo que nos guía. No nos mueven ya elevados ideales, lo que nos mueve son los más bajos instintos.



Olvídese del cuento de que los nicaragüenses somos todos hermanos porque, pudiendo impedirlo, ningún hermano permitiría que su hermano se deshumanizara de tal modo que tuviera que comportarse como una bestia salvaje para hacerse de un pedazo de carroña para poder subsistir. Ningún hermano permitiría que su hermano llegara a los extremos de miseria a los que se llega en esta isla de los condenados de la tierra. A los extremos de deshumanización que aquí llegamos.

Las visiones de Juan en el Apocalipsis se repiten día a día, hora tras hora en esta isla de los condenados, en este primer círculo del infierno. A este espacio hemos enviado a estas pobres criaturas inocentes a pagar por nuestros pecados, a lavar nuestras culpas, a sufir por nosotros, a redimirnos para que nosotros podamos seguir alegremente con nuestras propias viditas.

Nota: las fotos que acompañan mi texto son obra de Gunnar Salvarsson un fotógrafo profesional islandés que generosamente me permite usarlas aquí. Vaya para él desde acá mi más profundo agradecimiento. Las fotos de este post y cientos más de otras fotos de Gunnar, de gran calidad, puede usted encontrarlas en http://www.flickr.com/people/gunnisal/

miércoles 14 de enero de 2009

El archipiélago de Managua (parte 1)


Para alguien como yo, curioso y metiche, con cierto entrenamiento para la observación y una cierta formación sociológica, Managua es un espacio fascinante. Los últimos días he andado de cualquier modo por aquí y por allá en el ardiente calor de este lugar caótico que no me atrevo a llamar ciudad, persiguiendo algunas ideas que voy a dejarle a usted aquí en este post y en otros que luego escribiré, para que haga usted con ellas lo que se le ocurra, pues a fin de cuenta estas son ideas de todos y seguro que se le habrán ya ocurrido a usted antes que a mí o se las habrá encontrado por aquí y por allá.

Déjeme empezar diciendo que Nicaragua es a mi juicio y a juicio de algunas otras personas, una sociedad y un país que va difuminándose, que hace ya algún tiempo ha iniciado un proceso de disolución que en los últimos tiempos se ha acelerado. Es la nuestra una sociedad que como producto de nuestras acciones y omisiones va poco a poco diluyéndose, hasta que llegue un momento ─si no hacemos algo para evitarlo─ en que se nos irá por la alcantarilla como el agua de la lluvia. Un ─y solo un─ aspecto de esto que le digo es el hecho que Nicaragua no actúa como una nación, no se comporta como tal. Hay grupos ─unos poderosos, otros menos poderosos─ que empujan y tiran cada uno por su lado. No tiramos todos juntos en una misma dirección, como ocurre en las sociedades más avanzadas, en las que se lleva hacia adelante el interés de la nación. Nosotros nos preocupamos de nuestra individualidad, de nuestra familia y quizás de nuestro grupito social, los demás pueden muy bien comer mierda mientras nosotros comemos filete. Literalmente.

Más que una nación, nuestra sociedad es como una suma de diferentes mundos que ya ni siquiera forman un sistema, pues esta palabra da la impresión de un cierto orden y en Nicaragua parece reinar más bien el caos de los tiempos primigenios. Esos varios mundos que conforman lo que llamamos Nicaragua, se entrecruzan a veces los unos con los otros, giran sobre algunos ejes compartidos y comparten una referencia espacial, nada más. Ya hablaremos más adelante sobre estos conceptos.

Mis amistades piensan que me he rendido, que he bajado a la realidad y he recuperado mi cordura porque ya no tengo el mismo tono apasionado, insurrecto, con el que llegué al país hace ya más de dos meses, porque según piensan ya no ando alzado conspirando por acá y acullá, tratando de bajarme al risible dictador y su caricaturesca putilla. No, amigas y amigos míos, estoy más loco que nunca y si he estado callado últimamente es porque mis observaciones de las últimas semanas me han dejado con la boca abierta, sin habla, porque rasgando en la superficie de las cosas me he venido dando cuenta que la dictadura es de juguete y se caerá sin mucho esfuerzo, sola casi y que el monstruo que debemos enfrentar es otro, mucho más grande y terrible. Lo que con este país está ocurriendo es a mi juicio tan serio, tan peligroso, tan vital, que mi preocupación por la dictadura ha pasado a un segundo plano. Sigue siendo urgente derrocar a la dictadura y hay que trabajar para lograrlo, pues cualquier cambio para bien empieza por ahí, pero también hay que trabajar y muy fuertemente, para encaminar esta sociedad por otro rumbo que ese que usted, yo, mi vecina, los políticos, todos pues, le hemos venido dando. La conspiración, por así decirlo, debe pasar también a otros niveles, más allá de las miserias de nuestro nauseabundo mundillo político.

Para profundizar en esto que hoy le digo empezaré ahora hablándole de Managua y continuaré hablándole aún en algunos otros posts. Managua no es Nicaragua, aunque sus habitantes así quieran creerlo. Es un poderoso miembro, pero no es el país todo y no todas las cosas se deciden en este horroroso lugar, aunque en esta capital ocurren cosas que marcan al país profundamente. Lo que usted probablemente no se ha detenido a pensar es que Managua, además de ser ese enorme espacio habitado a la buena de Dios por una mezcolanza de gentes, es también un archipiélago, un conjunto de islas. De eso voy a hablarle en mi próximo post.


viernes 19 de diciembre de 2008

Otra vez el canal


El dictador Ortega anda en Rusia con la mano limosnera extendida, buscando la ayuda Rusa para sustituir la otra ayuda, la de otros países, que con su comportamiento dictatorial, incluido el fraude en las elecciones, el mismo Ortega ha alejado. Seguramente vendrá tan pobre como se fue. De Rusia no traerá nada y lo único que pescará será un resfrío.

Entre las cosas que Ortega se ha sacado de la manga, tratando de distraer la atención de la gente que en Nicaragua le está pidiendo cuentas del fraude, está el antiquísimo proyecto de un canal por Nicaragua. Es este un proyecto, que sale siempre a luz en épocas electorales o, como ahora, en momentos de mucha presión para el gobernante de turno. No se deje usted engañar, un canal por Nicaragua es un proyecto imposible, así de simple. Por más que nos duela, en Nicaragua no habrá canal, porque no se necesita, porque es muy caro y porque en Panamá hay un canal saludable que basta y sobra, punto. Las razones se las explico a usted en un documento que usted podrá bajar haciendo click aquí y cuyo vínculo pondré también en la columna a la derecha de este blog. Ese documento, escrito hace ocho años, sigue tan vigente como cuando fue escrito y fue útil para muchos panameños en la discusión que el año pasado tuvieran para decidir si ampliaban o no su canal. Ojalá sea útil para usted también.

Ya los rusos han dicho que el proyecto les parece "interesante" y seguramente es así. Claro que es interesante ver venir a un viejo dictador con un proyecto más viejo que él mismo, que les ha sido traído a los rusos más de una vez. La burocracia rusa, que tiene una memoria de siglos, recuerda muy bien el proyecto y va a desempolvar las mismas razones de entonces para decir a Ortega "nyet, druk. Spasiba" (no amigo. Gracias)


martes 16 de diciembre de 2008

En Nicaragua hay dictadura (parte 2)

En mi post anterior decía yo que en Nicaragua tenemos una dictadura dándonos sus primeros zarpazos. Decía que es mejor para todos detenerla ahora que el monstruo apenas ha salido del huevo, antes que cause mucho más daño que el que ya ha causado y decía que mientras más tiempo nos tardemos en pararla más costoso, más doloroso y más sangriento resultará hacerlo. Con su actuación la dictadura está haciéndonos desandar caminos que con mucho trabajo hemos andado y echando abajo la institucionalidad que con tanto esfuerzo hemos levantado. Mientras más nos adentramos por este camino oscuro más vamos hundiendo a nuestra sociedad y más difícil será luego reconstruirla.

Si usted ha comparado la situación de Nicaragua hoy con la definición de dictadura, comúnmente aceptada, que presenté en mi post anterior, debería ser claro para usted que nos encontramos ya en una dictadura. Como hemos visto, hay tres cosas que son fundamentales en la definición de un dictador y una dictadura, estas son: 1) la utilización del poder de forma arbitraria, 2) la falta de límites al poder o el desconocimiento de estos límites y 3) la actuación sin consenso con los gobernados. En esas tres cosas nuestro gobernante sale reprobado y con su comportamiento calza perfectamente en la definición de dictador. Veamos.

Si usted, al igual que Daniel Ortega Saavedra, piensa que como presidente él es libre de ejercer su poder cómo le parezca, hasta dónde le parezca y sin consultar con nadie, déjeme decirle que usted y DOS están en un profundo error. No es correcto que Ortega y su familia hagan uso del poder así como lo hacen, cuándo, cómo y dónde les dé la gana, de modo pues, arbitrario. Tampoco es correcta la frase “para eso mandamos” que con frecuencia sueltan Ortega, su mujer y sus vástagos para justificar el uso, sin límite ninguno, del poder que detentan. Es igualmente incorrecto decir, como dicen ellos “el que manda, manda y no suplica” para justificar la manera que tienen de actuar Ortega y toda su familia, sin consultar a nadie y sin dar explicaciones a nadie.

La investidura como presidente no le da a éste carta blanca para actuar como mejor le parezca, por el contrario, le manda ─y así lo dice el juramento presidencial─ a cumplir y hacer cumplir la constitución y las leyes de la república. Los límites al poder de cada uno de los poderes del estado están claramente definidos en la constitución y las leyes y cada vez que Ortega las desobedece, faltando a su juramento, se está saltando los límites, deslegitimándose, poniéndose fuera de la ley, como cualquier salteador de caminos, como cualquier dictador.

La entrada, hace unos días, de buques de guerra rusos a aguas nacionales es un claro ejemplo, entre otros muchos más, del comportamiento dictatorial de Ortega. Mire usted, la constitución establece claramente que para que buques de guerra de otra nación puedan entrar a aguas territoriales de Nicaragua, se requiere que el presidente presente la solicitud a la asamblea nacional, única facultada para autorizar la entrada. En el caso que nos ocupa, el presidente invitó a los rusos a visitar el país sin consultarlo con nadie y dejó entrar luego los navíos de guerra al territorio nacional, sin pedir la autorización de la asamblea, como manda la constitución. Encima de eso mandó al ejército a recibir las naves, haciendo que el ejército violara también, de este modo, la constitución.

Pero este es un solo caso de comportamiento dictatorial, argumentará usted y eso no convierte a Ortega en dictador: no, no es un único caso, este comportamiento de Ortega, limpiándose el fundillo con la constitución, las leyes y los nicaragüenses, es una constante suya, es una muestra de su chambona manera de concebir el mundo y usar el poder que ha adquirido. Pero incluso si esta fuera la única muestra de comportamiento dictatorial, déjeme preguntarle a usted ¿cuántas veces tiene alguien que robar antes que podamos llamarle ladrón? ¿una vez? ¿dos? ¿cuántos córdobas debe robar? ¿uno? ¿cien? Visto de otro modo: ¿cuántas veces tiene una muchacha que cobrar por sus polvitos antes de que podamos decir que es prostituta? ¿una vez? ¿dos? ¿un polvito? ¿dos?

No, no se equivoque, en Nicaragua tenemos de nuevo dictadura aunque ella sea novata, frágil y torpe. Pero no se aflija usted demasiado que no va a durar mucho: usted y yo y la gente suya y mía nos la vamos a bajar, ya lo verá.

En mi próximo post: una dictadura en alitas de cucaracha.

viernes 12 de diciembre de 2008

En Nicaragua hay dictadura (parte 1)


[Las cosas, por su nombre]

Hay gente que está en desacuerdo conmigo cuando digo que el gobierno que tenemos en Nicaragua es una dictadura. No se han dado cuenta, no les ha caído la moneda, de por dónde andan las cosas en este lindo país. En este post y el siguiente me propongo contarle a usted por qué pienso que efectivamente nos encontramos ahora viviendo de nuevo bajo una dictadura. Se lo contaré en dos post, cada uno de setecientas cincuenta palabras o menos, porque ese es aproximadamente el máximo de palabras que mucha gente de hoy es capaz de leer sin cansarse y sin perder la concentración. Creo que es importante hablar de estas cosas porque si no sabemos contra qué estamos luchando no podremos derrotarlo. Definir una estrategia de lucha pasa por el conocimiento pleno de la cosa aquella que combatimos. Mi posición es esta: en Nicaragua tenemos una dictadura en su niñez, dando sus primeros pasos. Es una dictadura en ciernes pero dictadura al fin, que hay que detener ahora, antes que cause demasiado daño. Mientras más tardemos en pararla más costoso, más doloroso y más sangriento resultará hacerlo. El objetivo debe ser, en este momento, regresar a Ortega a comportarse como presidente y que deje de hacerlo como dictador, si esto no es posible habrá que bajárselo del puesto en el que él mismo se ha subido, pues presidente queremos, no dictador. Contra Ortega presidente no tengo nada en contra, tengo que respetar la voluntad del pueblo al elegirlo. Contra Ortega dictador tengo en mi mano izquierda mi dedo medio erguido y en mi mano derecha el puño cerrado.

No intentaré escribir aquí un tratado sociológico ni voy a elevar barriletes pues este es sólo un post de blog, no una tesis doctoral. Vamos pues a lo básico, poniéndonos de acuerdo en las cosas fundamentales.

En este sitio encuentro este párrafo que a mi juicio contiene la esencia de lo que es una dictadura:

“Se llama dictadura a la forma de gobierno ejercida por una sola persona que utiliza su poder arbitrariamente y sin estar especialmente limitado por la ley. Así, un dictador toma decisiones dejando de lado las posibilidades de consenso con la gente gobernada...”

En un foro del diario español El País, he encontrado esta cita:

“Es un sistema donde no habría división de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial), inexistencia de derechos básicos, especialmente los relacionados con la libertad de expresión, la inexistencia de pluralidad política, sindical y asociativa, la tendencia a ejercer el poder de forma arbitraria en beneficio propio, de un grupo, clase o minoría que sostiene el sistema frente al imperio de la ley de los estados de derecho. Además, es un sistema que no se basa en el consentimiento libre de los gobernados, aunque la propaganda del sistema suele insistir mucho en que dicha aquiesciencia sí existe, y suele recurrir a métodos populistas o plebiscitarios pero no libres, en realidad. Es importante destacar que las dictaduras no se sostienen sin cierto o mucho apoyo social, dependiendo de muchas circunstancias y factores, pero impiden que los opositores puedan expresar, libremente, sin menoscabo de su integridad física o de sus libertades, el rechazo a la misma. Si el grado de represión es muy alto, y con un sistema de ideas que lo apoya, la dictadura se tiñe de totalitaria.

La dictadura suele estar muy vinculada a un concepto muy personalista del poder, a la ambición de quien detenta el mismo. Se enaltece al dictador, jefe, líder o caudillo a través de la propaganda . Es un personaje que ejercería el poder con grandes sacrificios personales, un jefe que renuncia a los placeres de la vida privada por la patria o el país. Puede llegar a ser presentado como un estadista dispuesto a darlo todo por el pueblo, hasta la vida, y sin pedir nada a cambio, bueno, sí la obediencia al mismo, precisamente por esos sacrificios. Muchas dictaduras tienen, pues, un marcado carácter paternalista.

Las dictaduras suelen buscar la justificación de su existencia en la necesidad de la misma, apelando a una situación extraordinaria o terrible y que se soluciona con este ejercicio del poder. Es la legitimación de la dictadura y de su permanencia durante un tiempo, o de forma indefinida, al menos hasta la muerte del dictador. Se tiende, además, a que el sistema sobreviva a la muerte de su creador o impulsor.”

Estas citas, que definen a grandes rasgos una dictadura “genérica”, me servirán para delinear, en mi próximo post, nuestra frágil dictadura.


sábado 6 de diciembre de 2008

Ojalá no haya fraude en ninguna elección

Esta madrugada, cuando tomaba mi primer dosis de información del día, me encontré con este blog salvadoreño, partidario del FMLN, creo yo, en el que se alertaba de la posibilidad de que en El Salvador se esté gestando un fraude electoral. Me pareció oportuno dejar un comentario solidario cuyas partes medulares transcribo aquí para ustedes.

Yo estoy viviendo ahora en la Nicaragua post fraude electoral (ojalá y le dieras seguimiento a este tema) y te cuento que no es nada agradable el aire que ahora se respira, no es algo que deseo para El Salvador, un país que me es tan querido, ni para ninguna sociedad en realidad. Por una larga historia mi país se ha vuelto muy pobre, la miseria te golpea en el rostro a cada paso, la gente tiene muy poco, casi nada y luego del fraude tienen aún menos, muchos no tienen ya nada. Su último bien, para muchos su más preciado bien, les ha sido arrebatado. Si antes de la elección sentían que aún les quedaba su voz, que tenían un poco de poder, que podían decidir sobre el rumbo que su país y su pueblito deben seguir, ahora que han visto lo que han hecho con su voto, que su voto no cuenta, sienten con razón que ya no tienen nada, que no pintan nada en el panorama, que no son tomados en cuenta, que otros deciden por ellos, que no existen. Hay un terrible sentimiento de frustración, de impotencia, de abandono y tristeza flotando en el aíre. Yo no sé y nadie sabe creo yo qué más va a pasar acá, en este paisito en el que tantas cosas han pasado. Es que nunca antes en la historia post-colonial estuvimos al mismo tiempo tan pobres, tan frustrados, tan impotentes, tan faltos de esperanzas como ahora. Ahora tenemos una combinación de cosas que pueden llegar a convertirse en una mezcla explosiva que nadie sabe cómo explotará, ni cuando, ni dónde, ni cuáles serán sus consecuencias.

Es triste, muy triste, vivir en este país después del fraude. Ya la gente ni siquiera está preocupada ni enojada por quién quede de alcalde en su pueblo. Eso ha dejado de ser importante, la gente está molesta y está brava porque le han robado su voto. Es el voto lo que le preocupa ahora a la gente, es que le hayan robado su instrumento de poder lo que tiene a la gente brava, muy brava. Si el fraude se impone y esto se convierte en la mecha que prenda el explosivo sera muy triste, muy lamentable. Si no pasa nada, si el fraude se impone y la gente pierde sin más su capacidad de decidir será también muy triste. Ahora estamos los nicas ocupados en desmontar el fraude, gastando energías que deberíamos estar utilizando en cosas más productivas, pero ni modo, hay que hacerlo porque si no estaremos más jodidos de lo que ya estamos.

Esto que aquí esta pasando, que estemos viajando hacia atrás en el tiempo, que estemos regresando hacia un pasado que parecía ya superado es terrible, doloroso. Por eso espero que no haya fraude en las elecciones de El Salvador, que la gente allá no tenga que pasar por lo que ahora estamos pasando, que se respete su voluntad y no tengan ustedes que pensar las cosas que ahora andamos pensando ni considerar las opciones que ahora andamos sopesando.

Así que mi recomendación a los blogueros salvadoreños es que estén vigilantes, que no dejen que le roben su decisión a la gente, que denuncien cualquier maniobra de cualquiera en cualquier bando, que traten de evitar que ocurra fraude y si con todo y todo ocurriera, habrá que denunciarlo por el bien de la sociedad toda.