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jueves, 27 de noviembre de 2008

Por qué elevo mi voz


Quizás no le he contado yo a usted por qué escribo este blog, por qué elevo mi voz en contra de la dictadura de Daniel Ortega. Quizás se lo he contado en parte nada más, quizás no se lo he contado bien. Hoy quiero contarle a usted, a grandes rasgos, cuáles son las razones que me mueven, para que usted las sepa y no se imagine otra cosa. Me interesa que lo sepa de mi pluma, para que sabiéndolo me siga leyendo, o deje de leerme. Quiero que si no está de acuerdo con lo que digo discuta usted mis razones, que me contradiga, que me haga ver que estoy equivocado y usted sólo podrá contradecirme si sabe cómo pienso, por eso se lo digo. Pero en realidad lo que voy buscando es otra cosa, lo que busco es que esta pequeña gota de agua que es mi blog se junte con otras muchas gotas de agua y formen un torrente gigantesco que arrastre esta frágil dictadura que este hombrecito y su mujerzuela nos están instalando en el querido país de nuestros sueños.

Voy a contarle pues a usted de mis razones, pero esto no es algo que pueda ser tratado en un único post así que se lo iré contando de ahora en adelante, en posts desperdigados por aquí y por allá, pues no puedo hacerlo ahora de otra manera.

Si estoy contra la dictadura de Ortega no es únicamente porque soy demócrata y una dictadura me es en sí misma inaceptable, es también porque me preocupa profundamente el rumbo de destrucción por el que Ortega quiere llevar a nuestra sociedad y quiero evitar que se salga con la suya, por usted, por mí, por sus hijos y los míos. Como lo he dicho ya en más de una ocasión, al paso que vamos pronto no habrá país para nadie. Sí, yo sé que eso suena demasiado fuerte, demasiado alarmista, demasiado increíble, pero tengo que decírselo porque es hacia allá adonde el rumbo de mis pensamientos me lleva: si dejamos que la dictadura siga el destructivo derrotero que se ha marcado, un día va a acabar con todo, va a descomponer esta sociedad tan profundamente que la convertirá en una cosa indefinible, horrible, que ya no reconoceremos como este paisito que tanto hemos querido y que ahora mismo tenemos dificultad en reconocer. Si usted cree que eso no pasa ni pasará, que es imposible, que un país no deja de serlo para convertirse en otra cosa, despierte usted y mire a nuestro país en el espejo de Somalia, un país africano, lindo como el nuestro, con gente buena como la nuestra, que vivió un proceso igualmente auto-destructivo hasta que dejó de ser un estado y se convirtió en un territorio gobernado por bandas de hombres armados en el que cada banda controla un pedazo del territorio y mantiene bajo sus botas a la población de ese territorio, que sufre cada día los desmanes de los bandoleros. Así como vamos a nuestro país le ocurrirá lo mismo que a Somalia.

Fíjese usted que he dicho que me preocupa la sociedad y hasta ahora no he dicho que me preocupa la política, porque tengo la mirada puesta en una escala mayor, estoy mirando hacia el futuro, mirando al país, al entorno en que nos encontramos en este preciso y decisivo momento de la historia. En ese gran panorama de las cosas, la política de los “políticos” de hoy es una cosa muy pequeña, insignificante, casi invisible. Las miserias, los pleitecitos de nuestros animalitos políticos, por más que parezcan gran cosa sólo son eso: pequeñas miserias. Pero miseria y todo aunque no nos guste hay que ocuparse ahora de la política, como se ocupa uno de quitarse de encima una pequeña garrapata porque es muy molesta y no nos deja dormir y porque si la dejamos crecer, engordar y multiplicarse, al final nos enfermará y acabará con nosotros. Aunque no nos guste, si queremos alguna vez ser capaces de enderezar el rumbo de aniquilamiento que el país lleva, tenemos que ocuparnos de la política todos sin excepción, usted, yo, todos y todas, ahora mismo porque el tiempo apremia. Lo primero que debemos hacer es bajarnos esta dictadura y regresar a los más civilizados modos de entendernos y gobernarnos que habíamos empezado a utilizar.

Es que si queremos sobrevivir como país hoy no queda otro camino que librarse de esta dictadura. No sé si usted se ha fijado que desde que Ortega empezó su mandato, en lugar de marchar hacia adelante, como todo el mundo lo hace, hemos empezado a caminar hacia atrás, como el cangrejo. Vamos por el rumbo contrario al que llevan los países que quieren hacer avanzar a su gente, progresar. Todos nos irán dejando cada vez más atrás y sólo provocaremos más lástima de la que ya provocamos en el mundo. En los años ochenta Costa Rica nos sobrepasó y nos dejó muy atrás, porque nosotros estábamos empeñados en hacer la guerra en lugar de ocuparnos de hacer producir esa riquísima tierra en la que nos encontramos asentados por gracia de Dios. Nos sobrepasó Honduras, se nos fue mucho más lejos El Salvador, y hasta Belice, que es mucho más pequeño que nosotros, cuyo territorio no tiene las bendiciones del nuestro, tiene una economía más sólida que la nuestra. Todo el mundo en Centroamérica vive mejor que nosotros, su gente come y se viste, sus niños no se mueren de hambre ni sufren como los nuestros, ellos comen mientras nuestros niños se disputan la comida con los zopilotes en los basureros. Nosotros estamos en la cola del mundo, somos los últimos de América, al mismo nivel de Haití, tan miserables como ese país, un paisito tan pequeñito que alcanzaría varias veces en nuestro territorio, cuyos suelos no producen nada, que no tiene industria y que hace años se debate en el marasmo de la política.

Pero es que si vamos caminando hacia atrás, como el cangrejo, es porque no puede ser de otra manera, porque las fuerzas que se han apoderado del país y están tratando de llevarlo por donde ellos lo desean, son fuerzas sumamente negativas, fuerzas auto-destructivas que debemos derrotar. Estas fuerzas son lo peor de nosotros mismos, nuestros bajos instintos sueltos por ahí, como perros rabiosos.

Sin pretender ser exhaustivo voy a anotar para usted algunas características de Daniel Ortega y el grupito de gente que le sigue a pies juntillas, sin mascullar palabra, sin contradecirle jamás, obedientes como perros, ocupados únicamente en mamar la teta que cada cual ha tomado, sin preocuparse de los demás. Estas fuerzas que ahora se nos quieren imponer, son totalitarias, anti-democráticas, no tienen una ideología, buscan nada más que el poder por el poder, lo quieren para siempre y puesto que no tienen ningún escrúpulo, utilizarán cualquier método por vil y mezquino que éste sea para lograr sus objetivos de absoluta dominación.

[Este post se ha hecho ya demasiado largo así que en los posts que de ahora en adelante iré escribiendo, iré extendiéndome sobre cada una de esas características que he delineado para usted en este post y sobre otras de las que ya le iré hablando en su momento]

viernes, 21 de noviembre de 2008

La dictadura quiere más victorias


He empezado a escribir este post mientras escuchaba el discurso que Daniel Ortega dirigía a un numeroso grupo de sus partidarios y de empleados públicos traídos desde todo el país para celebrar en Managua la “victoria sandinista”, eso que usted y yo y casi todo el mundo sabe que ha sido el producto de un gigantesco fraude electoral. No es casual que su celebración la están haciendo en el mismo lugar en que las fuerzas de choque del orteguismo impidieron el martes una marcha de la oposición. En un derroche de machismo el dictador hace una demostración de que en este país se hace lo que él quiere y nada más, de que quién manda en este país es él y no otro. ¿Recuerdan ustedes que los somocistas llamaban a su jefe “coyoles”? He oído que en los círculos más cercanos al dictador, sus lamebotas empiezan a llamarle del mismo o parecido modo que los suyos llamaban a aquel.

Un poco más temprano había visto por la televisión, en vivo y directo, a Rosario Murillo dirigiendo un discurso simplista y descolorido a un público cautivo pero no cautivado por su monótona voz. Hablaba en un tono tal como si alguien la hubiera escogido a ella para algo, como si el poder fuese de ella.

Si yo no hubiese estado aquí todos estos días, viendo todas esas cosas que han estado ocurriendo en el país y que he venido contándoles a ustedes, quizás me hubiese tragado el cuento que los orteguistas contaron en este acto. Quizás hubiese creído que ese mundo que nos presentaron era el mundo real y no el mundo que se mueve en la cabeza de los dos líderes de esta revolución de miedo. Igual que hicieron con los votos, en sus discursos de esta noche le han dado la vuelta a los hechos y los presentan exactamente del modo contrario a aquel en que ocurrieron. En el imaginario orteguista lo blanco se hace negro y lo negro se hace blanco. El malvado se convierte en héroe y las buenas personas en malvadas. El accionar de la maquinaria de comunicación de la Murillo es tan simple y predecible que la gente sabe ya que cuando los medios orteguistas cuentan algo, basta con darle al cuento una vuelta de 180 grados para saber qué fue en realidad lo que ocurrió. Es como si escribieran de atrás para adelante y para entender lo que se escribe tuviera usted que leer las cosas que escriben poniéndolas frente a un espejo.

Pero no es eso lo más importante de lo dicho esta noche por los jefes del orteguismo. En su discurso, la dictadura bicéfala ha delineado con claridad su esquemática y maniqueísta visión del mundo y de la sociedad nicaragüense y ha dejado ver sus planes para los años que se nos vienen encima: más y más de lo mismo, más y más orteguismo. En los próximos años vendrán cada vez más victorias y en cada municipio, las políticas del gobierno orteguista se impulsarán con más fuerza al contar ahora con gobiernos locales del mismo color partidario. Los orteguistas vienen a copar todos los espacios de poder con su gente, con sus políticas, con su visión del mundo. Todo para el pueblo, nada para los burgueses incluidos usted y yo. Todo será orteguista o no será. Todo será de acuerdo a las maneras en que las dos cabezas del gobierno lo piensan o alucinan. Aquí no habrá ningún poder para nadie más que ellos y los suyos, “este poder es del pueblo”, repiten por lo bajo, “este poder es sandinista”. Vienen a apoderarse del país todo, a controlarlo todo, a reinar sobre todo usando cualquier medio. Ellos no son democráticos y la diversidad de opiniones les produce alergia. Son exclusivistas y las cosas serán todas de ellos y los suyos. Sus ideas y ninguna otra habrán de dominarlo todo.

Déjeme que le cuente un poco de cómo vendrán las cosas. Mi intención es alarmarle, por supuesto, quizás así reacciona usted, quizás así despierta usted y empieza a pensar cómo vamos a hacerle para frenarlos y revertir el proceso que ha empezado ya. Mire usted: aquí no habrá nada para nadie que no sean ellos y aquellos que se les sometan y acepten sus migajas. Sus programas de construcción de calles y de viviendas serán efectuados por sus propias empresas de la construcción. Las compras de medicinas para el sistema de salud serán hechas a empresas farmacéuticas de funcionarios del régimen. Los servicios para el estado se contratarán con empresas de servicio que ya se encargarán de montar los mismos funcionarios del gobierno que contratarán los mismos servicios. Las medicinas para los cerdos y las gallinas del programa hambre cero se las venderá a usted una empresa veterinaria que ellos montarán. Con el tiempo, las empresas que no sean de los allegados al régimen irán paulatinamente desapareciendo, víctimas de la competencia desleal de las nuevas empresas de miembros del partido que se beneficiarán del favor del régimen. Muchas empresas irán a la quiebra, muchas familias se empobrecerán. La economía al fin colapsará y de nuevo vendrá el racionamiento.

Como una mancha de aceite el orteguismo avanzará sobre cada espacio y cada rincón de la sociedad, poseyéndolo y contaminándolo todo. La poesía será simple, usará las figuras poéticas que gustan a la primera dama y será hecha usando un vocabulario muy reducido, para que hasta los más simples entre los simples puedan entenderla. La novela desaparecerá por elitista y complicada. La danza será popular. El trato de la gente de nuestro pueblo, confundida y envalentonada será vulgar y agresivo. El tono claro de la piel, del cabello y de los ojos será mal visto y tratado con hostilidad.

Sólo el pueblo salva al pueblo. El pueblo son ellos y lo que ellos entienden como pueblo. Cuando no pensemos como ellos, cuando no hagamos lo que ellos digan ya no seremos pueblo, seremos enemigos del pueblo.

Ya le seguiré contando, mientras tanto vaya y hable con las personas más viejas sobre los años del gobierno sandinista, de los que los orteguistas de ahora son los más nefastos representantes. Vaya y busque los periódicos viejos y verá como le cuentan lo que hoy estamos viviendo y lo que vendrá después.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Rebelión, o nos jodimos


El 19 de octubre en el post "Cracking the code" un bloguero amigo escribía, entre otras cosas, lo siguiente:

¨Estoy convencido que en las próximas elecciones habrá fraude y que el momento crítico para desmontar el pacto habrá de empezar el segundo después de anunciado el resultado electoral. Si aceptamos el fraudulento resultado de las elecciones sin protestar, por miedo a que nos garroteen los elementos paramilitares al servicio de Daniel Ortega, tendremos entonces dictadura para rato y en lugar de este temor que ahora nos invade, en los años siguientes estaremos aterrorizados, inmóviles, como el pajarito frente al ojo de la serpiente. Por capearnos hoy un garrotazo estaremos condenando a nuestra descendencia a una vida en el oscurantismo, en el terror."

No encuentro hoy mejores palabras para describir el crítico momento en el que estamos. En estas elecciones ocurrió lo que ocurre con el juego de la bolita, que con tanta frecuencia se mira en los mercados, en el que un tramposo se aprovecha de la ingenuidad de las personas humildes que andan haciendo sus compras y les roba su dinerito. En este juego, el tramposo esconde una pelotita debajo de una de tres tapas de refresco que va moviendo ante los ojos del incauto, quien apuesta con el tramposo a adivinar el lugar donde la puso. El humilde apostador siempre pierde, el tramposo siempre gana. Sólo el tramposo sabe cómo fue que hizo el robo y aunque el incauto sabe que le robaron no sabe exactamente cómo fue. Así ocurrió aquí, estas elecciones se las robaron Daniel Ortega y su pandilla, en la que se incluyen gente que se cobija bajo las siglas de diferentes grupos que se hacen llamar partidos políticos. Se las robaron de diferentes maneras, pero no fueron tan hábiles como los tramposos de la pelotita, en este caso se comieron la gallina pero no tuvieron tiempo de esconder las plumas, pensando que este pueblo sumiso les dejará salirse con la suya. Esta vez no los dejaremos salirse con la suya.

¿Qué haremos? Creo que tendríamos que ir paso a paso. Montealegre tendrá que presentar las actas electorales en las que se muestran los resultados obtenidos en las urnas. Si las actas, que son la evidencia dura no coinciden con los resultados que el Consejo Supremo Electoral presentará esta mañana, habrá que desconocer las elecciones. Después veremos.

¿Qué no haremos? No iremos a las calles a dejarnos garrotear por los elementos paramilitares de Ortega que se han tomado las calles para amedrentar a la gente buena, que es, se lo aseguro a usted, la mayoría.

Hoy hay que mantener la cabeza fría aunque la sangre nos arda en las venas. Ya le seguiré contando de cómo se va mostrando el día. No podemos dejar que el reino del terror se imponga sobre nosotros y no lo dejaremos. Nosotros somos más que los tramposos, somos más inteligentes, más civilizados, nuestros valores son mejores que los de ellos, no es posible que nos ganen, no esta vez, no otra vez. Buen día.