sábado, 17 de abril de 2021

Boicot a las "elecciones" de Ortega

Se "sorprende" la hipócrita "oposición" de las más recientes acciones de la dictadura. Se sorprenden de las "reformas", la escogencia de "magistrados" y de que las que vienen serán "elecciones" a la medida de Ortega. Se sorprenden pero siguen diciendo que van a las elecciones con el dictador y nos llaman a votar masivamente "para que sea claro que hubo fraude", como si esto no ha sido claro ya en todas las elecciones de Ortega y sigue siendo claro en este momento. La "oposición" sigue jugando para perder. Me pregunto si también se sorprenderán cuando la dictadura se quede en el mismo lugar. Nos siguen viendo las caras de estúpidos. Nos clavan el puñal mientras sonríen y nosotros sonreímos también. Qué pena.
Por años, muchos hemos dicho que a la dictadura no se la saca con elecciones y nuestra realidad nos ha dado la razón más de una vez. Si dejamos que las elecciones de la dictadura se produzcan tendremos más de lo mismo por muchos años más. Es urgente salir de la dictadura y ya no tenemos mucho tiempo para hacerlo. Algunos quieren esperar a mayo, a ver si la cosa cambia, a ver si se puede hacer elecciones como Dios manda, pero el dictador se limpia las flacas nalgas con los plazos y se las limpiará con este ultimátum.
El boicot debe empezar ahora y debemos exigir que se vayan y que se vayan ya, como hace tres años. Ninguna dictadura puede resistir a un pueblo que no se deja gobernar por ella. Si es que ese pueblo desea de verdad la libertad.

 

martes, 13 de abril de 2021

Dos bandos

Yo creo que frente a nuestros ojos se van definiendo dos bandos -no hay más que dos- que en las semanas que vienen se verán mucho más claramente: el de aquellos que desean realmente terminar con la dictadura orteguista y el de aquellos que quieren que siga, bien sea en su forma actual o bien vestida de seda y peinada de moña, como la mona del cuento.
Los primeros rechazarán acudir como candidatos y como electores a las amañadas elecciones de Ortega, los segundos las abrazarán de cualquier modo para legitimar a la dictadura y quizás (algunos de ellos) poder agarrar de ese modo los huesitos que el tirano les lance, sumisos, como esos flacos perritos que se nos acercan en las fritangas. Si acaso tenemos dudas sobre la gente las dudas muy pronto terminarán, veremos entonces quién es quién. Algunos que tan bonitos se veían se verán entonces feítos los pobrecitos. Las máscaras caerán.

 

lunes, 12 de abril de 2021

Vos, la peor de todos (y todas)

 

No creo que merezca la pena nombrar a ninguno de los "candidatos" legitimadores de Ortega en esta "elección", creo que lo que corresponde es denunciar esta horrible Opera Buffa y que referirse a los candidatos les dignifica. Sin embargo, voy a hacer ahora una excepción, pues hay cosas que colman la paciencia de cualquiera y yo no soy Job, el de la proverbial paciencia.

En honor a la verdad quizás no sea la Chamorro la peor de todos los candidatos, quizás está empatada con el tal Cruz, ese estadounidense lamebotas (diría que lame otras cosas, pero la decencia y las reglas de FB me lo impiden), no obstante, es ella quien en este circo electoral ha hecho a mi juicio el peor acto de descaro y sumisión ante el tirano. Ella se vanagloria de haber sido cómplice del pacto aquel que en 1990 firmara su marido con los dos Ortega en representación del gobierno de la señora Barrios de Chamorro y que traicionando los deseos del pueblo nicaragüense, regresó a los Ortega el poder que habían perdido en las urnas, permitió a los apaleados y odiados sandinistas robarse miles de millones de dólares pertenecientes a la nación y permitió que el ahora dictador sobreviviera políticamente. Por medio de aquel abominable pacto la familia Chamorro abrió el camino a esta dictadura.

"Nosotros le dimos una salida digna -dice ella, sonriendo a la cámara, sonriendo para Ortega- y lo volveremos a hacer". Eso, señora mía, es el colmo del descaro y su antidictatorial padre si estuviera vivo, habría caído muerto al escucharla. Es el colmo del descaro pues ella no apela al pueblo nicaragüense pidiéndole apoyar su candidatura, no, ella le coquetea al dictador genocida ofreciéndose como la mejor opción para que Ortega deje la dirección del poder ejecutivo y se baje de su por ahora incómoda silla conservando todo su dinero y todo su poder, como aquella vez.

Ella sabe muy bien cómo funciona eso de los pactos y sabe que a fin de cuentas es Ortega quien determina quién ganará la elección de noviembre, pues es su Consejo Supremo Electoral, que le es fiel como un perro, quien las organiza siguiendo las reglas de Ortega y siguiendo en cada paso la voluntad del amo.

No, lo mío no es misoginia, no me vengan con ese cuento. El colaboracionismo no tiene sexo ni género y si me refiero a la señora Chamorro y no a los demás es porque de entre todos los suspirantes presidenciales es ella quien parece ser la elegida del tirano. Pero claro, las cosas pueden cambiar, pues como he dicho antes, esto no es una elección, este es un juego de sillas en los que quedarán sentados serán aquellos que bailen mejor la música del dictador, juez supremo que decidirá quién quedará sentado en cada silla y quién no.


miércoles, 17 de marzo de 2021

Elecciones en Democracia

Hoy voy a salirme de la línea de este blog y voy a hablarles de otra cosa que me parece interesante. Quizás a ustedes también. 

Hoy hubo elecciones a la Cámara de Representantes de Holanda (nombre oficial: Países Bajos), el país al que el destino me llevó a vivir, y si usted andaba hoy por aquí como turista ni siquiera se habrá dado cuenta de que un nuevo gobierno se elige el día de hoy. Es que las elecciones se producen sin mucha bulla. No hay grandes concentraciones con candidatos que prometen puentes y ríos, no hay pintas en los muros, no hay pancartas. No hay nacatamal, no hay guaro, no hay buses arrastrando votantes. A quienes viven en países con procesos electorales de pasiones encendidas, en las que corre el alcohol y con frecuencia también la sangre, estas elecciones les parecerán de lo más aburridas. Pero es que quizás el aburrimiento es una cosa deseable cuando de escoger a nuestros representantes se trata.  Déjeme ilustrar lo que digo con algunas fotos que hice hoy y en los días pasados.

El pase de votación

 


La alcaldía lleva el registro de los ciudadanos que tienen la edad reglamentaria para votar y mínimo dos semanas antes de las elecciones, cada votante recibe por correo de la alcaldía en la que se encuentra registrado un "pase para votar".  En este caso el nombre, la dirección y otros datos del pase de la foto han sido cubiertos por aquello de la privacidad. Este documento, junto con una identificación, deberá ser presentado en el local de votación el día de la elección. Cuando tu identidad ha sido comprobada, a cambio de este pase recibirás la boleta de votación.

La lista de candidatos

Unos días antes de la elección recibís también por correo, la lista de candidatos. Como verás aquí abajo, es una lista enorme pues este año participan en la elección 37 partidos o agrupaciones electorales que compiten por las 150 sillas de la Cámara de Representantes. En el distrito electoral en que yo vivo se presentan 30 partidos.

Para que te hagas una idea del tamaño he puesto un lapicero. Este es solo el anverso, al reverso hay más nombres. La boleta de votación contendrá en una sola cara todos estos nombres ordenados en la columna correspondiente y a la par de cada nombre habrá un circulito que el votante deberá llenar para el candidato de su elección con un lápiz rojo que recibirá en el centro de votación. Solo podrás votar por un candidato y llenar entonces un circulito nada más. No tiene que ser necesariamente por el primero que aparece en cada lista (o "lijstrekker", que se traduciría como "el que jala la lista") y que es el líder de cada agrupación. De esta manera, los votantes tienen la posibilidad de reordenar la lista de su partido.

La propaganda electoral

 

Ya les dije que no hay pintas ni pancartas, eso que ven ahí es lo que más se le parece. En una de las entradas de la ciudad en la que vivo, por la que paso cada día al ir a mi trabajo,  a la par de un parque, se podía ver en los días previos a la elección ese mural (no sé como llamarlo) conteniendo posters de algunos de los partidos en la contienda. Los interesados se detienen y miran. No sé si en alguna otra de las entradas a la ciudad habrá otro esperpento como este y como ustedes no me pagan para andar de aquí para allá no voy a ir a averiguarlo.  Esta imagen se repite por pueblos y ciudades.

En una parada de buses, muy cercana a este mural vi también el poster que les muestro acá abajo. Usualmente lo que ocupa ese espacio son anuncios de compañías telefónicas, o de vacaciones maravillosas, o champús que dejan el pelo suave como la seda, pero hoy estaba la foto de Mark Rutte, Primer Ministro y candidato principal del VVD, Partido por la Libertad y la Democracia que es un partido conservador-liberal (no me pidan que se los explique, búsquenlo en Wikipedia) y que probablemente ganará la mayoría de los escaños en esta elección al igual que la vez pasada. No, no hablo de más de 75 escaños, eso no ocurre en Holanda, hablo de que obtendrá quizás un poco más de los 34 escaños que obtuvo en las elecciones del 2017, más escaños que cualquier otro partido. En este país, el gobierno se forma por una coalición de partidos, presidida por el partido mayoritario y usualmente formada con los partidos que le siguen en número de escaños.

 

La radio, la televisión, los diarios, websites, las redes sociales, son las vías por las que viaja la propaganda. Los numerosos debates que tienen lugar son oportunidades excelentes para los partidos de hablar sobre sus programas. Voluntarios recorren sus ciudades y pueblos depositando periódicos o volantes de sus partidos en los buzones. En los días que hay mercado, los partidos ponen sus caramancheles con su propaganda y sus banderas y los voluntarios se acercan a conversar con aquellos dispuestos a escucharles. 
 

El día de la elección

Las elecciones a la Cámara de representantes se producen por ley cada cuatro años, o antes, si el gobierno cayera por alguna razón. Se hacen usualmente en un miércoles en marzo o en mayo. La última elección fue en marzo de 2017. La vida sigue su curso normal el día de la elección. No es un día libre. Los centros de votación se abren desde las 7:30 de la mañana hasta las nueve de la noche para que la gente que trabaja pueda votar antes o después de su trabajo. Si por alguna razón fuese difícil para el votante votar antes o después de su trabajo, tiene derecho a pedir libre hasta un máximo de dos horas para ir a votar.

Esta foto, de la elección de 2017 y tomada con permiso de las personas en ella, muestra el personal típico de un centro de votación. Son voluntarios, no son miembros de ningún partido, o si lo son no están ahí representándolo, están es su carácter particular. Son usualmente personas jubiladas, o jóvenes con tiempo libre. 

En el centro de votación no hay nadie vigilando a nadie. No hay fiscales de los partidos, no hay desconfianza. Se trata de un ejercicio ciudadano que los ciudadanos mismos hacen posible. 

Este año, por causa del Covid-19 hubo cambios apreciables en la manera en que transcurre el día de la elección. Los locales de votación son este año espacios más grandes y bien ventilados. Además, el período de votación se extendió a tres días. Los primeros dos días fueron para las personas más vulnerables. También se implementó la votación por correo. Por otro lado, normalmente es siempre posible que si no podés acudir al centro de votación podés autorizar a una persona a votar en tu representación. En el reverso del pase escribís entonces el nombre de quien te representará y esta persona, presentando el pase con tu autorización junto con una copia de tu identificación podrá votar por vos. Por lo que pude averiguar, esta posibilidad parece haber sido utilizada este año más que otros años. En la foto de abajo puede apreciarse como se veía esta tarde un centro de votación instalado en un gimnasio. Esta vez todos tenían una mascarilla y los encargados eran gente joven, menos vulnerables al virus.

 

Ya es muy tarde en la noche así que lo dejo hasta aquí. Quizás continuaré mañana, pero no lo prometo. Para quienes tienen interés les recomiendo seguir este enlace a una página de wikipedia con información sobre estas elecciones. Antes de irme voy a escribir aún un par de cosas que considero importantes.

¿Cómo se forma el gobierno?

Para decirlo a grosso modo, una vez que se conoce el resultado de la elección, el partido que ha obtenido la mayoría de los votos entrará en plática con los partidos que obtuvieron más votos para formar un gobierno en coalición con ellos pues para poder llevar adelante sus planes necesitará contar con mayoría en el parlamento. Los planes y programas de cada partido se ajustan entonces los unos con los otros hasta llegar a un acuerdo de gobierno que será el norte de la coalición, su biblia. Del partido con más votos saldrá el Primer Ministro o Ministro Presidente. De su partido y de los otros partidos en la coalición saldrán los miembros del gabinete. Cada partido en la coalición tendrá un vice-primer ministro. 

Un par de observaciones finales

Las elecciones son parte importante de la democracia, pero no son toda la democracia. La gente en este país está muy clara de eso, a diferencia de países en los que las élites han tenido éxito en convencer a los pueblos que elecciones es igual a democracia, que la democracia es eso nada más, una elección. Pero la democracia es más, mucho más que una elección, es poder de la ciudadanía que se manifiesta en la sociedad en mil diferentes formas en la vida diaria. La democracia es entonces más que un sistema de gobierno, es una forma de vida.

La democracia no termina con las elecciones. En países en los que se confunde democracia con elecciones y nada más, una vez que las elecciones terminan termina también el poder del ciudadano. Quienes han sido electos hacen a partir de ese momento lo que se les viene en gana, con poco o ningún control de los votantes. La elección es vista como carta blanca para los electos. En países de democracia madura como los Países Bajos, la elección no es el final del camino sino su inicio. Los electores han votado por un programa, por unos planes y exigirán a partir de entonces su cumplimiento y lo vigilarán constantemente.

 

 

 

 

   

martes, 2 de febrero de 2021

Unas pocas verdades sobre las elecciones


Las cosas que en esta nota escribo son cosas que muchos hemos dicho ya desde mucho antes de abril del 2018 y hemos repetido una y otra vez en los casi tres años transcurridos desde entonces. A estas alturas todos deberían saber esto que aquí escribo pero comunicándome por aquí y por allá con nicas de todas partes y leyendo los comentarios que circulan en las redes, me doy cuenta de que hay muchas personas que parecen desconocerlas. Para ellas escribo esta nota, lo más sencillamente que pueda para ver si de ese modo entienden al fin que las elecciones que vienen son un engaño nada más, un truco de Ortega para conservar su poder y su fortuna. Las elecciones no cambiarán nada, quizás sólo cambie la apariencia de las cosas, que detrás del disfraz serán las mismas de siempre.

El poder no se rifa. Allá a finales de la década de 1980 mucha gente decía a Ortega que ganaría de calle si iba a elecciones y él estaba convencido de que así sería de tal modo que se sorprendió cuando perdió las de 1990, que no estuvieron bajo su control y fueron limpias. Adicto al poder ya desde entonces, aquel hombre casi cayó muerto de tristeza (busque si no me cree las fotos de aquella época). Habrá sido entonces que Ortega decidió que al obtener de nuevo la presidencia no sometería nunca más su poder al juicio de las volubles masas, y cuando finalmente subió de nuevo a la presidencia, se construyó un organismo electoral a su imagen y semejanza para garantizarse que él y solo él decidiría quién ganaría y quién perdería toda elección que se realizara en el país. Una vez de regreso en la silla que tanto le gusta hizo eso precisamente, se creo un Consejo Supremo Electoral que le obedece ciegamente.

El ejecutivo se puede prestar. Ortega ha estudiado y copiado a los dictadores que mangonearon Nicaragua antes que él y probablemente a otros de otros países y sabe que a veces, para asegurar la propia tranquilidad y a veces la sobrevivencia, es necesario fingirse demócrata y dejar que se haga cargo del ejecutivo alguien que parezca independiente, alguien que será llamado presidente pero no tendrá el poder pues ese permanecerá en las manos del dictador. Así, el o la presidente estará a cargo del ejecutivo mientras el ejército y la policía y hasta la Asamblea Nacional seguramente, permanecerán fieles y obedientes a Ortega, quien además de los órganos formales dirige un ejército de paramilitares y tiene sus propios aparatos de inteligencia y control. No importa si la persona que gana la elección es cristiana o es atea, en su corazón será Orteguista.

Mientras sea el Consejo Supremo Electoral de Ortega quien las organice, en Nicaragua no habrá elecciones. Serán otra cosa pero no serán elecciones, por más que las llamen de este modo. Serán una enorme farsa realizada con la complicidad de organismos regionales afines al sandinismo para guardar las apariencias frente a la comunidad internacional y para hacer creer a los nicaragüenses ingenuos que en realidad se hizo una elección y que los votos fueron contados, pero no será nada más que eso: una farsa enorme, una burla dolorosa al país todo y especialmente a la memoria de quienes murieron enfrentando a la dictadura o están presos o en el duro exilio. Por supuesto, para garantizar que se produzcan elecciones limpias se necesitaría de muchas otras acciones que van más allá de solo transformar de raíz el organismo electoral y reformar la ley electoral, pero no voy a referirme a ellas aquí pues esta nota sería entonces demasiado extensa.

En Nicaragua los votos ni cuentan ni se cuentan. Desde que Ortega se apoderó por completo del Consejo Supremo Electoral, los resultados de las “elecciones” llevadas a cabo por este organismo están determinados antes de que ellas se produzcan. Se conoce de antemano cuántos votos se anunciará que obtuvo cada cual, se sabe quién “ganará” y quién “perderá” y se acomodan las cifras de votos para que se correspondan con el resultado deseado. No importa por quien votés, tu voto no cuenta, no sirve para nada, es menos valioso que la hoja de plátano de un nacatamal ya comido. Hay mil y un trucos que los sandinistas a todos los niveles utilizan, unos más burdos y descarados que otros, para procurar esconder la manipulación de las cifras, desde las urnas de votación hasta el lugar central de cómputo de los datos. Al final, las cifras anunciadas no se corresponden para nada con la realidad de la votación.

Ortega no confía en nadie, ni siquiera en aquellos que le juran lealtad y le dicen señor, señor. Por eso, incluso en aquellos lugares donde tiene simpatizantes y quizás ganaría si la elección fuese limpia, el número de votos obtenidos por cada uno de los “candidatos” no se deja al azar y es establecido de antemano, no importa si los electores votaron por Ortega o por cualquier otro. Ortega tiene alergia al voto popular. Ya una vez fue desagradablemente sorprendido y no quiere volver a sufrirlo y no lo sufrirá. El resultado de la elección estará arreglado de antemano y será el que Ortega ordene y ningún otro.

Todos los candidatos son colaboracionistas. Todos los candidatos y todas las candidatas saben bien estas cosas que estoy diciéndole (aquí uso el lenguaje inclusivo para que no se escondan las desvergonzadas detrás del lenguaje patriarcal). Todos y todas saben que participando en la “elección” están legitimando al gobierno de Ortega, dándole una mano de pintura democrática, pero no les importa. Les importa más la ganancia personal pues todos ellos y ellas ganan, aunque no salgan “electos” al cargo que persiguen. Es igual con quienes están detrás de cada candidato o candidata, todos y todas van buscando el beneficio personal, un empleo, una teta de la escuálida vaca del erario para pegarse a ella. En Nicaragua la dignidad se vende y se compra como en una pulpería. Como dicen algunos “mejor que me digan piñatero y no pobre” y allá van todos y todas con mucho entusiasmo detrás de la piñata de la fiesta electorera, una fiesta, vale decirlo, que como siempre es pagada con los bienes del pueblo.

Todos son candidatos de la dictadura. Sí, en las elecciones participarán únicamente aquellos candidatos y candidatas que cuenten con la venia “del hombre”. Todos han sido puestos en la balanza y aquellos grupos políticos y candidatos que no den el peso y el dictador no apruebe quedarán fuera del juego. Su consejo electoral da y quita personerías jurídicas e inhabilita candidatos a todos los niveles según le manda Ortega.

La campaña electoral es una farsa. Las concentraciones, las marchas y otros actos públicos son escenas nada más del teatro del engaño electoral. Sirven para guardar las apariencias y son también elementos para la negociación con Ortega, para procurar convencerle de dar más votos a unos que a otros. Es coqueteo puro con el viejo tirano, con “coyoles”, por más que en los discursos se le digan pestes. Es también engaño al pueblo humilde, utilización descarada, impúdica manipulación de sus sentimientos.

Nadie defenderá tu voto. Aquellos que dicen que después de las elecciones van “a defender el voto” son canallas nada más, cínicos y perversos. Saben que el voto de usted no vale nada, que es papel mojado. Ellos y ellas saben que lo que aquí escribo es la pura verdad y sin embargo pretenden embaucarlo a usted y quizás, para la conveniencia de ellos y en el colmo de la crueldad hasta llegarán a instigarlo para que vaya usted a enfrentarse con los sicarios de la dictadura “a defender su voto”.

El voto se defiende antes de depositarlo, luchando por derrocar a la dictadura y para crear luego las condiciones para realizar unas elecciones verdaderamente libres y limpias. Una vez que se entra al juego de Ortega y se aceptan sus reglas no hay manera de cambiar el resultado, los participantes de esa ópera bufa lo saben muy bien.

Antes y después, como siempre, habrá pacto. Lo he dicho repetidas veces, gracias al pacto que los hermanos Ortega, en ese entonces juntos aún, hicieran con su agente encubierto Antonio Lacayo, yerno de la señora Violeta Barrios vda. de Chamorro, se mandaron a la basura los votos del pueblo que la habían elegido presidente y se les regresó a los Ortega el poder que habían perdido. Además de eso, se les permitió a ellos y sus allegados alzarse con miles de millones de dólares que pertenecían al pueblo de tal modo que abandonaron el gobierno felices, ricos y gordos como cerdos cebados. Los pactos son siempre escamoteo del poder popular. Fuera de los ojos de las gentes se desarma, se desnuda al pueblo y se le quita todo poder, pues el poder, para las élites, es cosa demasiado fina como para dársela al vulgo. “Las perlas no son para los cerdos”, dicen, citando a Mateo sin saberlo.

Antes y después de las “elecciones” se negociarán las carnes del pueblo, se repartirán los cargos y Ortega, el dueño del poder, dará a cada uno un pedacito, no mucho, quedándose el mismo con la parte del león.

Las elecciones de Ortega solo le sirven a Ortega, le dan oxígeno a la moribunda dictadura. Aquellos que en ellas participan no están haciéndole ningún favor al pueblo, todo lo contrario, solo están garantizando una dictadura per saecula saeculorem.

Aquí termino. Podría decir más, pero no es necesario, creo que basta con lo que aquí escribo para entender que esas elecciones no cambian nada y que con ellas no se derrotará a la dictadura sino que por el contrario, se la fortalecerá. Esos discursos triunfalistas de los candidatos son una vergüenza pues ya saben a qué conduce toda esta farsa. Todos los espacios han sido cerrados, es su parcela, es su maizal, y Ortega no dejará escapar chancho con mazorca.

sábado, 2 de mayo de 2020

El país de los Ortega

 Seven Errors of the Nicaraguan Government on the Pandemic | Havana ...


Ortega habló y por sus palabras, parece que vive en otro país, en otro mundo. Y es así exactamente: él, su mujer, sus hijos e hijas, yernos y nueras y toda su descendencia de vampiros que se alimentan de la sangre del pueblo viven en otro país.
El de ellos, es un país que ni siquiera tiene la misma temperatura que el nuestro. Si ustedes se fijan, en el país de ellos la gente tiene que usar chaquetas pues hace frío, sus acondicionadores de aire no se paran nunca combatiendo el terrible calor de la Nicaragua nuestra pues ellos son dueños de todo, los combustibles y la energía eléctrica incluidos. Mientras en el bochorno de la Managua en verano la gente suda por todas partes del cuerpo sin importar si se puso antitranspirante y a mediodía huele a cacho quemado, ellos van por ahí, dentro de sus autos blindados, con sus camisitas blancas inmaculadas, oliendo a Hugo Boss y a Chanel y al perfume de moda mandado a traer directamente de París y que el mismísimo embajador se encargó de ir a comprar, pues todos los embajadores son sus mandaderos y están ahí donde están para hacerles los mandados.
Viven en otro país, uno donde no falta la comida, donde ninguno tiene que trabajar y puede adquirir lo que se les ocurra, donde lo que se puede tener está limitado por la propia imaginación del principito o la princesita. El teléfono más caro, la ropa más cara, el televisor más nuevo y más caro, todo puede tenerse, no importa lo que cueste pues cuando se tiene todo el dinero todo vale nada. Aquí es cierto eso de “pide y se te concederá” que se lee en la biblia.
Es aquel un país donde podrías comer lo que se te ocurriera y no solo gallopinto si tuvieras imaginación y buen gusto (alguna vez, después de ver películas de ricos o esos “reality shows”, se le ha ocurrido a más de uno mandar a traer el más fino caviar solo para tirarlo a los perros después de probarlo porque “esa mierda parece jarabe de hígado de bacalao” pues como dice un buen amigo mio “el chancho como lo crían”).
En ese país de ellos la vida es una fiesta permanente, es como el cielo que imaginan los pobres, solo que mejor pues la imaginación de lo que se puede tener aumenta cuando has visto las cosas que podés tener, cuando has ido a tiendas llenas de cosas que podés adquirir con solo pedir que las pongan a la cuenta de papá o mamá, cuando has visto los anuncios de los canales extranjeros y has leído las revistas que leen los ricos.
Rodeados de criados que están ahí, disponibles a cualquier hora del día o de la noche, los miembros de la familia solo tienen que hacer una seña para ver cumplido el más disparatado de los caprichos. Todos son vistos como criados de la familia en realidad, no importa si son ministros, o embajadores o alcaldes, todos quienes reciben un sueldo del estado-partido están al servicio de la familia. Los demás son solo súbditos.
¿Entienden por qué fueron “con todo” cuando un grupito de jóvenes protestó en abril del 2018 y han seguido desde entonces yendo con todo?
Después de vivir en el cielo ya no se puede más vivir en la tierra y además, aunque ya son inmensamente ricos aún quieren seguir exprimiendo el país. Más aún, Ortega y su mujer podrían irse a cualquier país y disfrutar de su fortuna pero no es solo dinero lo que quieren, también quieren restregar su poder en el rostro de los enemigos. Quiere la doña que aquellos que alguna vez la llamaron puta, loca y poeta de mierda, se muerdan ahora la lengua. Quiere el anciano que la sociedad que siempre lo trató como escoria lo vea ahora dirigir los destinos del país. Quieren desquitarse, quieren vengarse.
Nadie, ninguno en esa familia tarada sobreviviría ni un solo día allá afuera de su fortaleza. Como esos animalitos salvajes que han sido criados en cautiverio, no podrían sobrevivir fuera de su jaula de oro. Sin haber trabajado nunca ninguno de ellos, desde el abuelo hasta el último de la sangrienta estirpe, sin saber lo que significa ganarse el pan con el sudor de su frente, sin ninguna disciplina, sin mucha inteligencia (pues habilidad para el crimen no es lo mismo que inteligencia), sin ningún conocimiento útil, lo único que les quedaría sería mendigar o prostituirse, pues aunque en esa familia no son muy agraciados siempre hay por ahí algún desesperado dispuesto a acostarse con cualquiera.
Entiendan, más de uno ha dicho que Ortega y su mujer se creen dioses, no es así, en el universo en el que ellos viven ellos son dioses. No se creen dioses, se saben dioses. Por eso no hay otra alternativa que destruir ese planeta en el que viven. Que yo recuerde, ninguno de los dioses que se fueron abandonó nunca el Olimpo por su propia voluntad, fueron echados fuera.

lunes, 16 de marzo de 2020

La dictadura y el Coronavirus


Usted no me está parando bola. Yo aquí tratando de llamar su atención, tratando de preocuparle así como estoy yo de preocupado y usted viendo hacia otro lado o mirándome como loco. Y no es que me moleste que me miren como loco, en realidad ya me acostumbré, pero esta vez quiero que me tome usted en serio y me lea hasta el final y ojalá y consiga yo preocuparle, aunque solo sea un poco, pues esto de lo que quiero hablarle me parece de una seriedad terrible.
Le voy a hablar del comportamiento de la dictadura frente al Coronavirus. Hoy estuve escuchando comentarios por la radio y leyendo opiniones por aquí y por allá de diferentes segmentos de la población y percibo que la idea general que tiene la gente es que frente a la amenaza del Coronavirus el gobierno es irracional, que la chamuca y el dictador están locos y que son unos irresponsables. Creo que hay gente que piensa que Ortega y la Murillo no son conscientes de lo que hacen, que están encerrados en una burbuja allá en El Carmen y no son capaces de entender lo que está ocurriendo en el mundo y lo peligroso que es el virus, sobre todo para un país como el nuestro que no tiene manera de enfrentarlo, con una población que en un buen número y por diferentes razones está en enorme riesgo.
Déjeme decirle que en mi opinión en el universo chamuco nada ocurre por casualidad, todo tiene un propósito y un objetivo, cada acción o inacción es un movimiento de piezas en el desquiciado ajedrez de la dictadura. Esta actuación frente al Coronavirus no es casual, es dirigida, es racional. Es racionalidad chamuco-ortegana pero racionalidad al fin.
En las sanas mentes de usted y de mí (la suya seguramente más sana que la mía) eso de exponer a la gente al contagio del virus de ese modo escandaloso parece definitivamente una locura, un acto irracional, pero no, no lo es, no se engañe usted: es un acto consciente del dictador y su consorte, una actuación muy bien pensada. Esos niños y los adultos que fueron enviados a recibir a los turistas que llegaron el fin de semana en el crucero MS Amadea fueron enviados ahí con la intención de que se contagien con el virus. Las concentraciones ya realizadas y las planeadas tienen la intención de que las personas se contagien del virus las unas a las otras. Seamos claros: en Nicaragua no hay maneras de evitar la muerte de los contagiados que se encuentran en las categorías de mayor riesgo, los ancianos y las personas con su inmunidad disminuida. No hay medicina, no hay equipos, no hay conocimientos, ni se están adquiriendo estas cosas por ninguna parte.
Hay que procurar entender la racionalidad chamuco-ortegana y para eso hay que estudiar detenidamente las dictaduras de los Somoza, del padre y los dos hijos. Observando las cosas que Daniel Ortega hace, las cosas que dice, parece como si debajo de su almohada guardara celosamente una biografía de Anastasio Somoza García y la leyera cada noche. Somoza García parece ser el mentor de Ortega, su ídolo. Pero Ortega no se queda ahí y también presta atención a los modos de actuar de los Somoza Debayle que heredaron la dictadura de su padre y le imprimieron su propio sesgo. Ortega copia a los Somoza y se refocila pensando que los supera ya.
Otro día le hablaré de esto con más detalle, por hoy déjeme decirle que en este momento Ortega parece estar siguiendo el ejemplo del último de los Somoza en su comportamiento frente a la enorme tragedia que significó el terremoto de Managua en 1972. El terremoto le sirvió a Somoza Debayle para fortalecer su dictadura y para hacerse más rico de lo que ya era, entre otras formas lucrándose de la ayuda internacional recibida. Aunque había un triunvirato, que era un gobierno de mentira, Somoza Debayle creó un Comite Nacional de Emergencia al que dio poderes especiales y que él mismo presidió. Ese comité tuvo en realidad el poder real.
Le voy a decir lo que creo que pretenden hacer Ortega y la Murillo. Como no tengo miedo al ridículo se lo voy a decir claro y pelado: quieren que haya una tragedia enorme en el país, que haya caos, que muera mucha gente y muchos otros se enfermen para entonces, bajo la justificación del caos y la tragedia imponer un estado de emergencia que utilizarán para dos cosas: para hacerse más ricos y para afianzar su poder. Anoche no dormí pensando en estas cosas y tratando de entender el razonamiento criminal de los Ortega Murillo. Hice una lista (que no publicaré) de las cosas que harán a la sombra de un estado de excepción en el que su asamblea les dotará de poderes extraordinarios y omnímodos, un poder sin límites. El horror que se vivió a partir de abril del 2018 será solo una sombra del terror que impondrán entonces bajo la excusa de la seguridad nacional y la lucha contra el virus.
Hay gente por ahí, algunos quizás con buena intención, que piden casi a gritos que se imponga un estado de emergencia para enfrentar la pandemia, ellos no tienen idea de lo que están hablando. Con o sin estado de emergencia la dictadura no tiene maneras de enfrentar el virus, ni tiene voluntad de hacerlo. Con estado de emergencia lo único que procurará la dictadura será silenciar de una vez y para siempre a la oposición. Estado de Sitio, Ley Marcial, toque de queda, son cosas que los mayores conocimos muy bien, esas son las cosas que se vendrán encima del pueblo nicaragüense. Bajo su sombra, Ortega procurará eliminar los obstáculos a su poder. Como Somoza García, su mentor, el dictador solo conoce tres instrumentos para mantenerse en el poder: plata, palo y plomo y en esta etapa de la dictadura la plata y el palo no bastan ya, ahora subirá la dosis de plomo hasta ahogarnos en el humo de la pólvora.
Me gustaría estar equivocado, pero ¿y si no lo estoy?

lunes, 25 de noviembre de 2019

El dique

En Nicaragua hay un levantamiento popular en proceso cuya duración se acerca ya a los dos años. Se trata de una insurrección pacífica de un pueblo contra una tiranía que le oprime, que le asfixia, que le impide vivir en paz, en libertad, en democracia. Algunos piensan que ese levantamiento ha sido sofocado, que el pueblo ha sido derrotado pues ya no se ven los signos aparentes de avance, tales como grandes manifestaciones populares. Que el pueblo ha sido derrotado, que todo ha vuelto a la normalidad es la enorme falsedad que la dictadura y sus aliados están propagando a los 4 vientos. La inmovilización de un pueblo a punta de una represión violenta, descabellada, irracional, sin parangón en nuestra historia solo es indicativo de la enorme separación entre pueblo y gobierno, de que lo único que sostiene a la dictadura es su capacidad de represión. Hay claras señales de que el régimen se aferra por la fuerza a un poder que no es suyo, que el pueblo continúa firme en su decisión de recuperar lo que le pertenece: el derecho a escoger su propio gobierno, el derecho a vivir en paz y libertad. No es normal que el gobierno, en lugar de realizar las tareas que le corresponden se dedique nada más que a procurar por todos los medios posibles mantenerse en el poder. La dictadura ha construido un dique enorme para frenar el empuje del pueblo pero ese dique hace agua por todos lados. Sabe la dictadura que aún el chorrito más pequeñito, si no se le contiene, tiene la capacidad de convertirse en una enorme corriente que junto a otras puede echar abajo el dique. Por eso vemos ocurrir cosas tan irracionales como el hecho de apresar y llevar a juicio a jóvenes que llevaban agua a un grupo de mujeres en huelga de hambre en una iglesia pidiendo la liberación de sus hijos e hijas injustamente aprisionados. Un día, la dictadura no tendrá más la capacidad de frenar con su represión el empuje del pueblo insurrecto armado nada más que con su firme voluntad de ser libre. Un día, más temprano que tarde, nuestro pueblo, como un río desbordado, romperá el dique terrible de la dictadura y arrasará con la estirpe tarada, sangrienta y criminal que se ha apoderado de nuestro país.

domingo, 14 de julio de 2019

Yo, feminista


Para quienes no lo sabían lo digo aquí: soy feminista. No lo había dicho porque yo no tengo ninguna importancia. En realidad a muy poca gente le importa qué soy o qué no soy. Cuando Justin Trudeau lo dijo levantó grandes olas a nivel planetario, si yo lo digo no pasa nada, mis palabras caen como un moco en una piscina. Nadie se dará cuenta. Aunque según alguna gente soy más guapo que Trudeau, el tipo además de carismático, es el primer ministro de Canadá y sus palabras tienen peso, se convierten en acciones que tienen que ver con la vida de mucha gente. Yo lo cuento ahora para ver si logro influir en las tres o cuatro personas que leen las cosas que escribo, que escuchan lo que digo. También es por una cuestión de honradez: ahí estoy ahora, como mucha otra gente, empeñado en impulsar un cambio en Nicaragua, en salir de la dictadura y crear una nueva sociedad, más justa e inclusiva. Esa nueva sociedad tiene necesariamente que ser igualitaria. En todos sus aspectos. No podemos seguir así como vamos, tenemos que hacer las cosas de mejor manera.
En esa nueva sociedad en la que pienso, todos, hombres y mujeres, tendríamos que ser feministas. Serlo es vital para una sociedad. Para la nuestra sobre todo, con horribles rasgos que la paralizan: clasismo, racismo, machismo, sexismo y más.
También digo ahora que soy feminista porque he visto de nuevo en estos días una conferencia de Chimamanda Ngozi Adichie y la definición que ella hace de un feminista me lo puso fácil y se lo pone fácil a usted también. En sus palabras: «Feminista es un hombre o una mujer que dice: “Sí, hay un problema con el género tal como existe hoy, y hay que solucionarlo. Tenemos que hacerlo mejor”» Claro, el meollo del asunto es cómo lo solucionamos, pero hay que empezar por reconocerlo y reconocer la necesidad de cambiar las cosas.
Para mis dos hijas, pero también para las hijas de usted, quiero la mejor sociedad, una en que no existan límites a lo que ellas pueden ser y hacer según sus potencialidades. Una en que su género no haga diferencia. Ni su color, ni el estrato social en que se criaron. Porque he visto lo que gana una sociedad cuando las diferencias por cuestiones de género se van difuminando, quiero que en nuestro país empiecen también esas diferencias a desaparecer. De ese modo, no solo las mujeres estarán mejor. Todos seremos mejores, hombres y mujeres. Ahora es el momento de empezar. [El video del que les hablo, que ya es un clásico,  puede verse haciendo click aquí]   

jueves, 20 de junio de 2019

Ahora que estamos solos...



Pienso que los nicas tenemos la tendencia a pensar que nuestro pequeño y lindo país es el centro del mundo. Recuerdo que en los años 80 del siglo pasado hablábamos como si la política exterior de los Estados Unidos y de la ahora desaparecida Unión Soviética se hubiese estado definiendo en Managua. Éramos la colita pero pensábamos que era nuestro movimiento quien movía al perro todo.
Pensar que somos muchísimo más importante de lo que somos puede ser una ilusión muy costosa para nosotros.
Olvidémonos de la loca idea de que los ojos de la comunidad internacional están puestos sobre nosotros y siguen nuestros movimientos atentamente como muchos insisten en decir. Nadie nos está mirando con atención. De vez cuando nos miran, ciudadanos y políticos de otros países, pero hay demasiadas cosas que mirar y atender en el mundo, muchas de ellas más urgentes o a sus ojos más importantes que nuestras cosas y la atención hacia nosotros no puede ser ni muy intensa ni sostenida. El nuestro es un problema más en un mundo lleno de problemas.
Los gobiernos pueden ayudarnos con algunos asuntos. Pueden exigir a nuestro gobierno que cumpla con aquellos compromisos que ha asumido en las organizaciones internacionales. Pueden imponer sanciones al gobierno en caso de incumplimiento a esos compromisos y, como ocurre con el gobierno de los Estados Unidos, pueden imponer sanciones a personas y gobiernos por incumplimiento de su propia legislación. Pero los gobiernos tienen límites a su actuación y esos límites están mucho más lejos de los que algunos de entre nosotros quisieran. Y es bueno que existan límites y que estén ahí donde están.
Pueden también los gobiernos de otros países ayudarnos a entendernos entre nosotros mismos, ayudarnos a arreglarnos. Pueden mediar entre nosotros para que dialoguemos y nos pongamos de acuerdo sobre la manera en que seguiremos adelante después de un conflicto.
Los gobiernos y los pueblos amigos de nuestro pueblo están ayudándonos en todo lo que pueden. Pero no es la “comunidad internacional” quien va a cambiar las cosas por nosotros en favor nuestro. Ni siquiera es una comunidad y no hablan los países con una sola voz. Somos nosotros los nicaragüenses quienes tenemos que arreglarnos y nos guste o no nos guste, una vez que digamos al mundo que nos hemos arreglado ellos nos van a creer y aceptarán nuestro arreglo, no importa si este es un buen o mal arreglo. Así funcionan las cosas.
Por eso es muy importante que hagamos bien las cosas sin esperar a que alguien más venga a arreglarlas por nosotros pues eso no va a ocurrir.
Por eso es muy importante que lo que resulte ahora sea un buen arreglo, un arreglo nacional, uno que otorgue ciertas garantías de que no regresaremos dentro de un par de años a este mismo horror que ahora estamos viviendo.
Por eso no se le puede dejar la negociación de nuestro presente y de nuestro futuro a ese pequeño grupito que ahora está ahí, negociando en nuestro nombre. Ya hemos visto lo que los arreglos de ese grupito de gente producen cuando les dejamos negociar en nuestra representación. Lo vimos en los doce años pasados y por más de un año hemos visto el más horrible rostro del monstruo de cien caras que resultó de la cópula de Ortega con el Cosep. Los mal llamados “empresarios” negociando con Ortega produjeron esta brutal dictadura. Es ingenuo ahora esperar que salga algo muy diferente de una nueva negociación entre los mismos que antes nos negociaron. No, no es ingenuo en realidad: es estúpido.
Solo es posible esperar un arreglo diferente si dejamos fuera de la negociación a la dictadura y al Cosep. Ni la una ni el otro son inocentes. Ya hemos visto lo que hacen con nuestra confianza ¿se la daremos de nuevo?
Bien sabemos lo que ocurre ahí en la oscuridad cuando la dictadura y los "empresarios" se quedan solos. A nuestros oídos llegan los chasquidos de sus inmundos besos y los susurros de sus promesas de amor eterno.
Con la ‘Alianza Cívica’ en diálogo con la dictadura el mensaje que fuera de Nicaragua se recibe es que hay avances, que las cosas se van normalizando. Ese es el mensaje que la dictadura quiere dar y aparentemente los empresarios también. ¿Le parece a usted que es así? ¿Se normaliza el país?
Mire que apenas parezca que estamos 'normal' se olvidarán de nosotros.
El tiempo apremia. Olvídense del fetiche de las elecciones adelantadas que solo sirven a la dictadura y sus socios y regresemos a la lucha por derrocar a la dictadura. Es hora de apartar a la Alianza Cívica, despojarla de cualquier poder de negociación y representación y llamar a un gran diálogo nacional sin Ortega y sin el Cosep, un diálogo para ponernos de acuerdo en cómo seguiremos de aquí en adelante. No podemos dejar a ellos decidir por nosotros lo que pasará con nuestro país, con nuestra sociedad, con nuestras vidas.
La UNAB debería dirigir este esfuerzo, pero si no asume el serio papel que la historia ahora le brinda tendrá que ser dejada de lado también y otros grupos tendrán que llenar ese vacío. Es urgente.
Nadie vendrá a salvarnos de nosotros mismos. Las sanciones pondrán a la dictadura al borde del precipicio, corresponde a nosotros darle el último empujón. Si alguien va ahora a pedir que no se impongan sanciones o que no se aplique la carta democrática, estará traicionando a este pueblo que quiere y necesita salir de la dictadura y empezar a andar hacia la democracia. Nada de "aterrizaje suave", la dictadura debe estrellarse contra el suelo y romperse en  un millón de pedacitos.