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sábado, 6 de diciembre de 2008

Ojalá no haya fraude en ninguna elección

Esta madrugada, cuando tomaba mi primer dosis de información del día, me encontré con este blog salvadoreño, partidario del FMLN, creo yo, en el que se alertaba de la posibilidad de que en El Salvador se esté gestando un fraude electoral. Me pareció oportuno dejar un comentario solidario cuyas partes medulares transcribo aquí para ustedes.

Yo estoy viviendo ahora en la Nicaragua post fraude electoral (ojalá y le dieras seguimiento a este tema) y te cuento que no es nada agradable el aire que ahora se respira, no es algo que deseo para El Salvador, un país que me es tan querido, ni para ninguna sociedad en realidad. Por una larga historia mi país se ha vuelto muy pobre, la miseria te golpea en el rostro a cada paso, la gente tiene muy poco, casi nada y luego del fraude tienen aún menos, muchos no tienen ya nada. Su último bien, para muchos su más preciado bien, les ha sido arrebatado. Si antes de la elección sentían que aún les quedaba su voz, que tenían un poco de poder, que podían decidir sobre el rumbo que su país y su pueblito deben seguir, ahora que han visto lo que han hecho con su voto, que su voto no cuenta, sienten con razón que ya no tienen nada, que no pintan nada en el panorama, que no son tomados en cuenta, que otros deciden por ellos, que no existen. Hay un terrible sentimiento de frustración, de impotencia, de abandono y tristeza flotando en el aíre. Yo no sé y nadie sabe creo yo qué más va a pasar acá, en este paisito en el que tantas cosas han pasado. Es que nunca antes en la historia post-colonial estuvimos al mismo tiempo tan pobres, tan frustrados, tan impotentes, tan faltos de esperanzas como ahora. Ahora tenemos una combinación de cosas que pueden llegar a convertirse en una mezcla explosiva que nadie sabe cómo explotará, ni cuando, ni dónde, ni cuáles serán sus consecuencias.

Es triste, muy triste, vivir en este país después del fraude. Ya la gente ni siquiera está preocupada ni enojada por quién quede de alcalde en su pueblo. Eso ha dejado de ser importante, la gente está molesta y está brava porque le han robado su voto. Es el voto lo que le preocupa ahora a la gente, es que le hayan robado su instrumento de poder lo que tiene a la gente brava, muy brava. Si el fraude se impone y esto se convierte en la mecha que prenda el explosivo sera muy triste, muy lamentable. Si no pasa nada, si el fraude se impone y la gente pierde sin más su capacidad de decidir será también muy triste. Ahora estamos los nicas ocupados en desmontar el fraude, gastando energías que deberíamos estar utilizando en cosas más productivas, pero ni modo, hay que hacerlo porque si no estaremos más jodidos de lo que ya estamos.

Esto que aquí esta pasando, que estemos viajando hacia atrás en el tiempo, que estemos regresando hacia un pasado que parecía ya superado es terrible, doloroso. Por eso espero que no haya fraude en las elecciones de El Salvador, que la gente allá no tenga que pasar por lo que ahora estamos pasando, que se respete su voluntad y no tengan ustedes que pensar las cosas que ahora andamos pensando ni considerar las opciones que ahora andamos sopesando.

Así que mi recomendación a los blogueros salvadoreños es que estén vigilantes, que no dejen que le roben su decisión a la gente, que denuncien cualquier maniobra de cualquiera en cualquier bando, que traten de evitar que ocurra fraude y si con todo y todo ocurriera, habrá que denunciarlo por el bien de la sociedad toda.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

De turbas y culitos rosados (parte 3)


En la Nicaragua del S. XXI, que tiene ya más experiencia de la que tenía en los años setenta y ochenta del siglo pasado, cuando abrazó la revolución con esperanza, no es posible ya utilizar las mismas palabras que en aquellos tiempos se utilizaban para separar a los unos de los otros, para identificar a los “malos” y a los “ buenos”, a los tuyos y a los míos. Las palabras de entonces se han desgastado con el uso y el abuso, se han devaluado y ya no surten el efecto deseado, no cumplen su trabajo y por eso la imaginería orteguista busca nuevas palabras para ponerle nombres a las cosas y designar a los propios y a los ajenos. Los orteguistas se ven en problemas sin embargo, para encontrar las nuevas palabras, pues si en la revolución sandinista la intelectualidad creadora era ya escasa y la creatividad era fuertemente combatida, en el orteguismo ambas han desaparecido y la escasa imaginación de los paniaguados del régimen sólo es capaz de proveer palabras que rápidamente dejan al descubierto aquello que se quiere ocultar, sus oscuras intenciones. Desprovistos de ideología, carentes de un cuerpo teórico coherente para analizar la sociedad, para interpretar la realidad, los orteguistas producen balbuceos que dejan expuestas a la luz del día su pobreza intelectual. Así, han empezado a usar, quedando en el ridículo, las palabras “oligarquía” y “oligarcas” para referirse a quienes se les oponen, cuando cualquiera puede ver que estas palabras a quienes definen con claridad meridiana en este momento es a Daniel Ortega y su grupo oligarca. Ellos y no otros son quienes forman la nueva oligarquía.

En algún momento de este año se empezó a utilizar la frase “culitos rosados” para referirse a una parte de la oposición al gobierno. Creo que la frase fue acuñada a raíz de una protesta de un grupito de valientes jóvenes que fueron apaleados por una turba orteguista que les aventajaba en número, en peso, en años y en mañas. Al llamar a estos jóvenes ─y luego a la oposición en general─ “culitos rosados” se pretende dar a entender que se trata de gente de las clases altas, en las que la piel clara es más frecuente que en las clases bajas. Se pretende deslegitimar, descalificar a la oposición y hacer aparecer las cosas como un enfrentamiento de unos “pobres”, a cuya cabeza se encuentra Ortega mismo, contra unos “ricos” que son parte de una conjura dirigida por el “imperialismo yanqui”. Ahora no se trata de “ burgueses” enfrentados al “proletariado”, ahora se trata de “ blancos” contra “indios” y “negros”, de “ricos” contra “pobres”. De nuevo pues, como en los tiempos del viejo Tacho y en la época sandinista, se recurre a alimentar el odio, a enfrentar a una parte del pueblo contra otra, a unas clases contra otras.

En la marcha contra el fraude electoral, que las fuerzas de choque orteguistas impidieron a la oposición realizar el día 18 de noviembre, había mucha gente de piel blanca, gente que ahora podría calzar en la flexible, acomodaticia definición de “culito rosado”, pero cosa no muy rara, mucha de esta gente era la misma que en aquellos duros años de la década de los ochenta estuvo participando activamente, como dirigentes de todos los niveles y como soldados de a pie, en las tareas de la revolución. En aquel entonces, aún con sus pieles y ojos claros no eran considerados burgueses, pero hoy son metidos en el amplio saco de los “culitos rosados”, un saco en el que dicho sea de paso un día terminaremos casi todos, no importa si tenemos los culitos tan negros como el rabo de un mono congo. A fin de cuentas, en la locura orteguista el color de nuestro culito está dado por nuestra simpatía o antipatía hacia él y todo aquel que se le oponga verá como pronto su culito adquiere un cierto color rosa. Los que estén con él, sin importar el color de su piel pasan seguramente a pertenecer a la raza de los “culinegros”, la nueva nomenklatura.

Esto de poner nuevos nombres a las cosas, marcarlas para hacerlas identificables por su propia gente no es una práctica ociosa de la dictadura, obedece a su visión maniquea y es su manera de poner las cosas claras, se pinta de blanco todo lo mío, la gente inclusive y de negro todo lo que me adversa, incluida la gente. En la coloración y a la par de ella va viajando el mensaje, simple como un anillo: yo soy bueno, lo que me adversa es malo, demoníaco.

Ortega, al igual que Somoza García en su momento, necesita tener enemigos, alguien a quien poder echarle la culpa de todos los males, alguien hacia quien poder dirigir las frustraciones de un pueblo que se agita en la miseria, en la tristeza, en la desesperanza y que es nada más que el instrumento y la víctima de las ansias de poder de un individuo y en este caso, de su mujer también. En las sociedades primitivas, en las pandillas y maras, en los grupos de fanáticos de un club de fútbol, la cohesión del grupo es proporcionada sobre todo por la existencia de un enemigo que pone en peligro la existencia del grupo, que ataca a la esencia de ser del grupo mismo. Es este el expediente al que Ortega y su grupo recurren ahora, la creación de un enemigo, pensando que a fin de cuentas la nuestra es una sociedad atrasada, primitiva, que al igual que los “hooligans”, esos violentos fanáticos ingleses del fútbol, reaccionaremos como energúmenos frente a quienes el discurso oficial pretende presentarnos ahora como nuestros enemigos. Ortega tiene una razón más, profunda, existencial, para desear encontrar un enemigo: es incapaz de gobernar, la presidencia le queda demasiado grande y eso sólo podrá ocultarlo encontrando un enemigo a quien culpar de sus propios errores.

Demonizar a la oposición utilizando un discurso maniqueo, violento, confrontativo y radicalizador, que destruye cualquier puente para la comunicación, alimentar el odio de clases para hacer avanzar objetivos políticos no son pues tácticas exclusivas de la izquierda ni de la lucha política de los nuevos tiempos, Somoza García hacía uso de ellas ya desde sus primeros años y Ortega las utiliza ahora, aunque menos elegantemente porque no es tan inteligente y hábil como su maestro. Una cosa olvida Ortega y es que desde mediados del siglo pasado hasta ahora, mucha agua ha corrido ya debajo del puente. La sociedad tiene más experiencia, la población está más despierta y las burdas maniobras de este aprendiz de dictador quedan siempre en evidencia, sus intenciones quedan al descubierto. Un día no muy lejano este dictador también caerá.

martes, 2 de diciembre de 2008

De turbas y culitos rosados (parte 2)


[En la foto: Edgardo Cuarezma, jefe de las turbas orteguistas, heredero de Nicolasa Sevilla]

Las hordas de prostitutas, proxenetas y otros delincuentes que en la época de la dictadura somocista jefeaba Nicolasa Sevilla no tenían ningún escrúpulo en atacar a cualquier persona que se les mandara, sin importar sexo, edad o condición social de la víctima. Sin que nada les importara, sin frenos de ningún tipo, humillaban si había que humillar, golpeaban si había que golpear, acuchillaban y garroteaban si eso era lo que les parecía la acción adecuada en ese momento y sus acciones quedaban sin castigo y no eran nunca perseguidas por ninguna autoridad. Desde el discurso oficial se decía que se trataba del pueblo reaccionando enfurecido ante las acciones de sus enemigos y el pueblo tenía derecho a manifestarse.

Más que sólo aterrorizar a la oposición y la sociedad toda, el accionar de aquellos grupos producía a la vez otros resultados que favorecían a la dictadura y la fortalecían: se ganaba el favor de un buen sector de las clases populares que venían a formar un frente común con el dictador contra las capas medias y altas de la sociedad que no aceptaban a Somoza. Déjeme explicarme. La nuestra ha sido por siglos ─incluso en los años revolucionarios─ una sociedad dividida en clases en la que los que se encuentran en los estratos más altos se piensan diferentes, mejores, que aquellos ubicados en los estratos más bajos. Pero no nos enredemos, fuera de todo romanticismo la nuestra siempre ha sido una sociedad conformista y la dominación de las clases más altas hacia las más bajas fue considerado siempre un asunto legítimo, no sólo por las clases más altas sino también por los de abajo. Si los de arriba, los riquitos y blanquitos se han considerado siempre mejores, los de abajo también se creyeron el cuento por siglos. El discurso clasista de los que se encuentran en la parte más alta de la estratificación ha sido aceptado y asimilado por toda la sociedad. El clasismo es una lacra de la sociedad toda, que nos atrasa al impedirnos mirar las cosas desde la perspectiva de nación y actuar como nación. De esa división en clases de la sociedad se sirvió Somoza en su momento con fines políticos.

Las acciones violentas y el exacerbado discurso envalentonaban y alienaban a los estratos más bajos de la sociedad y los enfrentaban con las clases medias y altas que hacían oposición contra Somoza. El dictador era visto entonces por un sector de las clases bajas como el campeón de los pobres, que enfrentaba a poderosos enemigos que eran también los enemigos de los pobres. El discurso del dictador era populista y se presentaba a sí mismo y al partido liberal como el salvador de las clases menos favorecidas de la sociedad y presentaba a quienes le adversaban como enemigos del pueblo. Las acciones de la Nicolasa y sus turbas permitían a los estratos más bajos y a los grupos más violentos descargar su furia contra aquellos que el discurso que venía desde el poder les presentaba como sus enemigos de clase. El accionar de las violentas hordas nicolasianas galvanizó a un buen sector de las clases populares que formaron un bloque en contra de los que más tenían, o mejor dicho, una parte de aquellos que más tenían: los que no estaban con Somoza.

Aquel odio alimentado desde el poder y dirigido contra aquellos que se definían a sí mismos como oposición al régimen y contra aquellos que el régimen mismo identificaba como sus enemigos, estuvo siempre presente en todos los años de la dictadura, como una fogata encendida a la que sólo bastaba ponerle un poco más de leña para prender un gran fuego. La dictadura le echó constantemente leña al fuego, cada vez que creyó necesario hacerlo.

En los años ochenta del siglo pasado el odio de clase de los pobres hacia los más pudientes fue también alimentado desde el poder, como un elemento más para cohesionar a las masas alrededor del discurso y el proceso revolucionario. En esos años las categorías y conceptos de la economía política marxista fueron manejados con suma libertad y aplicados de modo mecánico a una sociedad en la que muchas de aquellas categorías y aquellos conceptos están tan fuera de lugar como un abrigo de piel bajo el ardiente sol del verano tropical. Marx nunca estudió y no entendió por tanto el funcionamiento de las sociedades latinoamericanas, y sus herederos intelectuales no pudieron nunca crear un cuerpo coherente de ideas basadas en las ideas de Marx, con el cual estudiar nuestras sociedades. En Nicaragua, una sociedad muy diferente de aquellas que Marx estudiara, las palabras “burguesía” y “proletariado” fueron echadas a rodar y aplicadas con profusión por todos, sin que la mayoría supiera su significado y entendiera las complejas relaciones que debajo de ellas subyacen. Sueltas por ahí a su libre albedrío, estas y otras categorías adquirieron connotaciones que las alejaron de sus significados originales y las convirtieron en amuletos mágicos, para decirlo de alguna manera. Al final el color claro de la piel o de los ojos fueron suficientes para definir a un “burgués”, no importaba si la persona dueña de aquella piel y aquellos ojos no tenía en aquel momento ni había tenido nunca ni en qué caer muerto, menos aún los medios de producción que la burguesía debe tener para poder ser tal cosa. Muchas veces resultaba que alguien de piel y ojos oscuros y pelo negro y ensortijado era señalado de ser un “burgués”, no por un asunto de la economía, sino por no estar de acuerdo con el discurso oficial. Las rígidas categorías económicas se flexibilizaban hasta más allá de sus límites y perdían su significado y todo contacto con la realidad. Se volvieron elementos del paisaje surrealista revolucionario y quedaron al desnudo en lo que eran: instrumentos de un discurso simplista que perseguía presentar a unos, “los burgueses”, como los malos y a otros, “el proletariado”, como los buenos, culpables los primeros de todos los males de los que los segundos eran víctimas inocentes. En el medio de ambos los revolucionarios se presentaban a sí mismos como los instrumentos de la justicia, que harían pagar a los victimarios por todo lo malo que habían hecho a los pobres. Que en Nicaragua, lo que pudiera llamarse burguesía fuese una cosa muy pequeñita y que el proletariado fuese nada más que un ínfimo porcentaje del total de la población económicamente activa, no era un obstáculo para el discurso revolucionario, que fluía como un río, arrastrándolo todo.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Clavos por todas partes

Juntas que se cierran antes de tiempo dejando fuera a votantes, pleitos, bochinches, desorden, enfrentamientos, mil problemas, pero también es cierto que las juntas receptoras de votos donde no ha habido grandes problemas son la gran mayoría. La gran mayoría de la población ha votado sin problemas. Decir en este momento que ha habido fraude o que los problemas que se han producido han tenido un gran efecto sobre el resultado de las elecciones es aún prematuro. Quizás sí, quizás no, será mejor esperar lo que organismos como Etica y Transparencia -que aunque no ha sido admitida como observadora de todos modos ha observado-, emitan su calificada opinión. Habrá que contar los votos esta noche, habrá que seguir los conteos, habrá que informarse. Es aún temprano para emitir una opinión seria sobre las elecciones. Escribo cuando faltan diez minutos para que sean las seis de la tarde, hora en que se ha programado el cierre de las juntas receptoras de votos, faltan muchas horas, falta mucha información, mucho cálculo para poder decir qué ha ocurrido. No hay que apresurarse, hay que esperar un poco. Aunque las cosas que vemos por la televisión puedan parecernos impresionantes, hay que poner las cosas en su verdadera dimensión. Calma, paciencia, cuando haya que gritar gritaremos, si gritamos ahora, si golpeamos desde este momento la mesa no estamos siendo serios.

Dedo poderoso, dedo altivo


El día de hoy en Nicaragua, cada vez que se encuentre usted con alguien conocido y a veces hasta con gente que nunca antes ha visto, le mostrarán el dedo y hasta le sonreirán. Hoy, en un acto que no será obsceno ni agresivo (bueno, no siempre) le mostrarán a usted el dedo pulgar o dedo gordo, el dedo orgulloso, dedo bandido, el día de hoy manchado con un color oscuro, señal de que el orgulloso dueño o dueña de ese dedo ha hecho uso de su derecho ciudadano de votar y ha cumplido con su deber de dejar oir su voz en las elecciones municipales. La tinta, que no es tinta sino un reactivo, una sustancia que provoca que la piel se ponga oscura, dejará una marca que se quedará en el dedo por varios días. La práctica de marcar el dedo de cada votante para asegurarse que cada persona emita nada más que un voto, ha desaparecido o no existió nunca en naciones civilizadas y sólo sobrevive en naciones como la nuestra en la que varios de los grupos -no me atrevo a llamarlos partidos- que se disputan el poder no tendrían mucho reparo en hacer votar a sus miembros todas las veces que fueran necesarias para alzarse con el poder, que es a fin de cuentas lo único que a la mayoría de estos candidatos le interesa: el poder por el poder nada más.

Como sea, muestre usted también el día de hoy su dedo marcado, hoy hay que votar, ya mañana veremos.

Hoy los ciudadanos de este país de sueño, usualmente desprovistos de todo poder se sienten más poderosos que nunca y con razón: hoy pueden tomar grandes decisiones que marcarán sus vidas en los años que vienen. Ahora habrá que ver si los jefes de las dos pandillas en que el FSLN y el PLC se han convertido se atreverán a robarle la voluntad a la gente y veremos si la gente aceptará que le roben su elección.

Hoy le mostraré mi dedo a todo el mundo, señalando contento y orgulloso hacia arriba, señal que estoy pensando positivamente y que he dado mi voto por la democracia, mañana, si sé que se han robado la elección, mi dedo furioso señalará hacia abajo, indicando el destino del aprendiz de dictador y su gordo comparsa. Ojalá que mañana no sea mi dedo el único dedo que señale hacia abajo y que una multitud inmensa de dedos oscurecidos le muestre a los malvados su destino: abajo la dictadura.

Domingo de elecciones ¿lunes de rebelión?

Todos pues a las urnas hoy domingo, a mostrarle los dientes al dictador de opereta y a su damisela de la triste figura. Vamos a decirles lo que queremos decirles, a demostrarles quién es en este país el dueño real del poder: usted y yo y no ellos. Vamos luego a contar los votos para saber qué fue lo que que hemos mandado y demandado este domingo. Vamos a estar ojo al Cristo, atentos a cualquier movimiento raro, a cualquier intento de escamotearle la voluntad al pueblo expresada en las urnas. Con el oído atento iremos escuchando los avances de los resultados de la elección y si nos damos cuenta de que nos han robado, si Ortega y Alemán, los socios pandilleros, nos dicen que las cosas no son como pensamos, sabiendo nosotros que tenemos razón, el lunes tempranito saldremos a la calle, usted, yo, mi marido, su vecina y su novio y todo el barrio y nos iremos juntando, caminando, a buscar a los ladrones en su propia guarida y a exigir que se cumpla lo que hemos mandado. Será día de lucha porque seguramente nos enviarán sus perros a atacarnos, intentarán hacernos desistir, nos amenazarán, quizás nos golpearán, pero nosotros estaremos firmes, sin echar pie atrás, parados como las mulas. Exigiremos y no nos moveremos y será mejor que el aspirante a dictador recule y nos dé lo que nos pertenece o nos lo llevaremos por delante. Así es como veo yo las cosas en los próximos dos días, ojalá no ocurran así, ojalá no haya fraude, pero si lo hubiere, habrá que estar listos para defender con uñas y dientes la voluntad popular. Ojo billar, la pelota está en movimiento.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Entonces, ¿qué va usted a hacer?

Como le decía en el post anterior, las alcaldías ya están distribuidas, del mismo modo que Somoza y Agüero se las repartían en aquellos tiempos. Eso está más claro que el ojo del piche y si usted no lo ve y mucha gente no lo ve, es por la enorme cortina de humo que el pacto ha puesto frente a los ojos de la gente. Ortega y su socio minoritario Alemán se han repartido de antemano las alcaldías, sin importarles lo que el pueblo vaya a votar en las urnas. A ninguno de los dos le conviene que Montealegre quede como alcalde de Managua pues eso rompería el balance de poder que los dos disfrutan. No importa lo que digan las amañadas encuestas, si usted vive en Managua mire a su alrededor, pele la oreja y escuche y se dará cuenta que la gente votará mayoritariamente por Montealegre. Entonces, le hago de nuevo la pregunta, de otro modo para que sea más clara, dígame ¿qué va a hacer usted la mañanita del día 10 de noviembre, cuando los medios de comunicación amanezcan anunciando la victoria de Alexis Argüello en las elecciones en Managua? ¿aceptará que le den de nuevo atol con el dedo? ¿se dejará arrastrar por la maquinaria publicitaria que trabajará intensamente para convencerle a usted que eso fue lo que decretó el voto popular? ¿se sentará decepcionado(a) a lamentarse y reafirmarse que este pueblo es irredento? ¿se dejará robar así a lo descarado?

Usted aprendió a sumar y restar, sume cuantos votos sacaron los liberales y los que iban con Eduardo en Managua en las últimas elecciones presidenciales y digame ¿usted de veras cree que esa gente que votó por el candidato liberal y por Eduardo se voltearon ahora y votaron por los sandinistas que ya nadie quiere? ¿usted cree que de veras hubo tantos votos nulos, tantos votos en blanco? ¿usted les va a creer que la gente prefiere al candidato de Ortega?

¿Usted se va a quedar ahí tranquilito en su casa el día después de las elecciones aceptando que la dictadura de un paso enorme hacia adelante pasando por encima de usted y de los suyos?

Ahora déjeme decirle que es lo que yo haré. Yo voy a salir a la calle y voy a irme a la plaza, solo o a lo mejor acompañado por usted, y me voy a poner a gritar y a exigir que las elecciones se vuelvan a hacer, esta vez supervisadas por observadores internacionales, como aquella vez en 1990 y no me voy a mover de esa plaza hasta conseguir ese objetivo o hasta que me saquen, del modo que sea, si es que pueden.

Es que fíjese usted que si ahora se deja meter este gol no habrá ya nada que pueda detener a esta dictadura. Esta es la última oportunidad que tendremos de detener a Ortega y desmontar el diabólico pacto por las buenas, sin tener que hacer de nuevo enormes sacrificios humanos, sin derramar la sangre de los jovenes. Si ahora dejamos que Ortega nos pase por encima, apeárnoslo después será muy pero muy difícil. Usted eligió a Ortega para presidente, no lo deje que se convierta en dictador, llamelo al orden y si no hace caso pues habrá que bajárselo de la presidencia. ¿Usted cree que eso no es posible? Levante la cabeza y mire un poco hacia atrás y acuérdese como fue que nos echamos al pico a Somoza. Este dictadorzuelo es más débil que aquel y yo le garantizo que no aguanta un sacudión.

Puede ser que esté yo equivocado y ojalá me equivoque completamente, ojalá no se produzca un fraude masivo. Habrá que estar ojo al Cristo, muy atentos para denunciar el fraude, pero por una cuestión de honor habrá que decir que no lo hubo si pensamos que no lo hubo.

[Nota del invisible: este post ha sido extraído de otro blog que anda por ahí y ha sido editado y publicado con permiso de su autor]

viernes, 7 de noviembre de 2008

Usted, ¿qué va a hacer?

No importa quién vote, lo que importa es quién cuenta los votos, decía Stalin el pavoroso dictador soviético del pasado siglo y repite ahora Daniel Ortega, empeñado como está en convertirse en dictador en Nicaragua, el pequeño sufrido país. Para este patético personaje no importa quien vote o por quién se vote, pues la maquinaria que cuenta los votos le pertenece y está a su servicio y los resultados de las elecciones municipales que se avecinan, serán los resultados que él indique, de común acuerdo claro está, con su socio en el crimen Arnoldo Alemán.

Si usted piensa que Eduardo Montealegre será alcalde de Managua y se convertirá de ese modo en una piedra en el zapato del dictador y su socio, déjeme decirle una cosa: los números que el Consejo S. Electoral presentará dirán que la elección la ganó Alexis Argüello, el risible candidato de Ortega.

Managua y León serán seguramente alcaldías que los sandinistas "ganarán", junto con otras de importancia, aunque usted y yo sepamos que en León nadie votará por ese candidato delincuente y en Managua serán pocos los que votarán por el pobre cándido candidato. Otras alcaldías serán "ganadas" por los liberales de Alemán porque así se ha hecho la repartición. Las elecciones serán seguramente fraudulentas y sus resultados no serán los que el pueblo ha conseguido con su voto sino aquellos que los los mafiosos han pactado de antemano.

La mente de Ortega carece de toda sofisticación, es simple, bayunca, chambona y el robo de las elecciones no se hará utilizando alta tecnología como algunos podrían pensar, sino las mismas rudimentarias maneras que utilizaban los ídolos de Ortega y de Alemán, los Somoza. Las elecciones se robarán en las urnas y los fiscales electorales quizás ni siquiera podrán mirar o entender cómo fue que ocurrió.

Por eso es importante votar por Montealegre en Managua, porque de esa manera el fraude será más evidente. Olvídese de votar en blanco, de votar nulo, vaya y vote y no escuche a los sandinistas disfrazados de ovejas diciendo que no hay que votar o votar nulo. El voto nulo y la abstención serán los instrumentos que Ortega y Alemán probablemente utilizarán para legitimar su acción inícua.

(Este post lo he sacado de otro blog y copiado aquí con permiso del autor)