domingo, 7 de octubre de 2018

Sapos


El diccionario de la RAE nos dice que ‘Sapo’ es una ‘Voz prerromana, de or. onomat., por el ruido que hace al caer en un charco o en tierra mojada’ y en la primera acepción de la palabra dice que un sapo es ‘1. m. Anfibio anuro de cuerpo rechoncho y robusto, ojos saltones, extremidades cortas y piel de aspecto verrugoso”. Entre otras varias acepciones de la palabra, una de uso muy extendido en Latinoamérica es la de soplón, espía y delator.

En un foro de la lengua española en que alguien preguntaba cómo fue que pasó a utilizarse la palabra sapo como sinónimo de delator, el usuario ‘Rodrigo’ en mi opinión ha dado en el clavo respondiendo así:

“Me parece que debe haber una analogía física y/o de comportamiento entre el animal sapo y el personaje delator, como ocurre con las innumerables referencias zoológicas que se usan como metáfora en el lenguaje cotidiano. Desconozco exactamente cuál es esa analogía, pero me parece que podría deberse a los siguientes rasgos del sapo:

    Su lengua hábil, larga y mortífera. El soplón es un profesional del lenguaje que, igual que los sapos, saca su lengua para hacer daño y después la oculta. La imagen de la lengua (el órgano anatómico) siempre acompaña al mal uso de las palabras: ser deslenguado, irse de lengua, ser/tener lengua larga. Las serpientes y su lengua bífida también entran en este juego pero hacia otra dirección.

    Su croar, especialmente el nocturno. Como la delación, el croar de los sapos se da oculto en una oscuridad que proporciona anonimato. Cuando todos estamos en silencio, hay una voz que canta en algún lugar sin dar la cara.

    Su postura (o actitud): semioculto, algo camuflado, inmóvil para pasar inadvertido. (En esto se diferencian, a mi modo de ver, los sapos de las ranas.).

    Sus ojos. Tengo la idea de que los ojos de los anfibios son grandes y un poco sobresalientes. Los dibujos de sapos típicamente muestran sus ojos como fuera del cajón del cuerpo, y a veces son lo único que sobresale fuera del barro o del agua. Parece como que siempre te estuvieran observando, evaluando a escondidas, tal como los delatores.

Alguno de estos rasgos, o todos juntos, podrían hacer que los delatores fueran identificados con los sapos. Hay que agregar, por supuesto, que los sapos no son para nada unos animales agradables. Tienen mala reputación, provocan repulsión y son (o se cree que son) venenosos”.

Me queda pendiente la tarea de averiguar dónde y cuándo se originó el uso de la palabra para designar soplones y espías, pero podría haberse originado en cualquiera de las dictaduras de latinoamérica en cualquier momento de su historia pues en ellas siempre han existido esos despreciables individuos que vigilan los pasos de sus vecinos, atentos, para denunciarlos a los agentes del régimen, a cualquier manifestación de oposición o independencia de pensamiento. Este uso de la palabra podría incluso haberse originado en otras latitudes.

El sapo nicaragüense se cultivó en cantidades relativamente limitadas bajo la dictadura somocista pues el conocimiento sobre su reproducción no era muy avanzado y la dictadura no parecía necesitar de muchos. En ella mantenían un bajo perfil y se movían en la oscuridad de la noche e intentando pasar desapercibidos. En la década de los 80, en la llamada ‘Revolución Sandinista’, los sapos fueron cultivados a gran escala y pasaron de ser los seres viles y despreciables que hasta entonces habían sido a convertirse en el ejemplo a seguir por quienes aspiraban a convertirse en los ‘hombres nuevos’, la máxima expresión de la raza humana que la ‘revolución’ pretendía crear. Para entonces había multitud de lugares de cultivo de sapos y para multiplicarlos se replicó experiencias que en otros países habían tenido éxito como las granjas llamadas CDS y hasta se intento cultivarlos a través de los sistemas de educación primaria, secundaria y universitaria. Una vez que la llamada ‘revolución’ hubo terminado el sapo regresó a su escondite pues de nuevo volvió a ser considerado como una alimaña que había que aplastar.

Bajo la dictadura Ortegana, en las primeras décadas del S. XXI, la producción de sapos alcanzó su apogeo y se intentó convertir a la población toda, especialmente a los más humildes en sapos del régimen. Fue entonces que el ‘sapo nicaragüensis’ habría de convertirse en la más peligrosa variedad de este animal al experimentar una profunda mutación y adquirir características que hasta entonces sólo había presentado irregularmente, En lugar de moverse a saltitos, su manera usual de trasladarse, pasó a arrastrarse como las serpientes y adquirió, como éstas, la capacidad de morder y de inyectar veneno a sus víctimas. En lugar de denunciar para que otros ejecutaran acciones destinadas a acallar la oposición, empezaron ellos mismos a atacar, hiriendo, torturando y matando. De ser un animal nocturno que se escondía a la vista pasó a ser uno que puede ser visto de día y de noche y en lugar de avergonzarse de su condición hasta se muestra orgulloso de su sapencia. Algunos estudiosos señalan que sus cerebros se han empequeñecido de tal manera que ya no son capaces de pensar por sí mismos y dentro de sus cabezas ahora casi huecas cuentan con una especie de aparato de recepción por medio del cual reciben órdenes que ellos llaman ‘de arriba’. En este sentido son muy similares a esas hormigas a las que un hongo que entra en sus cerebros convierte en zombis.

La foto la saqué de un website de sapos: ahuevo.me/19-de-julio-nicaragua/



martes, 2 de octubre de 2018

¡Parar el genocidio!


Con frecuencia, para apreciar la magnitud de las cosas que tenemos frente a nuestros ojos, para entenderlas, es necesario mirarlas desde otro ángulo, bajo otra luz, desde otra distancia o utilizando otra lente. Vistas así, desde otra perspectiva, las cifras del costo humano de lo que está ocurriendo ahora mismo en Nicaragua dejan al desnudo la enorme barbarie de la dictadura, su inmensa crueldad al dejar las manos libres a sus fuerzas irregulares para pasearse por entre nuestra gente como si fuese un ejército de ocupación, matando, violando, mutilando, robando, torturando impunemente en una sangrienta, interminable bacanal de destrucción, de humillación, de deshumanización, de horror.
Lo que está ocurriendo en Nicaragua es la destrucción de un país y de su gente, es el castigo a un pueblo que se niega a obedecer la voluntad de un tirano vengativo que se considera a sí mismo un dios y cree tener el derecho de mandar a sus sicarios a castigar poblaciones que osan protestar pacíficamente, a destruir pueblos y ciudades como Jehová enviando a sus ángeles de la muerte a arrasar Sodoma y Gomorra.
Las cifras del horror, como es válido llamarlas, muestran sólo una fracción de lo que está ocurriendo, una parte nada más de la destrucción, de aquella que es posible expresar numéricamente. Veámoslas. La Asociación Nicaragüense Pro-Derechos Humanos informa que en los 158 días del período comprendido entre el 19 de abril y el 23 de septiembre del presente año, como resultado de la represión de la dictadura frente a la protesta pacífica de la ciudadanía han muerto violentamente 512 personas, 4,062 han sido heridas y 1,428 han sido secuestradas o desaparecidas. Eso significa que por cada millón de los 6,2 millones de la población nicaragüense la dictadura ha asesinado 83 personas, herido a 655 y secuestrado o desaparecido a 230.
Para poner estas cifras en una perspectiva diferente, que permita apreciarlas mejor: si esto que aquí le cuento hubiese ocurrido en Estados Unidos, con una población aproximada a los 325 millones, los muertos serían 26,838, los heridos 212,927 y los secuestrados o desaparecidos serían 74,854. Son cifras apabullantes ¿no le parece? Igual a la población de ciudades enteras ¿Qué piensa usted que diría el mundo si Trump hubiese hecho lo que Ortega ha hecho en 158 días de terror en Nicaragua y continúa haciendo aún? ¿Se imagina usted el enorme escándalo a escala planetaria que se habría producido si la policía estadounidense junto a un ejército de asesinos trumpianos a sueldo mata, hiere y secuestra a cientos de miles de personas mientras las fuerzas armadas regulares miran hacia otro lado y no hacen nada por imponer el orden? Eso precisamente ocurrió y sigue ocurriendo en Nicaragua. La única diferencia son los números absolutos, la escala es la misma.
Si lo que le cuento hubiese ocurrido en China, con sus 1,403 millones de habitantes habrían sido asesinadas 115,800 personas, 919,191 habrían resultado heridas y otras 323,142 habrían sido secuestradas o desaparecidas. ¿Se imagina usted la gritería que se habría armado contra XI Jinping el presidente chino? Seguro que ningún gobierno del planeta se habría quedado callado y muchas acciones se habrían emprendido ya.
Lo que en Nicaragua ocurre en estos días es un genocidio pues eso es lo que Daniel Ortega está ejecutando: para mantenerse en el poder está eliminando sistemáticamente a todo un pueblo, que es a fin de cuentas lo que la palabra significa. Es la intención lo que lo define, no el número. Hay que parar el genocidio antes de que llegue a los espantosos niveles que antes en otros lugares ha llegado porque nadie osó intervenir. Antes de que alcance, para poner un caso, la magnitud que alcanzó en Ruanda en 1994. Que en Nicaragua se produzca más lentamente no significa que no llegará a ese grado.
Terminar con la dictadura es de una dolorosa urgencia, es una tarea impostergable. No hay otra alternativa. La destrucción que ella lleva a cabo del país, de su economía, de su tejido social, de su gente, es mucho más violenta, mucho más profunda de la que haría un huracán o un terremoto pues éstos matan y destruyen bienes y afectan la economía, pero no minan la sociedad desde sus cimientos, no la destruyen desde su raíz del modo en que la dictadura lo hace ahora, no la dejan lisiada como la dictadura la dejará cuando se haya ido. La dictadura debe caer, lo más pronto que sea posible. Para ayer era ya tarde.

jueves, 2 de agosto de 2018

La víbora decapitada

 
‘Wishful thinking’ llaman en inglés a eso que ocurre cuando uno confunde la realidad con sus deseos y cree que las cosas son del modo en que le gustaría que fuesen, pero no son así. Alguien pensará que cuando digo que Ortega es un muerto andante y su dictadura es de papel estoy confundiendo la realidad con mis deseos, que la fumé verde y estoy alucinando. Voy a exponerle mis ideas para que vea usted por qué pienso como pienso. Vamos a pelar esta cebolla capa por capa. Lo que le voy a decir lo han dicho más gentes seguramente pero no está de más repetirlo. [En realidad hay que repetir estas cosas, para no perder la visión]

Ortega está solo. Mire que ahora que el pueblo se le alzó nadie salió a defenderlo, ni siquiera aquellos que han recibido sus limosnas. Claro, salieron los sicarios a matar gente de modo indiscriminado, pero esos no cuentan, esos son, la palabra lo dice: asesinos a sueldo. Ninguno de los que según el grupo de mafiosos del así llamado ‘Consejo Supremo Electoral’ votaron por Ortega en las pasadas elecciones salió a dar la cara por él y a enfrentarse a quienes osaban desafiar a ‘su líder’. Si fuese cierto que Ortega tiene tantos seguidores como quiere hacernos creer, ¿cómo es que ninguno de ellos sacó la cara por él en estos días? ¿cómo es que tuvo que contratar mercenarios? Nadie lo quiere y por eso tiene que comprar caricias, de criminales en este caso, de sus sicarios.
Para conseguir concurrencia a las manifestaciones que ha organizado en los últimos tiempos, el Orteguismo, como Somoza antes, ha tenido que recurrir a forzar bajo amenaza a los empleados públicos a acudir a ellas y al igual que hicieran los Somoza ha tenido que acarrear a gente pobre de todo el país ofreciéndoles un paseo a la capital con boleto pagado de ida y vuelta, fiesta, guaro, nacatamal y unos bollitos, que en estos aciagos tiempos no vienen mal.

En el ámbito internacional Ortega está aislado y así se quedará. Como a un apestado todos se le apartan. Sólo han quedado de su lado, condicionalmente, aquellos que no cuentan, los otros apestados del continente: Venezuela y Bolivia. Hasta Luis Almagro que hasta hace poco parecía tenerle cierta estima se ha ido ruidosamente, para que todo el mundo lo viera, al otro lado.

Nadie cree lo que dice, ni dentro ni fuera del país, ninguna organización internacional, ningún gobierno, nadie. Ni la Unión Europea, ni el gobierno estadounidense, ni la ONU ni la OEA. Nadie, absolutamente nadie. Como el emperador del cuento aquel, Ortega está desnudo y sus miserias están expuestas a la vista del mundo. Nadie le cree, aunque llame mentirosas a personas y organizaciones de reconocida credibilidad. Para todos es claro que quien miente es Ortega, que su cuento es compĺetamente falso.

El ruido es ensordecedor y no lo deja dormir. No lo deja vivir. Por más que quiera tapar sus oídos, desde fuera y dentro del país el clamor porque pare la represión, porque se vaya, porque adelante las elecciones es atronador.

Sus esperanzas se desvanecen. Ortega pensó enamorar a Trump por esa extraña fascinación que éste tiene por los autócratas, por los ‘hombres fuertes’ y desde Fox News le hizo ojitos, pero a Trump no le gustan los derrotados, los ‘losers’, los que van camino al basurero de la historia, menos aún si vienen de un pequeño país del tercer mundo.

Como la cabeza de una víbora que después de haber sido separada del cuerpo de un machetazo es aún capaz de matar, Ortega, aún derrotado, es peligroso y como hemos podido ver en estos días, continúa matando. No hay que quitar la vista de la cabeza cortada de la víbora, no hay que dejar que nos clave los colmillos. Que Ortega está derrotado no quiere decir que ha sido neutralizado. Se encuentra entre la espada y la pared pero incluso un gallo viejo y artrítico, desplumado y sin navajas, es aún capaz de hacer daño cuando se encuentra arrinconado. Aún falta darle el golpe mortal.

Pronto se quedará sin armas ni municiones. El ejército, quiero creer que de mala gana, fue cómplice suyo en la pasada insurrección no violenta del pueblo y se hizo de la vista gorda mientras las hordas criminales orteganas masacraban a la población desarmada. Los paramilitares existen porque el ejército lo permite. Pero los generales tienen sus propios intereses y no se inmolarán con el dictador y se irán del lado del pueblo cuando éste se muestre como el caballo ganador, cuando presente una salida aceptable, o cuando desde fuera les obliguen a abandonar a Ortega. Puestos a escoger entre su propia existencia y la de Ortega, los militares lo repudiarán y le escupirán en el rostro. Con el ejército dándole la espalda al dictador y haciéndose del lado del pueblo, los paramilitares se evaporarán como las aguas de los charcos en el calcinante sol del mediodía tropical.

(La foto del inicio es de La Prensa, diario nicaragüense)

martes, 31 de julio de 2018

El ejército cómplice





Alguien me decía hoy que el ejército nicaragüense no intervino en la pasada insurrección pacífica del pueblo. Esa es o una afirmación ingenua o una afirmación cínica, malintencionada. El ejército sí intervino y su papel en la insurrección fue decisivo: inclinó el fiel de la balanza a favor de Ortega y en contra del pueblo. Si a estas alturas Ortega está aún ahí donde está, en completa oposición a la voluntad de todo un pueblo, aún en pie después de la enorme marejada del pueblo alzado, es gracias a la intervención del ejército. Esto debemos tenerlo claro para la próxima, inevitable, definitiva vez en que el pueblo se levante.
Vamos por partes, no me refiero a si miembros del ejército formaron parte o no de los grupos de sicarios enmascarados del régimen o si el ejército proveyó a estos grupos de armas y pertrechos y apoyo logístico. Eso en realidad es secundario, esa es una de las maneras de intervenir. Uno hace cosas por acción o por omisión, uno interviene haciendo o dejando de hacer. Me refiero a que el ejército intervino principalmente por omisión, al negarse a cumplir con su obligación de enfrentar, combatir y desarmar a los grupos paramilitares que como rabiosa jauría Ortega y su familia mandaron a pueblos y ciudades a reconquistar al costo que fuese el territorio recuperado por el pueblo. Esta intervención del ejército fue vital para Ortega. Si estos grupos armados hubiesen sido frenados en su accionar, si Ortega entonces hubiese dispuesto de la policía nada más para enfrentar al pueblo envalentonado y protegido detrás de las barricadas, el dictador habría tenido que irse pues sus fuerzas no habrían podido resistir el embate de la población. El pueblo tenía al dictador al borde del abismo pero la cosa cambió cuando los sicarios orteganos pagados con el dinero del pueblo mismo fueron dejados en libertad de acción y como manadas de hienas se ensañaron en la población desarmada y a punta de sangre y fuego redujeron la resistencia, destruyeron las barricadas y pusieron en huida a los valientes que detrás de ella se resguardaban pues prácticamente desarmados no podían hacer mucho frente a la horda ortegana armada hasta los dientes y sedienta de sangre.
En esto no hay vuelta de hoja, el ejército tenía la obligación de desarmar a los paramilitares y no lo hizo. Eso habría equilibrado la balanza, hubiese puesto en igualdad de condiciones al dictador y su gente frente al pueblo alzado pacíficamente. Si hubiera hecho eso el ejército habría sido neutral.
Alegando neutralidad el ejército se hizo cómplice del dictador en todos sus crímenes cuando en incumplimiento de su deber constitucional de garantizar su exclusividad de grupo armado en el territorio nacional se hizo de la vista gorda, se quedó en los cuarteles y dejó a los sicarios hacer lo que quisieron. Se hizo cómplice del dictador al fallar en su deber constitucional de defender a los nicaragüenses frente a grupos criminales armados. Es cómplice en todas la muertes, en todos los heridos, en todas las desapariciones y en la enorme destrucción de vidas y propiedades de los nicaragüenses. El general Avilés tiene las manos manchadas de sangre, la sangre de los héroes de la resistencia de los cien días.
Si no me cree se lo digo de otra forma, que es parecida pero no es igual: si un hombre viola a una mujer frente a mis ojos y yo miro para otro lado y le dejo hacer, yo soy cómplice de esa violación. Si en lugar de buscar un garrote para darle en la nuca me quedo ahí a la par suya sin hacer nada viéndolo cometer su crimen, soy su cómplice. Yo no puedo alegar neutralidad pues no hacer nada no es lo mismo que ser neutral, pero además, las leyes no mandan al ejército ser neutral, le mandan y demandan estar del lado del pueblo, defenderlo, protegerlo. En el caso del hombre que no defiende a la violada su abogado podría decir que no está obligado por la ley a defenderla, en el caso del ejército su obligación era intervenir activamente, evitar los crímenes de la horda ortegana.
A veces nos enredamos en larguísimas discusiones dizque filosóficas sobre cosas que están más claras que el ojo del piche.
Cuando caiga la dictadura, y no me cabe duda de que más temprano que tarde habrá de caer, una de las primeras cosas que el nuevo gobierno tendrá que hacer será depurar el ejército. El primero en ser separado de su cargo y en responder por su participación en los crímenes cometidos por la dictadura en los cien días heroicos tendrá que ser el general Avilés. No será el único que tendrá que responder, sólo será el primero.



viernes, 27 de julio de 2018

Ido

 

Si hace sólo dos semanas me hubiera preguntado usted qué pensaba yo de Daniel Ortega, el dictador de Nicaragua, le habría yo respondido que en mi opinión, luego de esos tres meses de heroico levantamiento pacífico del pueblo, el pobre diablo este era como uno de esos personajes de cuento que se ha muerto ya y aún no se ha dado cuenta de que el alma ha dejado el cuerpo y continúa con su vida cotidiana, haciendo lo que siempre hacía. Le habría dicho yo que era cuestión de muy poco tiempo para que el cadáver empezara a pudrirse y heder horriblemente, tanto que el ejército de Nicaragua diría entonces ‘ese muerto no lo cargo yo, que lo cargue el que lo mató’ y procedería a dar sepultura al pestilente cadáver. Pensé que los militares harían lo que desde hace tiempo ya es su obligación hacer, del mismo modo que otros socios y amigos le han abandonado ya, Luis Almagro incluido, pues no quieren inmolarse con un cruel dictador decimonónico.

El dictador estaba ido, pensaba yo hace dos semanas pues nunca su precario gobierno estuvo en más vulnerable posición que entonces. Bastaba con que el pueblo se decidiera a darle el golpe decisivo, bastaba con plantarse como las mulas y no moverse más sino hasta que se fuera. Se habría ido seguramente, nadie lo habría salvado pues la complicidad del ejército también tiene sus límites y sus jefes no van a hundirse junto con el caudillo, convertido ya en una caricatura, en una despreciable piltrafa humana. Hubo mucha gente que estuvo clara de todo esto y a gritos pidió paro nacional, pero éste no se produjo pues no todos los actores en este drama responden a los intereses del pueblo, por más que juren hacerlo. Quizás el pueblo mismo no entendió el enorme poderío que en esos días de furia no muy violenta había logrado adquirir, lo que no es tan raro pues como decía mi fallecido amigo el doctor López ‘uno sólo ve aquello que conoce’ y este pueblo sólo en muy contadas ocasiones en su historia ha conocido un poder como el que ahora tiene en sus manos y siendo un pueblo tan joven, son pocos los que lo conocieron y pocos en consecuencia los que pueden verlo. El pueblo no está consciente de su propio poder, intuye que es poderoso pero no sabe cuánto.

Dos semanas más tarde pienso que, aunque de otro modo, el dictador sigue estando ido. Voy a explicarle por qué pienso así, pero para darme a entender tendré que recurrir a las artes mágicas.

Mucho antes de que Hollywood descubriera cuánto dinero puede ganarse con historias de zombis, no importa cuan simples, la bruja Hermelinda Linda, personaje de historietas mexicanas de las décadas 70 y 80 del pasado siglo se dedicaba, a solicitud de su clientela, a traer de nuevo frescos cadáveres al mundo de los vivos, haciendo uso de mágicas pociones y extrañas operaciones. Como los zombis en las películas de Hollywood, los de Hermelinda regresaban a este mundo sin estar ellos realmente vivos. Ya no eran lo mismo que habían sido en vida. Parafraseando al poeta, tenían muerta el alma aunque vivían todavía. Eso es lo que estamos viendo ahora en la figura del dictador, un muerto andante, aferrándose a una vida que ya no tiene, moviéndose por el mundo de los vivos sin estar él mismo vivo. En las historietas de Hermelinda, los cadáveres eran traídos ‘a la vida’ para la conveniencia, usualmente financiera, de sus allegados. Eso es lo que vemos ahora precisamente. Hay un grupúsculo con intereses financieros vinculados de una y mil maneras a los del dictador, que dependen de que éste se mantenga sentado en su inestable silla, no importa si vive o muere, si es él quien está ahí o su cadáver, pero que esté ahí al frente, aunque para ello todo un pueblo deba ser abatido. Sin ser excluyente, diré que de ese grupo forman parte familiares, miembros de su ‘partido’, militares, ‘empresarios’ y otros, que crearon grandes fortunas o las aumentaron enormemente en la comodidad que les brindaba la sombra del dictador. Algunos de ellos se le han separado ya y hasta pueden verse sentados allá entre el grupo de quienes adversan al déspota, repudiando ahora a quien tan útil les fuera, a ese que en público decían despreciar aunque en la intimidad, donde nadie les veía, se le entregaban a cambio de sus favores, a cambio de unas cuantas monedas.

Aquellos pues, quienes a él están atados, han dado vida y mantienen ahí sentado en su silla al maloliente cadáver, haciéndole creer que vive aún, algunos creyéndolo realmente, otros sabiendo que no les queda mucho tiempo para apartarse de él y no caer junto con él, hechos trizas, cuando el pueblo descubra su enorme poder y su fuerza volcánica y regrese, ahora más decidido, a terminar lo empezado pues entonces, de esa estructura que parecía indestructible, inamovible, no quedará piedra sobre piedra.

En la próxima: cómo se baila este trompo en una uña. 

(La ilustración es de Fernando Art, encontrada en https://sosnicaraguareporte.com/galeria )



martes, 11 de junio de 2013

Ese hediondo canal

Como yo no soy político y no ando buscando caerle bien a nadie le diré con todas sus letras algo que entendí después de estudiar por mucho tiempo ese asunto del canal: es irreal pensar que mientras exista el canal de Panamá es posible construir un canal por Nicaragua para competir con el panameño. Esto lo demostré en un documento que poca gente en Nicaragua leyó, que escribí hace casi 13 años, que sigue siendo actual y lo seguirá siendo por mucho tiempo aún. No le voy a explicar en este post mis argumentos, no tengo tiempo para eso ni hace falta hacerlo porque el asunto que ahora nos ocupa no es si se puede o no se puede, el asunto es otro, el asunto es que Ortega está pretendiendo asaltarnos a plena luz del día con el cuento de que construirá un canal.

Vea usted, Ortega no sabe si se puede o no construir un canal por Nicaragua, su inteligencia no le da para entenderlo. Su único interes en este asunto es estafar al país todo con el cuento chino del canal. Con todo este asunto lo que pretende es aumentar su ya enorme fortuna a niveles que escapan a la imaginación de personas de mente sana como usted y como yo. Probablemente es ya más rico de lo que lo fueron los Somoza en su momento pero eso no le basta, quiere llegar a ser por lo menos tan rico como lo fue Chávez, su ídolo y mentor.

Ortega tiene una mente criminal pero muy poca imaginación así que ahora, al igual que lo hiciera en la escuela, está copiando las ideas de otros. Lo que quiere hacer ahora ya lo pensaron otros. Arnoldo Alemán echó a andar un plan similar y si no pudo ponerlo en práctica fue porque Ortega, que tenía el control de la asamblea, no lo dejó salirse con la suya pensando que un día le llegaría a él mismo la oportunidad de ejecutarlo en su propio beneficio. Ahora, después de años de preparación está listo para ponerlo en marcha.

El plan de Ortega es tan sencillo que cuesta creerlo. Mire usted, el canal, reducido a su más simple expresión es una franja de tierra con un canal enmedio que atravesaría el país de este a oeste, de un mar al otro. Es una franja que en su parte con agua tiene que ser suficientemente ancha para permitir el paso de buques de gran calado en ambas direcciones, pero además necesita mucho espacio a ambos lados para albergar la maquinaria y la gente que construirá el canal mismo pero también para después, cuando haya sido construído. El ancho que en la ley de Ortega tendrá esa franja es lo que nos da la más clara idea de cuánta plata se quiere embolsar. La tierra por la que pasará el canal será negociada por el estado con sus dueños. Esa tierra vale desde hace ya algún tiempo un montón de plata y cada día que pasa sube su precio. El precio de cada metro cuadrado del área que el canal ocupará se mide en dólares, muchos dólares y cuándo usted y yo más adelante en este post hagamos el cálculo de cuántos metros cuadrados son los que el canal utilizará nos quedaremos, usted y yo con la boca abierta. Pero antes déjeme hacerle una pregunta: ¿usted sabe de quién es esa tierra por la que pasará el canal? Pienso que lo sabe.

Alemán había comprado su propia franja de tierra por la que pasaría su canal imaginario. Ahora está compartiendo con Ortega esa tierrita. Ortega se ha llevado la parte del león en la sociedad pero de todos modos la parte que le queda a su asociado es bastante considerable. Pero Ortega no se conforma sólo con esa tierrita y ha 'trabajado' por años para hacerse de enormes propiedades a precios irrisorios. Las suyas son miles de hectáreas en una franja que atraviesa el país de mar a mar, de este a oeste.

Digame usted ¿no le parecía raro que habiendo un río, el San Juan, que ya de por sí es un canal, Ortega quiera hacer pasar su canal por tierra firme? Bueno, es que el río no se le puede vender al estado porque ya le pertenece. Mientras más pase el canal por tierra firme más le conviene a Ortega, el dueño de la tierra, no importa si con eso desafía toda lógica y en lugar de seguir el curso de un canal natural se vaya por tierra firme con grandes elevaciones y muchas dificultades.

Hagamos ahora el cálculo del que le hablaba antes. Hagámoslo rapidito. Supongamos, por decir algo, que el canal atraviesa 300 kilómetros de tierra firme al este y al oeste del lago. No es muy alejado de la realidad pensar que el ancho de la franja que el proyecto necesitará para construir el canal acuático y el ferrocarril acompañante debe ser al menos de dos kilómetros. Seamos conservadores y pensemos que la franja sólo tendrá esos dos kilómetros de ancho. Eso nos deja ya un área de proyecto de seiscientos kilómetros cuadrados, esto es sesenta mil hectáreas que medidas en metros cuadrados son 600 millones de metros cuadrados. Suponga usted que Ortega se queda con un dólar de cada metro de estos, eso hace, claro, una suma de 600 millones de dólares. Pero él no se conformará con un dólar por metro y por eso el costo de proyecto se calcula en más de 40 mil millones de dólares. Pero la franja, se lo aseguro a usted, será mucho más ancha que dos kilómetros. Vaya haciendo sus cálculos.

¿Que de dónde saldrá el dinero para pagar esta piñata canalera? Ortega endeududará al país para pagarse su tierrita. Esa deuda se pagará con plata que saldrá del mismo bolsillo que sale la plata con la que estamos pagando la piñata de 1990 cuando los sandinistas dejaron el gobierno: del bolsillo suyo y mío y del de nuestros descendientes porque esta estafa del canal que no se construirá la seguiremos pagando por los próximos cien años y más allá.

Pero el negocio de Ortega no termina ahí pues en esto del “gran canal” Ortega es cura, sacristán y monaguillo. En cada lugar donde se puede sacar un dólar ahí estará Ortega. De esto hablaremos después, quizás.

Nunca le tuve miedo al yanqui ni le tengo miedo al chino. Es de nosotros mismos, los nicas, de quienes tenemos que cuidarnos. Somos nosotros mismos los que nos hemos abierto las venas. Son nicas los que siempre nos jodieron más. Nica fue Somoza. Nica es Ortega.

[El documento del que le hablé al inicio puede bajarlo aquí en formato pdf o leerlo aquí en html]

domingo, 17 de abril de 2011

Sacudirse el yugo ¡ya!


Desde el momento que un presidente se convierte en dictador pierde su legitimidad y el pueblo adquiere el derecho y la obligación de quitárselo de encima de la manera que sea, sin necesidad de esperar a que termine el período para el que fue escogido. La dictadura ─eso lo sabemos por dolorosa experiencia─ hay que arrancársela antes de que siga haciendo más daño, como una muela podrida, una uña encarnada o un tumor canceroso. Ortega empezó a convertirse en dictador apenas iniciado el período para el que fue elegido y se terminó de “graduar” como tal en algún momento del año 2008, cuando se vio claramente que hacía uso del poder de forma arbitraria, sin respetar o reconocer límites a su poder y actuando sin consenso con los gobernados, que son a fin de cuentas las tres cosas que en esencia definen a una dictadura y no, como se nos ha empujado a pensar la abierta represión y los muertos, pues eso viene más tarde.

Son ilusos aquellos que piensan que Daniel Ortega dejará el poder después de las próximas elecciones en las que él mismo será juez, parte y votante. El gobierno que surja después de realizadas estas elecciones será el que Daniel Ortega decida y punto. Será además ilegítimo, pues será el producto de una cadena de delitos contra la constitución y porque serán dirigidas por un poder electoral ilegítimo y parcial, que no tomará en cuenta la voluntad de los votantes y declarará ganador a quien Ortega le ordene, como lo hiciera ya en las pasadas elecciones municipales. Las próximas elecciones no deben realizarse si están siendo organizadas y dirigidas por este Consejo Supremo Electoral y si en ellas participan Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, ambos en abierta violación a la constitución y las leyes de la república. Aquellos que acepten acudir a una elección en estas condiciones y con esos ilícitos candidatos serán cómplices del grave delito que este dúo criminal pretende ahora realizar de nuevo. En las elecciones que vienen el gran elector ─el único elector─ será Daniel Ortega. Lo que el pueblo vote le tiene sin cuidado.

Para aquellos que están pensando que podrán librarse del dictador Ortega después de unas elecciones en las que él participe como candidato tengo dos palabras nada más: despierten, ilusos. El momento de bajarse a Ortega es ahora, antes de las elecciones. Una vez que la primera papeleta con el nombre de Ortega en ella sea depositada en una urna electoral será demasiado tarde y costará muchísima sangre, dolor y sufrimiento regresar a Nicaragua al camino de la democracia. Tendremos, otra vez, que rescatar a la república con la sangre de sus mejores hijos, tendremos que lavar la mancillada bandera con nuestras propias lágrimas.

Es lamentable que en Nicaragua buena parte de la clase política esté coludida con Daniel Ortega, que los políticos no se paren firmes en contra de éste, al lado del pueblo que dicen representar y que ya ha dicho de muchas maneras que no quiere dictadura. Es doloroso que ya no quede dignidad entre los políticos, que no tengan valor y que en su lugar sea un pequeño grupo de jóvenes inexpertos quien tenga que salir al frente a dar la cara por todos nosotros exigiendo lo que tenemos que exigir todos, empezando por nuestros representantes: que Ortega y Alemán no sean candidatos a presidente porque están impedidos de serlo por la ley y por la moral y que el organismo electoral sea saneado.

¿Qué esperan señores políticos “opositores” para exigir a como dé lugar el respeto a la ley, para frenar el paso a la dictadura exigiendo unas elecciones organizadas por otro CSE y sin Ortega ni Alemán como candidatos? Ya estuvieran. Mañana será demasiado tarde. Y ustedes, los viejos amigos de Ortega, aquellos que ayudaron a crear al monstruo y luego nos lo dejaron ahí para que nosotros viéramos que hacíamos con él, deberían también ocuparse en reparar el error, no es cuestión de decir ahora “adiós muchachos” o “yo ya estoy retirado, ahora le toca a los jóvenes”, nada de eso, ustedes tienen ahí una responsabilidad. No hacer nada es complicidad. Manos a la obra, todos, a bajarnos otra vez una dictadura.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Detener a Ortega


Las cosas que se ven. Ahora resulta que Daniel Ortega, el dictador, es casi un prócer. Casi todo el mundo en Nicaragua aprueba su desempeño frente al “conflicto” con Costa Rica. Nadie, o casi nadie, parece darse cuenta, o no lo admite, que fue el mismo Ortega quien creó el problema en que ahora estamos metidos. Hemos caído en su juego y estamos bailando al son que nos toca mientras él ríe satisfecho. Déjeme decirle algunas cosas que usted seguramente sabe ya o debería saber.

1. A Ortega no le interesa el Río San Juan en sí, sino en cuanto sirve a sus propios oscuros intereses. Si le interesara el río no estaría empujando el proyecto hidroeléctrico Brito, que ahora ha fingido detener y que piensa poner en marcha a partir del 2012, cuando haya “ganado” las elecciones del próximo año. Ese proyecto terminará con el río, punto. Lo convertirá en un cauce seco. Dragar el río ahora no tiene ningún sentido práctico si luego desaparecerá.

2. A Ortega no le interesa dragar el río, sino fingir que lo hace. Si le interesara hubiera contratado una empresa especializada en esos asuntos que hubiera utilizado dragas de verdad e ingenieros de verdad y no una draga de mentira al mando de un aventurero provocador y megalómano. Por si usted no lo sabe se lo digo: eso que ahora está en el río no es una draga. Le mostré su foto a un ingeniero especializado en eso y se rió en mi cara. Con ese aparato, si funcionara, se necesitarían más de veinte años para dragar los 140 kilómetros que tiene el río desde El Castillo hasta su desembocadura. Esa “draga” no draga. Quizás serviría para limpiar los cauces de Managua, pero no más que eso, no para limpiar un río como el San Juan. Es que dragar el río nunca fue la intención de Ortega. Le interesaba fingirlo del modo más barato posible.

3. A Ortega lo que le interesa es el conflicto, para utilizarlo en su favor. Por eso envió a Pastora a provocarlo. Éste se fue directo con su juguetito y un puñado de soldados a meterse en un área donde para el dragado no tenía ningún sentido entrar y que desde hace más de un siglo Nicaragua misma ha reconocido como perteneciente a Costa Rica. Pastora podría haber empezado a dragar por lugares donde hubiese sido útil hacerlo, pero en lugar de eso se metió ruidosamente, a pleno día, con la palabra “soberanía” pintada en grandes letras en su aparatito en un territorio que no estaba en conflicto. No sé si usted sabrá que pasaron semanas antes de que la prensa costarricense se diera cuenta de la presencia de Pastora en ese lugar. La fuente de los medios costarricenses que dieron la noticia fue Pastora mismo, quien mandó a informarles de su presencia, aburrido porque nadie le prestaba atención y aguijoneado por las llamadas constantes de Ortega a su teléfono satelital exigiéndole resultados.

Al paso que vamos esto terminará muy mal. Es hora para los nicaragüense de detener esta torpeza que podría tener consecuencias indeseables para todos. Es hora de que regresemos a la cordura y veamos las cosas como realmente son. Hay que perder el temor y llamar las cosas por su nombre. No somos matamamas porque no nos dejamos arrastrar en el juego de un dictador ni envolver en la alucinada retórica de su bufón, que trabaja bajo el sueño de la vicepresidencia en el próximo gobierno. Es hora de bajarse de ese tren en que nos hemos subido todos y que no conduce a nada bueno. Es hora de llamar al orden a Ortega, exigirle que cese en su provocación y que si es tan patriota como quiere ahora aparentar ser, que deje de utilizar este asunto para hacer puntos políticos y deje el dragado del río para que lo haga el próximo presidente, de manera civilizada, como debe ser. O que demuestre que en realidad quiere dragar el río y abra a licitación internacional las labores de dragado para que en realidad se lleven a cabo. Los fondos venezolanos serían suficientes para eso.

No, Ortega no es ningún prócer, es sólo un oportunista, un irresponsable a quien no le importa lo que ocurra con Nicaragua y con su gente con tal de continuar en el poder. En un país civilizado, por estos actos suyos, Ortega habría sido destituido y estaría siendo enjuiciado, en lugar de eso se le celebra. Lo que en este conflicto ha pasado hasta ahora es responsabilidad de Ortega, lo que venga después, si no lo detenemos ahora, será responsabilidad de todos.

martes, 24 de noviembre de 2009

El sí de las bellas


Las mujeres bellas me han fascinado siempre, desde pequeñito, y allá, en los primeros años de la adolescencia, me atreví incluso a enamorarlas. Para entonces tenía un primo que observaba mis inútiles esfuerzos con las bellas y me bajaba de vez en cuando a la realidad con una lógica que no admitía reparos. Un día que estábamos sentados en una banca del parque Carazo, allá en Rivas, vimos pasar a la más linda de todas las jovencitas del pueblo, que amable como era nos saludó al pasar. Le conté a mi primo que estaba enamorado de ella y hasta le mostré los poemas que le había escrito y le había estado haciendo llegar secretamente, como hacían los héroes de las novelas francesas y rusas que entonces empezaba yo a leer. Mi primo, que no sabía de sutilezas me lanzó una pregunta que jamás olvidé.

-¿Qué vas a hacer si esa niña, de pura casualidad o pura suerte te para bola? -me dijo y yo habré puesto una cara de idiota porque él siguió martillándome el cerebro con sus preguntas.

-¿Si te pronto ella te dijera que sí, qué vas a hacer entonces? ¿lo has pensado? Suponiendo que te prefiera a vos, todo flaquito, hecho mierda y palmado y no a sus enamorados ricos y guapos y te diga que sí ¿cuál será entonces tu siguiente paso? Pensalo, pensalo bien primito -me dijo y desde entonces la pienso dos veces antes de flirtear con las bellas o lanzarme a empresas audaces, porque ¿y si tengo éxito? ¿seré capaz de hacer frente a lo que se me vendrá encima?

Le cuento esto porque quiero ahora hacer con usted un pequeño ejercicio. Usualmente repudio los ejercicios intelectuales del tipo “qué hubiera pasado si...” por considerarlos inútiles, pues las cosas que ocurrieron ya ocurrieron y no es ni era posible hacerlas ocurrir de otro modo, pero en este caso voy a hacer una excepción pues no encuentro otra manera de decir lo que quiero decir. Supongamos pues que la marcha del día 21 recién pasado hubiera tenido el más grande de los éxitos. Soñemos que el pueblo todo, harto de la dictadura sale a la calle y allá se queda hasta que el dictador, sin apoyo de nadie, se ve forzado a renunciar y se va para Venezuela, con su esperpento y su prole, como el caimán que se fue para Barranquilla. Sigamos suponiendo y supongamos que las organizaciones de la sociedad civil, los partidos políticos y todo quien pueda tener vela en este entierro logran ponerse de acuerdo y se organiza una junta de gobierno y un gabinete de reconstrucción nacional, encargado de conducir el país hasta el momento en que se celebrarían unas nuevas elecciones.

Claro que las cosas mejorarían, como mejoraron en julio del 79, en el momento en que se fue Somoza y como mejoraron el 25 de febrero, la primera vez que el pueblo le dijo no a Ortega en unas elecciones libres. Después de Somoza cualquier cosa, decíamos en el 79 y fue cierto por algún tiempo. Después de Ortega también era mejor cualquier cosa y lo fue también por un muy corto tiempito. En ambos casos, en 1979 y en 1990 fuimos incapaces de construir la democracia, de construir un país que sea mejor que una dictadura de derecha o una dictadura de unos cuantos en nombre de un invisible e inexistente proletariado. Fuimos incapaces de escapar a la maldición que parece acompañarnos y condenarnos a viajar permanentemente en círculos para volver cada cierto tiempo al mismo punto de partida, cada vez más pobres, cada vez más tristes, cada vez más hastiados de este descenso permanente. Tenemos un país en el que nos hemos venido cagando los unos y los otros, nosotros y no otros, hasta convertirlo en el paisito que ahora es. La nación jamás hemos podido construirla, por más que lo juremos y lo perjuremos y a casi dos siglos de independencia seguimos siendo los mismos que políticamente éramos entonces. Nuestros timbucos y calandracas han viajado en el tiempo sin que el tiempo les transforme.

Pero este es un post alegre, con el que pretendo animarle a usted, así que regresemos al punto que nos ocupa. Hasta ahora hemos dejado en manos de los políticos la construcción de nuestra sociedad y ellos, ya lo hemos visto repetidamente en estos doscientos años transcurridos desde que España nos heredara este país, han fracasado estrepitosamente. Nuestros políticos no pueden ni quieren construir un país democrático porque en una democracia real y no falsificada como la nuestra, el tipo de político que tenemos no sobreviviría ni un solo día. Nuestros pequeños hombres políticos, nuestros gallitos de pelea, nuestros machitos y machines no tienen cabida en una sociedad democrática. Por ello, Ortega y Alemán, conscientes de su pequeña estatura, acomplejados, pero además malvados y enormemente ambiciosos de riquezas para llenar con ellas sus enormes vacíos, construyeron este esperpento de organización de la sociedad que ahora tenemos, tan alejado de un sistema democrático como la tierra lo está del sol.

Así que, piense: ¿qué haremos cuando el país nos diga que sí? ¿qué haremos cuando Ortega y Alemán desaparezcan del panorama, pateados por la pata rajada del pueblo? ¿qué sociedad habremos de construir? ¿cómo serán nuestras instituciones? Es necesario que vayamos pensando en estas cosas y vayamos actuando desde ya en consecuencia porque el sí de esta bella lo escucharemos dentro de muy poco tiempo, ya lo verá usted y hay que estar preparados. Para entonces debemos saber bien qué cosas vamos a hacer para que esta vez no regresemos como siempre al fondo del barril. Esta vez debemos involucrarnos todos, esta tarea es demasiado seria para dejársela a nuestros incapaces políticos. En mis próximos posts continuaré hablando con usted de estas cosas.

La foto pertenece a Jorge Mejía y se usa acá bajo la licencia Creative Commons 2.0. Para otras fotos del mismo autor sobre la marcha del dia 21/11 le recomiendo visitar la galería que el autor ha creado en flickr

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Bastará un empujón


Es la noche del martes 17 cuando esto escribo, madrugada del miércoles 18. No he podido dormir pensando en el paisito y me he levantado de la cama a ocuparme de lleno en estos pensamientos, aceptando que esta noche la preocupación no me dejará dormir. A casi diez mil kilómetros de distancia y diez años de haber salido del pequeño país nuestro, las cosas que allá ocurren me siguen doliendo, como si sólo estuviera a la vuelta de la esquina y como si apenas hubiese salido ayer. Hasta ahora no he dicho nada sobre lo que por allá está pasando en estos días porque lo que podría decir es que hay que ir hasta el fondo y siento que estando acá lejos, en la seguridad que me brinda la distancia, no es correcto pedir a otros que hagan cosas que uno no hará, por las razones que sean. El año pasado para estas mismas fechas estuvimos en la misma situación y entonces sí podía yo hacer un llamado a la acción pues en aquel momento estaba yo mismo en el ojo de la tormenta, haciendo lo que pedía a otros hacer. Desde este mismo blog le llamaba a usted a rebelarse contra el fraude.

Si yo estuviera en Nicaragua yo iría a la marcha del sábado 21 así como fui a la marcha que el año pasado frustraron las fuerzas armadas antidemocráticas del orteguismo. Yo creo en lo personal -y ya le explicaré esto más adelante- que hay otras formas de lucha más eficientes que esta marcha, pero ya que se ha convocado hay que acudir a ella, hay que hacerla bien y quién sabe, quizá estoy equivocado y esta marcha es en este momento lo mejor que se puede hacer. Sueño con que esta marcha baste para bajarse al dictador.

Es terrible que en pleno siglo veintiuno haya un tirano dispuesto a mutilar y a matar a su pueblo para evitar que se manifieste, porque tiene miedo que de ese modo se empiece a frustrar su deseo de continuar en el poder para seguir enriqueciéndose él y su familia. Pobre hombre, la codicia le ciega y para conservar y seguir haciendo sus millones de dólares no le importa matar a su pueblo de hambre, a pedradas y a morterazos. Me pregunto que dirían su padre, que lucho toda su vida contra la dictadura y su hermano Camilo, que luchó hasta la muerte contra el último de los Somoza. Seguro que se estarán dando vueltas en sus tumbas.

Hace un año decía yo que esta dictadura es frágil y que se encontraba en alitas de cucaracha: a punta de caer, quería decir. Un año más tarde la dictadura está más débil que nunca y bastará un empujón de una buena parte del pueblo para terminar de derrumbarla. Un empujón firme y decidido.

Ortega es un cobarde. No otra cosa puede ser alguien que protegido por las sombras de la noche y abrigado en el poder es capaz de entrar a la habitación de su hija de once años para agredirla sexualmente. No, no me diga usted que yo estoy mezclando las cosas. No soy yo quien las mezcló sino Ortega y su mujer, su cómplice, capaz de vender a su propia hija por las trece monedas del poder. Porque es un cobarde y tiene pánico el dictador ha llevado las cosas hasta este punto, arrinconando al pueblo de tal modo que ya no le ha dejado más salida que la rebelión pues hasta los animales más inofensivos, al encontrarse acorralados se rebelan y se enfrentan con uñas y dientes a quien les acorrala. Ortega intenta ahora con el pueblo el mismo truco que empleara para someter a su pequeña hija, inmovilizándola a través del terror. La única diferencia es que este pueblo es otra cosa que una niña de once años.

Déjeme hablarle un poco más de la debilidad de la dictadura. Déjeme decirle una cosa que no creo que alguien le haya dicho aún: no me cabe la menor duda que en circunstancias similares el ejército de Nicaragua actuaría de la misma manera que lo hizo el ejército hondureño en el caso de Zelaya. Los altos mandos del ejército nicaragüense desprecian a Ortega, muchos de ellos le odian incluso porque ha destruido y pervertido una institución, el FSLN, por la que ellos lucharon con las armas en la mano y construyeron con su sangre y su sudor desde la época de la dictadura de Somoza. Los mandos del ejército toleran a Ortega del mismo modo que toleraron antes a Chamorro, Alemán y Bolaños. Los toleran porque es lo que el pueblo nicaragüense escogió para gobernarle. Hasta ahora el pueblo de Nicaragua hizo la escogencia por medio de elecciones, pero una rebelión popular es también una manera de escoger y los mandos militares aceptarán esta escogencia. Puestos a decidir entre ser leales a Ortega o ser leales al pueblo, el ejército se inclinará hacia el pueblo. A diferencia del último de los Somoza, Ortega no tiene ejército.

El ejército, junto con la policía son las dos instituciones que aún no han caído bajo el control de Ortega. Son las únicas instituciones independientes que quedan aún y si en el ejército los mandos desprecian a Ortega, en la policía una buena parte de los mandos lo aborrecen por las mismas razones que los militares, pero además porque Ortega ha tratado a la policía como se trata al trapito de agarrar la olla. Si hasta ahora la policía ha actuado como ha actuado ha sido porque la balanza hasta ahora se ha inclinado hacia Ortega, en el momento que la balanza se incline hacia el pueblo, la policía acompañará al pueblo.

No es tarea de la policía ni del ejército bajarse al dictador. Esa es la tarea del pueblo, a la hora que el pueblo decida que ha llegado el momento de despacharlo y las organizaciones de la sociedad civil y los partidos políticos se pongan de acuerdo en una manera de gobernar y de volver a la institucionalidad, el ejército y la policía estarán del lado del pueblo y apoyarán al nuevo gobierno. Esto por supuesto, no se lo puede decir a usted así de claro el jefe del ejército ni la jefa de la policía, pero su actuación lo ha venido diciendo hasta ahora.

Hay que estar claros que de lo que se trata ahora no es de combatir la reelección: la lucha se ha convertido ya en lucha de liberación. Ahora se trata de sacar al dictador y organizar un gobierno de unidad nacional del que deberán estar excluidas las familias Ortega y Alemán y los miembros principales de los partidos FSLN y PLC. Cuando Ortega traspasó los límites que la constitución y las leyes claramente le demarcan, se convirtió en un proscrito y perdió el derecho de ocupar el cargo para el que fue electo. El gobierno de Ortega es ilegítimo. Es hora ya de empezar a conformar ese gobierno de unidad nacional y de empezar a pensar cómo nos organizaremos ahora que haya caído el dictador. No, no estoy yendo demasiado lejos, ya verá usted que el tiempo me dará la razón.

La del sábado no será una jornada fácil, no será un paseíto pero mientras más gente acuda o intente acudir menos difícil será. Ni modo, es terrible, es doloroso, que tenga la población que marchar exponiéndose a la furia de los grupos criminales del dictador, pero habrá que hacer este esfuerzo si queremos tener país. El dictador no nos deja más salida que enfrentarlo de este modo. Espero que una sombra protectora cubra a los marchistas y ciegue y confunda a sus agresores.