domingo, 9 de noviembre de 2008

Dedo poderoso, dedo altivo


El día de hoy en Nicaragua, cada vez que se encuentre usted con alguien conocido y a veces hasta con gente que nunca antes ha visto, le mostrarán el dedo y hasta le sonreirán. Hoy, en un acto que no será obsceno ni agresivo (bueno, no siempre) le mostrarán a usted el dedo pulgar o dedo gordo, el dedo orgulloso, dedo bandido, el día de hoy manchado con un color oscuro, señal de que el orgulloso dueño o dueña de ese dedo ha hecho uso de su derecho ciudadano de votar y ha cumplido con su deber de dejar oir su voz en las elecciones municipales. La tinta, que no es tinta sino un reactivo, una sustancia que provoca que la piel se ponga oscura, dejará una marca que se quedará en el dedo por varios días. La práctica de marcar el dedo de cada votante para asegurarse que cada persona emita nada más que un voto, ha desaparecido o no existió nunca en naciones civilizadas y sólo sobrevive en naciones como la nuestra en la que varios de los grupos -no me atrevo a llamarlos partidos- que se disputan el poder no tendrían mucho reparo en hacer votar a sus miembros todas las veces que fueran necesarias para alzarse con el poder, que es a fin de cuentas lo único que a la mayoría de estos candidatos le interesa: el poder por el poder nada más.

Como sea, muestre usted también el día de hoy su dedo marcado, hoy hay que votar, ya mañana veremos.

Hoy los ciudadanos de este país de sueño, usualmente desprovistos de todo poder se sienten más poderosos que nunca y con razón: hoy pueden tomar grandes decisiones que marcarán sus vidas en los años que vienen. Ahora habrá que ver si los jefes de las dos pandillas en que el FSLN y el PLC se han convertido se atreverán a robarle la voluntad a la gente y veremos si la gente aceptará que le roben su elección.

Hoy le mostraré mi dedo a todo el mundo, señalando contento y orgulloso hacia arriba, señal que estoy pensando positivamente y que he dado mi voto por la democracia, mañana, si sé que se han robado la elección, mi dedo furioso señalará hacia abajo, indicando el destino del aprendiz de dictador y su gordo comparsa. Ojalá que mañana no sea mi dedo el único dedo que señale hacia abajo y que una multitud inmensa de dedos oscurecidos le muestre a los malvados su destino: abajo la dictadura.

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