lunes, 25 de noviembre de 2019

El dique

En Nicaragua hay un levantamiento popular en proceso cuya duración se acerca ya a los dos años. Se trata de una insurrección pacífica de un pueblo contra una tiranía que le oprime, que le asfixia, que le impide vivir en paz, en libertad, en democracia. Algunos piensan que ese levantamiento ha sido sofocado, que el pueblo ha sido derrotado pues ya no se ven los signos aparentes de avance, tales como grandes manifestaciones populares. Que el pueblo ha sido derrotado, que todo ha vuelto a la normalidad es la enorme falsedad que la dictadura y sus aliados están propagando a los 4 vientos. La inmovilización de un pueblo a punta de una represión violenta, descabellada, irracional, sin parangón en nuestra historia solo es indicativo de la enorme separación entre pueblo y gobierno, de que lo único que sostiene a la dictadura es su capacidad de represión. Hay claras señales de que el régimen se aferra por la fuerza a un poder que no es suyo, que el pueblo continúa firme en su decisión de recuperar lo que le pertenece: el derecho a escoger su propio gobierno, el derecho a vivir en paz y libertad. No es normal que el gobierno, en lugar de realizar las tareas que le corresponden se dedique nada más que a procurar por todos los medios posibles mantenerse en el poder. La dictadura ha construido un dique enorme para frenar el empuje del pueblo pero ese dique hace agua por todos lados. Sabe la dictadura que aún el chorrito más pequeñito, si no se le contiene, tiene la capacidad de convertirse en una enorme corriente que junto a otras puede echar abajo el dique. Por eso vemos ocurrir cosas tan irracionales como el hecho de apresar y llevar a juicio a jóvenes que llevaban agua a un grupo de mujeres en huelga de hambre en una iglesia pidiendo la liberación de sus hijos e hijas injustamente aprisionados. Un día, la dictadura no tendrá más la capacidad de frenar con su represión el empuje del pueblo insurrecto armado nada más que con su firme voluntad de ser libre. Un día, más temprano que tarde, nuestro pueblo, como un río desbordado, romperá el dique terrible de la dictadura y arrasará con la estirpe tarada, sangrienta y criminal que se ha apoderado de nuestro país.

domingo, 14 de julio de 2019

Yo, feminista


Para quienes no lo sabían lo digo aquí: soy feminista. No lo había dicho porque yo no tengo ninguna importancia. En realidad a muy poca gente le importa qué soy o qué no soy. Cuando Justin Trudeau lo dijo levantó grandes olas a nivel planetario, si yo lo digo no pasa nada, mis palabras caen como un moco en una piscina. Nadie se dará cuenta. Aunque según alguna gente soy más guapo que Trudeau, el tipo además de carismático, es el primer ministro de Canadá y sus palabras tienen peso, se convierten en acciones que tienen que ver con la vida de mucha gente. Yo lo cuento ahora para ver si logro influir en las tres o cuatro personas que leen las cosas que escribo, que escuchan lo que digo. También es por una cuestión de honradez: ahí estoy ahora, como mucha otra gente, empeñado en impulsar un cambio en Nicaragua, en salir de la dictadura y crear una nueva sociedad, más justa e inclusiva. Esa nueva sociedad tiene necesariamente que ser igualitaria. En todos sus aspectos. No podemos seguir así como vamos, tenemos que hacer las cosas de mejor manera.
En esa nueva sociedad en la que pienso, todos, hombres y mujeres, tendríamos que ser feministas. Serlo es vital para una sociedad. Para la nuestra sobre todo, con horribles rasgos que la paralizan: clasismo, racismo, machismo, sexismo y más.
También digo ahora que soy feminista porque he visto de nuevo en estos días una conferencia de Chimamanda Ngozi Adichie y la definición que ella hace de un feminista me lo puso fácil y se lo pone fácil a usted también. En sus palabras: «Feminista es un hombre o una mujer que dice: “Sí, hay un problema con el género tal como existe hoy, y hay que solucionarlo. Tenemos que hacerlo mejor”» Claro, el meollo del asunto es cómo lo solucionamos, pero hay que empezar por reconocerlo y reconocer la necesidad de cambiar las cosas.
Para mis dos hijas, pero también para las hijas de usted, quiero la mejor sociedad, una en que no existan límites a lo que ellas pueden ser y hacer según sus potencialidades. Una en que su género no haga diferencia. Ni su color, ni el estrato social en que se criaron. Porque he visto lo que gana una sociedad cuando las diferencias por cuestiones de género se van difuminando, quiero que en nuestro país empiecen también esas diferencias a desaparecer. De ese modo, no solo las mujeres estarán mejor. Todos seremos mejores, hombres y mujeres. Ahora es el momento de empezar. [El video del que les hablo, que ya es un clásico,  puede verse haciendo click aquí]   

jueves, 20 de junio de 2019

Ahora que estamos solos...



Pienso que los nicas tenemos la tendencia a pensar que nuestro pequeño y lindo país es el centro del mundo. Recuerdo que en los años 80 del siglo pasado hablábamos como si la política exterior de los Estados Unidos y de la ahora desaparecida Unión Soviética se hubiese estado definiendo en Managua. Éramos la colita pero pensábamos que era nuestro movimiento quien movía al perro todo.
Pensar que somos muchísimo más importante de lo que somos puede ser una ilusión muy costosa para nosotros.
Olvidémonos de la loca idea de que los ojos de la comunidad internacional están puestos sobre nosotros y siguen nuestros movimientos atentamente como muchos insisten en decir. Nadie nos está mirando con atención. De vez cuando nos miran, ciudadanos y políticos de otros países, pero hay demasiadas cosas que mirar y atender en el mundo, muchas de ellas más urgentes o a sus ojos más importantes que nuestras cosas y la atención hacia nosotros no puede ser ni muy intensa ni sostenida. El nuestro es un problema más en un mundo lleno de problemas.
Los gobiernos pueden ayudarnos con algunos asuntos. Pueden exigir a nuestro gobierno que cumpla con aquellos compromisos que ha asumido en las organizaciones internacionales. Pueden imponer sanciones al gobierno en caso de incumplimiento a esos compromisos y, como ocurre con el gobierno de los Estados Unidos, pueden imponer sanciones a personas y gobiernos por incumplimiento de su propia legislación. Pero los gobiernos tienen límites a su actuación y esos límites están mucho más lejos de los que algunos de entre nosotros quisieran. Y es bueno que existan límites y que estén ahí donde están.
Pueden también los gobiernos de otros países ayudarnos a entendernos entre nosotros mismos, ayudarnos a arreglarnos. Pueden mediar entre nosotros para que dialoguemos y nos pongamos de acuerdo sobre la manera en que seguiremos adelante después de un conflicto.
Los gobiernos y los pueblos amigos de nuestro pueblo están ayudándonos en todo lo que pueden. Pero no es la “comunidad internacional” quien va a cambiar las cosas por nosotros en favor nuestro. Ni siquiera es una comunidad y no hablan los países con una sola voz. Somos nosotros los nicaragüenses quienes tenemos que arreglarnos y nos guste o no nos guste, una vez que digamos al mundo que nos hemos arreglado ellos nos van a creer y aceptarán nuestro arreglo, no importa si este es un buen o mal arreglo. Así funcionan las cosas.
Por eso es muy importante que hagamos bien las cosas sin esperar a que alguien más venga a arreglarlas por nosotros pues eso no va a ocurrir.
Por eso es muy importante que lo que resulte ahora sea un buen arreglo, un arreglo nacional, uno que otorgue ciertas garantías de que no regresaremos dentro de un par de años a este mismo horror que ahora estamos viviendo.
Por eso no se le puede dejar la negociación de nuestro presente y de nuestro futuro a ese pequeño grupito que ahora está ahí, negociando en nuestro nombre. Ya hemos visto lo que los arreglos de ese grupito de gente producen cuando les dejamos negociar en nuestra representación. Lo vimos en los doce años pasados y por más de un año hemos visto el más horrible rostro del monstruo de cien caras que resultó de la cópula de Ortega con el Cosep. Los mal llamados “empresarios” negociando con Ortega produjeron esta brutal dictadura. Es ingenuo ahora esperar que salga algo muy diferente de una nueva negociación entre los mismos que antes nos negociaron. No, no es ingenuo en realidad: es estúpido.
Solo es posible esperar un arreglo diferente si dejamos fuera de la negociación a la dictadura y al Cosep. Ni la una ni el otro son inocentes. Ya hemos visto lo que hacen con nuestra confianza ¿se la daremos de nuevo?
Bien sabemos lo que ocurre ahí en la oscuridad cuando la dictadura y los "empresarios" se quedan solos. A nuestros oídos llegan los chasquidos de sus inmundos besos y los susurros de sus promesas de amor eterno.
Con la ‘Alianza Cívica’ en diálogo con la dictadura el mensaje que fuera de Nicaragua se recibe es que hay avances, que las cosas se van normalizando. Ese es el mensaje que la dictadura quiere dar y aparentemente los empresarios también. ¿Le parece a usted que es así? ¿Se normaliza el país?
Mire que apenas parezca que estamos 'normal' se olvidarán de nosotros.
El tiempo apremia. Olvídense del fetiche de las elecciones adelantadas que solo sirven a la dictadura y sus socios y regresemos a la lucha por derrocar a la dictadura. Es hora de apartar a la Alianza Cívica, despojarla de cualquier poder de negociación y representación y llamar a un gran diálogo nacional sin Ortega y sin el Cosep, un diálogo para ponernos de acuerdo en cómo seguiremos de aquí en adelante. No podemos dejar a ellos decidir por nosotros lo que pasará con nuestro país, con nuestra sociedad, con nuestras vidas.
La UNAB debería dirigir este esfuerzo, pero si no asume el serio papel que la historia ahora le brinda tendrá que ser dejada de lado también y otros grupos tendrán que llenar ese vacío. Es urgente.
Nadie vendrá a salvarnos de nosotros mismos. Las sanciones pondrán a la dictadura al borde del precipicio, corresponde a nosotros darle el último empujón. Si alguien va ahora a pedir que no se impongan sanciones o que no se aplique la carta democrática, estará traicionando a este pueblo que quiere y necesita salir de la dictadura y empezar a andar hacia la democracia. Nada de "aterrizaje suave", la dictadura debe estrellarse contra el suelo y romperse en  un millón de pedacitos.

domingo, 12 de mayo de 2019

El que no brinque



Creo que tenemos que exprimir el cerebro y usar la imaginación para producir nuestros propios instrumentos para la lucha del presente, pues si usamos las mismas cosas que en el pasado usamos para combatir otras dictaduras o para combatirnos los unos a los otros, corremos el riesgo de reproducir precisamente aquellas características nuestras que deseamos erradicar. Los instrumentos que usamos no son neutrales, están cargados de significado. Voy a usar un ejemplo nada más, para llamar su atención, para ponerle en alerta, si acaso quiere usted estar alerta.
Lo ví el otro día en una transmisión en vivo con cierto pánico y con lástima. Allá en Managua, en una manifestación de nicas que dicen estar contra la dictadura, la gente empezó a corear ‘el que no brinque es sapo’ y a brincar, pues nadie de ese grupo quería parecer 'sapo'. De entre las muchas ‘consignas’ usadas en las manifestaciones de los años de la 'revolución sandinista', aquella que decía ‘el que no brinque es contra’ era una de las que más me disgustaba. Me disgustaba entonces y me disgusta aún más ahora.
La frase no es nada original –en realidad fueron pocas las frases originales en la ‘revolución sandinista’– y yo sabía que era utilizada en Sudamérica por los partidarios de los equipos de futbol en los estadios, solo que en vez de utilizar la palabra “contra” usaban el nombre –o el apodo o la palabra denigrante– de los partidarios del equipo contrario. Lo sabía porque una vez en un programa del gordo Porcel, el cómico argentino, había escuchado la frasecita.
La consigna –todas en general y esta en particular– era un instrumento que servía para darle cohesión al grupo, su repetición creaba un lazo entre sus miembros y reforzaba el sentimiento de pertenencia al grupo. Era una consigna divertida, alegre, jodedora como el pueblo nica, y cada vez que en una manifestación se saltaba, los unos se reían de los otros viendo el esfuerzo de cada cual al saltar, pero sobre todo, los unos se reían con los otros y se fortalecía el sentimiento de camaradería. Este era un lado de la moneda, el lado amable, el lado bueno, pero había un otro lado, el lado tétrico, negativo, feo. En su otro lado la consigna tenía un efecto de exclusión, divisorio, atrayendo a tu círculo a los tuyos y alienando a los otros, dejándolos fuera. Afuera quedaba el que no brincaba y el que no brincaba, como hemos visto, era un "contra", la peor clase de gente según los estándares ‘revolucionarios’, que había que aplastar como se aplasta una alimaña. Si la consigna se hubiese quedado en las plazas en las que las manifestaciones se producían no habría habido problemas, pero la consigna trascendió y se convirtió en un lema omnipresente y ocupó todos los espacios de la sociedad y allá vos tenías que brincar o eras un “contra”.
Brincar, más allá de los espacios de las manifestaciones, en la vida diaria, no era el acto físico de impulsarte hacia arriba y dejar el suelo por un momento, significaba que seguías los lineamientos que llegaban "de arriba” y cumplías con las tareas revolucionarias que de vos se esperaban. Era someterse, despersonalizarse, subordinarse, plegarse, ser de los míos, estar conmigo. El que está conmigo goza de mi protección de mi favor, el otro, el de afuera, el que no está conmigo, el que no brinca pues, el contra, ese que Dios lo guarde porque habrá de saber cuán larga es la hoja de mi bayoneta.
Esa manera de ver el mundo en blanco y negro, de percibir a unos –los que te siguen– como buenos y a otros –los que te adversan– como malos, no fue una invención del sandinismo. Ese modo de excluir al otro, al que no está de acuerdo con vos, al que tiene una opinión diferente y mira las cosas de otro modo, de no dejar espacios de actuación a aquel que no te obedece servilmente, se utilizaba ya desde tiempos inmemoriales en Nicaragua. Somoza perfeccionó la exclusión, la polarización, porque fue el primer gobernante en contar con un ejército nacional único, y tenía en consecuencia la fuerza para hacerlo. Los sandinistas llevaron ese malvado “arte” de la exclusión a su máxima expresión y para ellos “el que no está conmigo contra mí está” adquirió un carácter axiomático y la sociedad se polarizó como nunca antes. Que así haya sido y no de otro modo fue una lástima para un país que ansiaba cambiar para mejorar y dejar de ser la primitiva agrupación humana en que se había convertido bajo la dictadura de Somoza. Pero los comandantes eran el producto nada más de la sociedad en que nacieron y se criaron y no eran ni fueron capaces de trascender. La tarea de dirigir la construcción de una nueva sociedad les quedó demasiado grande. En su caso, el dicho de mi amigo Pablo Salazar “el chancho es como lo crían” nunca fue más cierto. Las perlas no son para los cerdos dice la biblia y ya ves cuán cierto es.
A quien me diga que brinque le responderé con gusto: que brinque tu madre.


[Esta es una versión recortada de un post publicado en 2007 en otro blog mío]



sábado, 4 de mayo de 2019

Aquello que no vemos


Que solo podemos ver aquello que conocemos dijo el sabio alemán Johann Wolfgang von Goethe. La primera vez que la escuché, de boca de un médico amigo mío ya fallecido, aquella frase me sacudió por su enorme significación: es posible que alrededor nuestro estén ahora mismo ocurriendo cosas que no podemos ver porque no las conocemos. Están quizás ahí frente a nuestros ignorantes ojos talvez haciéndonos muecas, pero como nunca las conocimos no somos capaces de verlas.

Siempre odié esa frase de “vamos ganando” que alguien decía con frecuencia y hasta alegremente el año pasado pues lo que entonces tenía lugar no era una competencia, no era un partido de futbol o algo parecido, sino un pueblo que luchaba por su libertad a costa de la vida de muchos de sus mejores hijos, cayendo asesinados cada día. Temía yo entonces que el pueblo creyera que la victoria sería fácilmente reconocible, que pensara que la lucha terminaría con el tirano huyendo apresuradamente como lo hiciera Somoza, y no fuesemos capaces de reconocer la victoria si ésta se presentaba de otra forma. Creo que fue eso lo que ocurrió precisamente en febrero de este año: la dictadura se presentó entonces frente a nuestros ojos, derrotada, pero no nos dimos cuenta, no fuimos capaces de verlo. No conocíamos aquello, nunca habíamos visto una cosa como esta y no supimos interpretarlo como lo que era. Asfixiándose, con los ojos en blanco por la falta de oxígeno, ahogándose en la sangre de los que cayeron desde abril, la dictadura fue en busca de auxilio y lo encontró en sus socios de siempre que viendo, ellos sí, la derrota del amigo, corrieron presurosos en su ayuda, se prestaron a un “diálogo” y lo sacaron de la tumba.

Ese grupo de gente que se hace llamar a sí misma “Alianza Cívica” y no es ninguna de esas dos cosas, arrogándose la representación del pueblo fue a sentarse a la “mesa de negociación” como si representara al grupo derrotado y no, como debía ser, a quien a costa de sus muertos, de su sangre, de sus lágrimas y su enorme sacrificio había ganado aquel desigual combate. Tendrían que haber ido a leer a la dictadura las condiciones en que ella debía rendirse, pero en su lugar los negociadores se rindieron ante el tirano aún antes de sentarse a la mesa. Se hicieron uno con él, para rescatarlo y rescatarse también ellos.

Ni la dictadura ni sus contrapartes en esa mesa consideran valiosa la sangre del pueblo, ni el sufrimiento de los secuestrados siendo torturados día y noche, ni el dolor de los heridos, ni el destino de los desaparecidos, ni el éxodo de decenas de miles, ni los centenares de miles de vidas truncadas, ni el llanto en fin de tanta gente que sufre ahora como nunca antes sufrió. Porque no consideran valioso todo este dolor, los “negociadores” de la “Alianza Cívica” fueron capaces de regalar la costosa victoria del pueblo y la han cambiado por nada, por hojas de papel escrito que no tienen ningún valor, que no sirven para nada. Oro cambiado por baratijas.

Ese opera bufa que se realiza en el INCAE, ese teatro de lo absurdo, debe parar. Ya, de inmediato. Hay que abandonar a la dictadura, quitarle el apoyo, dejarla sola, y la veremos entonces regresar a su lecho de muerte. Hay que apartarse de ella para que no finja que dialoga, para que sea claro a moros y cristianos, los de allá afuera sobre todo, que lo que aquí tenemos es una dictadura criminal armada hasta los dientes imponiéndose a sangre y fuego sobre un pueblo desarmado y pacífico. Regresemos al enfrentamiento puro y duro en el que estábamos y que dio como resultado las sanciones que vienen, la condena internacional, el gobierno convertido en paria, la dictadura en agonía. Dejemos que vengan las sanciones y las otras acciones que vendrán que la debilitarán aún más. Por nuestra parte, tenemos que subir el nivel de nuestra organización. La UNAB, si no quiere volverse irrelevante deberá apartar a los farsantes ‘dialogantes’ y ponerse ella misma al frente de la lucha del pueblo. Si no lo hace solo ella perderá pues saldrán seguramente otras organizaciones que sí lo harán.

No hay nada que dialogar con la dictadura. El diálogo debe producirse pero sin ella, un diálogo entre quienes queremos una nueva sociedad no la supervivencia del viejo orden de cosas en alguna nueva manera que es, a fin de cuentas, lo que persigue ese grupo de gente que acude devotamente al INCAE cada día a celebrar su misa negra.

jueves, 2 de mayo de 2019

La brecha


En un post de hace unos días decía yo que si en Nicaragua queremos tener una sociedad diferente de la que ahora tenemos tendremos que actuar de modo diferente y hacer cosas diferentes de las que hasta ahora hemos hecho. Si queremos un país diferente del que hemos creado no podemos seguir siendo los que hasta ahora hemos sido.

Para empezar, tenemos que hacer evidente que aquí hay dos grupos de personas que quieren diferentes sociedades: los unos, los ‘compañeros’ que apoyan a la dictadura, los otros, los ciudadanos que queremos construir la democracia. Entre ellos y nosotros no puede haber entendimiento pues perseguimos cosas completamente diferentes.

Necesitamos saber quiénes somos y con quién contamos en esta lucha que tenemos ahora y por delante y para eso hay que separarnos claramente y tomar distancia un grupo del otro. Hay una brecha entre ellos y nosotros que es necesario profundizar y hacer más ancha y más larga, alejándonos de ellos de todas las maneras: físicamente, espiritualmente, ideológicamente. Tenemos que dejar de parecernos a ellos, de pensar como ellos, de actuar como ellos, pues siendo como ellos las cosas seguirán como hasta ahora. Al separarnos de ellos la brecha se ampliará y quedará en evidencia que su mundo oscuro se va reduciendo, que ellos no son muchos, que nosotros somos más y que su espacio es muy pequeño en realidad mientras el nuestro se extiende más allá del horizonte. Hay que ampliar la brecha, dejando puentes de una sola vía para facilitar el paso hacia nuestro lado de aquellos que de uno u otro modo se encuentran atrapados al otro lado y desean escapar.

Allá, del otro lado de la brecha quedarán los ‘compañeros’, esos seres humanos que han sido reducidos a entes inferiores que besan las cadenas que les aprisionan y el látigo que les castiga, obedientes, disciplinados, dependientes como niños, fáciles de utilizar y usados por quienes detentan el poder del mismo modo que se usa el trapito de bajar la olla del fuego.

Acá, a este lado de la brecha estaremos los ciudadanos, personas libres, opinando, discutiendo, decidiendo por nosotros mismos, construyendo la nueva sociedad que queremos. A este lado es posible pensar y ser diferente y nadie nos dicta cómo actuar y cómo ser. En nuestra libertad y en nuestra diferencia radica nuestra fuerza.

No tenemos que esperar ni deberíamos esperar a que desaparezca la dictadura para empezar a construir la sociedad que queremos pues la misma construcción de la nueva sociedad acelera la caída de la vieja. La nueva sociedad se construye desde dentro de la antigua, como una semilla que al germinar rompe la envoltura que aprisiona al germen. Cada acción que emprendemos en pro de esa nueva sociedad la hace más fuerte y al mismo tiempo debilita al viejo orden. Lo que hacemos a este lado de la brecha tiene un efecto al otro lado.

Desde este lado de la brecha podemos los ciudadanos decidir que no queremos dejarnos gobernar más por esos que de maneras ilegítimas se han adueñado de todos los poderes. Nosotros tenemos el poder más grande, solo tenemos que estar conscientes de ello: sin pueblo al que gobernar tampoco habrá gobernantes. Nosotros somos el piso sobre el que ellos se paran. Si les quitamos el piso no tendrán dónde pararse. Ni siquiera tenemos que hacerles la guerra, pues eso les fortalece, solo tenemos que quitarles el lomo. No tenemos que salir a enfrentarlos a la calle, dejémosles el asfalto, que se lo coman si quieren. Ya iremos a la calle a celebrar, cuando se hayan ido, o el último día, para sacarlos. La calle es un fetiche, el poder está en otra parte, está en nosotros mismos, hay que mirar hacia adentro.

Podemos dejar de pagarles impuestos, por ejemplo, para que no nos repriman usando nuestro mismo dinero. Podemos encerrarnos todos en nuestras casas y desde allá adentro sonar nuestras vacías ollas, todos al unísono. Si de todos modos no tenemos nada para comer ¿por qué no tener fines de semana de ayuno y oración? Podemos irnos todos a nuestras iglesias y encerrarnos ahí a orar para que se vayan. Piense usted qué cosas podemos hacer para salir de ellos y háganlas usted y los suyos. No le ponga freno a su imaginación. No es cierto que es ‘o diálogo o guerra’, eso es un invento dirigido a inmovilizarlo a usted y solo sirve a la dictadura y a esos que hoy la apoyan dialogando con ella. Dejemos de dialogar y que sea claro que la dictadura está sola frente a todo un pueblo, entonces vendrá a rogarnos que dialoguemos con ella y les enviaremos un emisario, no para dialogar sino para dictarle las condiciones de su rendición, que es lo que la así llamada ‘Alianza Cívica’ debió hacer desde un principio, cuando la dictadura se encontraba, como ahora, al borde del precipicio.

Un día, más temprano que tarde, la dictadura caerá estrepitosamente y entonces nos sorprenderemos de lo débil que estaba y entenderemos que nos dejábamos asustar con el petate del muerto.

domingo, 21 de abril de 2019

Al modo de la mula (o de cómo se le quita un país a un dictador)



Lo he dicho varias veces así que ya es hora de explicar lo que quiero decir cuando digo que para librarnos de la dictadura tenemos que plantarnos como las mulas. Se lo voy a explicar desde el principio.
Un día iba yo viajando con un campesino por un caminito allá en el confín de una colonia de Nueva Guinea, en el Caribe nicaragüense, cada cual montado en una mula y en cierto momento tuvimos que atravesar un puente de madera. Su mula lo cruzó sin problemas, la mula que yo montaba no quiso subir al puente, temerosa quizás, y retrocedió buscando un paso alternativo. Yo quería dejarla hacer como ella quisiera, pero el campesino me detuvo con un gesto.
–No, amigo –me dijo, serio– tiene que hacerla cruzar por el puente si no, esa mula agarra ética.
Era su mula y no la mía así que obedecí y como pude, luchando con ella y batallando por mantenerme en la albarda y clavándole las espuelas, obligué a la mula a cruzar el puente. Pensé en aquel momento que el campesino no sabría lo que significaba la palabra ‘ética’ y que lo que entonces quiso decir fue que la mula agarraría una maña, pero un día, años después, luego de muchos kilómetros recorridos por malos caminos a lomo de mula o a pie jalando otras, terminé enterrado de cabeza en un lodazal al que la mula que montaba me había lanzado, harta de mí pues ya llevaba tres días en su lomo, y entendí entonces que el campesino aquel había empleado la palabra correcta.
Ya me lo había dicho mi padre, que las mulas tienen mala fama gratuita, que no son estúpidas y son animalitos muy inteligentes, más inteligentes que mucha gente que anda por ahí. Tienen las mulas un concepto claro de lo que está bien y de lo que está mal, de lo que es permitido y lo que no lo es y no aceptan así sin más lo que a ellas les parece injusto o incorrecto. No les gusta que las exploten más allá de lo que ellas consideran aceptable y protestan cuando ocurre. Si están acostumbradas a acarrear dos pichingas de leche no aceptarán tranquilamente que un día se les ponga encima una tercera, o un quintal de frijoles además de la leche. No aceptan trabajar más allá de las horas que han aprendido a hacer. Si las monta alguien que no sabe montar, o es muy pesado, o les clava las espuelas sin necesidad y les hace daño, las mulas van a corcovear y buscarán como apearse al montado. Si las ensilla alguien de mal modo o alguien que no sabe hacerlo bien, sin suficientes peleros para protegerles el lomo, por ejemplo, no se dejarán ensillar. Si se las toca por lugares que a ellas no les gusta, como un pie accidentalmente metido en el ijar, van a corcovear también. No les gusta ser maltratadas y no aceptan el maltrato. No aceptan ser tratadas con descuido. Si las tratás bien y cuidas bien de ellas, las mulas estarán contentas y trabajarán con entusiasmo y harán por vos todo lo que esté a su alcance, si no, serán una pesadilla.
La mula tiene sus maneras de hacer saber que no está contenta, que no está de acuerdo. Empieza con pequeñas señales como mover las orejas, o la cola, o la cabeza y si no se le presta atención va subiendo el tono hasta llegar al corcoveo para apearse la carga o el montado. Si nada surte efecto y no se le presta atención, la mula recurre a su más refinado instrumento, su herramienta última: se planta. Se detiene y se queda parada y si está realmente harta, o cansada y a punto de reventar, se echa y de ahí no se mueve más hasta que descansa, o es aliviada de parte de su carga o se soluciona lo que sea que la molesta, pero si nada cambia, si no se remedia la situación que motivo el plantarse ahí se quedará per saecula saeculorum. La mula está dispuesta a dejarse matar antes que aceptar la injusticia, el maltrato. No aceptará seguir adelante con una carga demasiado pesada o una albarda chimándole el lomo y creándole una llaga. Así plantada más de una ha muerto bajo el garrote de un amo violento, ingrato y estúpido. La mula es la maestra de la lucha no violenta, es al reino animal lo que Mahatma Gandhi es a los humanos.
Creo que tenemos mucho que aprender de las mulas. Tendríamos que haber aprendido antes, pero nunca es demasiado tarde. Tendríamos que haber reclamado cada vez que se violaron nuestros derechos, cada vez que nos acallaron con violencia, cada vez que nos impusieron cargas demasiado pesadas. Tendríamos que haber reaccionado vivamente mucho antes de abril del pasado año. Tendríamos que haber corcoveado antes y apeado de encima la carga, no dejarles montar tan largamente sobre nuestros lomos, pero aún no es tarde y por suerte hemos despertado y aún le quedan a la mula muchos trucos, aún le queda su truco último, el decir ‘matame si querés, hijo de puta, pero yo de aquí no me muevo, quien se va sos vos, no yo’ y plantarse.
¿Cómo se traduce eso en acciones? Ya andan varios hablando de estas cosas, tenemos que escucharnos los unos a los otros, ponernos de acuerdo, organizarnos. Organización es la palabra vital.
En este escrito que les recomiendo leer encarecidamente, el ciudadano que lo escribe nos dice que terminar de demoler el ‘edificio de la opresión’ que ‘está dañado estructuralmente’ y construir un nuevo edificio, uno democrático, se puede hacer con ‘desobediencia civil, parálisis fiscal, paro económico, y una eventual ocupación de las calles’. Yo pienso que eso es precisamente plantarse como las mulas. Que no nos puedan gobernar, que no tengan lomos en los que subirse, en los que poner sus cargas. ¿Se imaginan ustedes qué pasaría si todas las mulas juntas nos plantáramos simultáneamente? ¿se imaginan qué ocurriría si les quitáramos el lomo a la dictadura, si no tuvieran mula en que montarse? Yo creo que no les quedaría más remedio que irse.
¿Que eso no es fácil? Claro que no es fácil. Ninguna mujer que ha parido dirá que su parto fue fácil, pero ninguna dice que todo aquel dolor para parir su retoño no valió la pena. Todo este dolor habrá valido la pena cuando veamos el rostro de la nueva Nicaragua, la democrática.

jueves, 18 de abril de 2019

Los dos mundos



¿Cómo te cuento esto, Margarita? ¿Cómo te explico pequeña, lo que pasa en ese país que tanto quiero? Hoy la mar no está linda, está muy agitada, y el viento, que alguna vez llevó esencia sutil de azahar, ahora, soplando desde El Carmen, sólo arrastra un terrible, triste olor a muerte y a flores podridas.
Lo que voy a contarte lo sabe la gente de allá, y si no lo sabe lo intuye más o menos claramente.
En Nicaragua, ahí frente a los ojos de todos, coexisten dos mundos muy diferentes el uno del otro. Coexisten en el mismo espacio físico, pero también en otros espacios, intangibles, o si querés, imaginarios.
Uno de esos mundos, que a falta de nombre y siguiendo la tradición de asociar lo que creemos malo con la oscuridad, podemos llamar ‘el mundo oscuro’, es una mezcla desordenada y confusa de nuestras peores cosas, de nuestras peores costumbres, de nuestras peores ideas. Es lo más feo, lo más repugnante y repudiable que somos y tenemos. Nuestros peores instintos campean ahí y florecen. Hay corrupción ahí, que lo penetra todo. Hay superstición, miedo, ignorancia y violencia en ese mundo pues se nutre de esas y otras cosas negativas y a más presencia de ellas más fuerte, más extenso, se hace ese mundo oscuro. En ese mundo se dictan disposiciones que vienen “de arriba” y que los de abajo deben seguir sin rezongar. Les dictan las cosas que deben decir, cómo deben actuar, qué cosas deben pensar. Nadie puede salirse de la ‘línea’ que se les manda desde “arriba” so pena de ser castigado duramente. No hay libertad en ese mundo, no hay posibilidad de ser diferentes, los individuos están todos obligados a ser homogéneos. El ciudadano desaparece para dar lugar a un ente inferior, el ‘compañero’, un ser no libre, obediente, disciplinado, dependiente como un niño, fácil de utilizar y frecuentemente utilizado cuando a los “de arriba” les viene a bien.
Ese mundo oscuro no es un estado natural, es una fabricación muy antigua y hay grupos de gente, que llamaremos ‘las élites’, que para su provecho lo han mantenido vivo a lo largo de siglos. A esos grupos les interesa su existencia pues solo en un mundo como ese pueden realizar sus sucios negocios y aumentar sus malhabidas fortunas. En un mundo libre, si tuviesen que trabajar honradamente, esos grupos no prosperarían.
Es justo decir que aunque ese mundo oscuro existe desde tiempos inmemoriales es en los últimos tiempos que ha alcanzado los más horribles extremos, que quizás solo conoció allá en sus inicios. Mientras todos estábamos encadenados al remo y remábamos sin chistar, los perros que nos vigilan nos mostraban los dientes y a veces nos mordían, pero no nos mordieron tan terriblemente como ahora, no nos despedazaron así como lo hacen ahora.
El objetivo de quienes dirigen y se lucran de ese mundo oscuro es ocupar con su mundo todo espacio de la sociedad, los físicos y los intangibles y avanzan agresivamente sobre esos espacios, ocupándolos por la fuerza. Ese mundo viejo es pasado persistente que quiere permanecer, ser presente siempre, y quienes están arriba defienden su permanencia a sangre y fuego pues de la existencia de ese mundo depende la existencia misma de las élites.
El otro mundo, que llamaré ‘mejor’ a falta de palabras precisas para describirlo, es uno nuevo, que apenas empezamos a vislumbrar, en el que apenas empezamos a pensar y empezamos a imaginar, cuyas características vamos percibiendo cada vez más claramente pues se hacen más visibles mientras más hablamos de ellas, pues nuestras palabras, al igual que nuestras acciones, le van dando forma a ese mundo nuevo. Lo van creando.
A diferencia del mundo oscuro, en este otro mundo viven gentes libres, ciudadanos, acá es posible pensar y ser diferente y nadie dicta líneas a seguir, por eso, personas que han escapado del mundo oscuro y son recién llegados a este mundo mejor, tienen problemas de adaptación y a primera vista les parece caótico tanta opinión diferente y les produce temor, acostumbrados como están a seguir a un líder y no a dirigir ellos mismos sus propias vidas y tomar sus propias decisiones. Algunos llaman a este mundo “Democracia”.
Hay un muro enorme, invisible para muchos, entre estos dos mundos. Sabemos que está ahí porque constantemente nos damos con la nariz contra él, pero no todos lo perciben y no siempre. Hay gente que podía verlo y advirtió de su existencia, pero no siempre les creímos. De un tiempo a esta parte es visible para muchas gentes más. Ese muro ha sido erigido para contener a los habitantes dentro del mundo oscuro, para evitar que escapen hacia el mundo mejor, para evitar que los ‘compañeros’ se conviertan en ciudadanos, que se conviertan en hombres y mujeres con todas las libertades, pues entonces se desplomará el mundo oscuro, se terminará el negocio de las élites.
En la actualidad hay pánico en el mundo oscuro pues el muro ha empezado a caerse, primero en pedacitos, luego en enormes secciones y el muro mismo y los huecos por donde se puede escapar son vistos cada vez por más gentes, que están huyendo hacia el otro lado pues saben que al otro lado hay un mundo mejor. Saben que del otro lado volverán otra vez a ser personas o lo serán por vez primera. Más y más gente está dándose cuenta de la existencia de ese otro mundo y están migrando hacia él, debilitando con su partida el mundo oscuro.
El mundo oscuro tiene una debilidad inmanente. Siendo como es, oscuro, es sensible a la luz. La oscuridad no tiene materia, es solamente ausencia de luz y ahí donde la luz llega, el mundo oscuro desaparece y cada vez que alguien emigra del mundo oscuro hacia el nuevo mundo una nueva luz se enciende. El mundo mejor es luminoso y viene avanzando con su luz sobre los territorios que antes ocupó el mundo oscuro. Pero no solo eso. Cada vez que alguien escapa hacia el mundo mejor, el mundo oscuro se contrae y caen ladrillos del muro de separación. El muro se está derrumbando y el mundo oscuro está contrayéndose mientras el mundo mejor crece. Las élites no se resignan y aún piensan que es posible evitar su derrumbe, pero este es inevitable.
Ese mundo oscuro es como uno de esos monstruos en los juegos electrónicos a los que mientras más duro les damos, mientras más energía utilizamos para destruirlos, más grandes y fuertes se hacen, por eso la manera de combatirlo no es utilizando esa energía negativa de la que se alimenta, no es entrando en su juego, sino por el contrario es enfocándose en construir el mundo nuestro, en desconocer el mundo oscuro, en traer para nuestro lado a más gentes, en dejar que el otro mundo se contraiga, se desplome con nuestra ausencia. Puesto que ese mundo oscuro se alimenta de lo negativo, de la violencia, del odio, quieren empujarnos hacia la violencia, quieren obligarnos a mostrar nuestros dientes y morder nosotros también, a agarrar el garrote y partir cráneos nosotros también. Si lo hacemos solo estaremos haciendo más fuerte, más extenso, más oscuro ese horroroso mundo.
Para poder destruirlo debemos abandonar ese mundo oscuro, desalojarlo de todos los espacios que ocupa. Hay que abrir el muro para que más gente salga, hay que arrojar más luz sobre la oscuridad. Debemos dejar de ser como ellos, de actuar como ellos, de mirar a las cosas como las miran ellos. Debemos actuar según otros valores. Dejemos solos a los dueños del mundo oscuro. Hagamos como si su mundo no existiera. Miremos a través de ellos como si fuesen transparentes. Eso, en la práctica significa dejar de obedecerles, dejar de pagarles impuestos, dejar de darles dinero con el que compran fusiles para culatearnos, para dispararnos. Significa escamotearles el país, hacerlo ingobernable, desaparecerlo frente a sus ojos. No lucharemos con sus armas, no arrancaremos un diente por otro diente ni sacaremos un ojo para vengar otro. Lo he dicho mil veces y seguro que ya aburro pero la mula, esa animalita que pensamos estúpida, nos muestra la manera de luchar contra ese mundo oscuro. Si decide que la carga es muy pesada o el camino muy difícil la mula se detiene y se queda parada, o se echa, y no hay nada que el arriero pueda hacer para echarla a andar. Una mula plantada es inamovible. Usted puede matarla a palos pero la mula no se moverá y si la mata usted perderá la mula y la carga. A una mula plantada hay que bajarle la carga, dejarla descansar y ponerle luego una carga más liviana y entonces se moverá, si quiere. Aún no hemos probado seriamente el plantarnos como las mulas. Quizás sería bueno que en nuestros bailes pusiéramos de moda el paso de la mula.
Para terminar, pienso que ‘ganar la calle’ no debe ser el fin en sí, como parece ser para algunos. La calle no debe preocuparnos, un día la ocuparemos completamente y saldremos a ella a cantar y bailar, el último día, el día que se vayan. Ganémosles el país, las calles vendrán por añadidura. Dejémosles el adoquín, a fin de cuentas nadie puede comer adoquines.

domingo, 14 de abril de 2019

Jedno serce


No me cabe duda de que en alguna parte, que no es el INCAE, se está cocinando o se habrá cocinado ya, un nuevo pacto en el que como tantas veces ha ocurrido en nuestro país, las élites le cortan el paso al movimiento popular que clama por democracia, justicia y libertad y en vez de eso les dan arreglos en los que como dijera el Nuncio Sommertag, “prevalece el sentido común”. Son arreglos en los que la cosa cambia para que no cambie nada, pues como escribiera Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, refiriéndose al pacto que en 1971 firmaran Somoza y Agüero, conocido como ‘Kupia Kumi’: “los pactos no significan cambios, sino reafirmación del sistema presente”.
Creo que si aún no nos presentan el arreglo al que han llegado, el nuevo pacto, es porque falta todavía afinar los últimos detalles o limar las últimas asperezas. Falta quizás terminar de convencer a algunos de los verdaderos negociantes de dejar los remilgos y como dice el dicho ‘tragarse ese sapo’. O quizás es solo que aunque el pacto ha sido ya finalizado, los pactistas están esperando a que ocurra algo que obligue a la gente a aceptar sin chistar el arreglo que han hecho la dictadura, el ‘gran capital’, el Vaticano y los yanquis. Falta aún que ocurra algo muy dramático, que probablemente ellos mismos están preparando, que haga que la gente vea este pacto como la única opción, la única salida posible. El nuevo pacto será presentado como eso o la guerra, será como dijera el nuncio “la solución negociada y pacífica que las partes (serán) realmente capaces de respetar”.
¿Qué forma tendrá ese nuevo pacto? No será nada nuevo, eso se lo puedo asegurar. Ni las dictaduras ni aquellos que con ellas pactan son originales, siempre transitan por los mismos, trillados caminos. Ortega, cuyos ídolos no son ni Marx ni Lenin a quienes nunca leyó, sino los Somoza, el primero de ellos sobre todo cuyos métodos copió al pie de la letra, seguirá el mismo camino que los Somoza siguieron en situaciones como la presente. Lo que viene en los párrafos siguientes es mi especulación. Como en ajedrez, en estas cosas se vale pensar qué hará el contrincante, cuáles son sus planes, qué persigue moviendo esta o la otra pieza. No es la mía, sin embargo, especulación que viene del aire, está basada en la lectura de nuestra historia de pactos, en la observación de lo que los yanquis dicen, en la lectura de la ‘línea vaticana’ que el Nuncio Sommertag muy bien explica en su entrevista a la Radio Vaticana, y en la observación que en estos días realizan los segundones de la dictadura y del ‘gran capital’, el segundón de Almagro y el segundón de Parolin.
Pienso que, muy similar a lo que resultó del ‘Kupia Kumi’, de este nuevo pacto que quizás pasará a la historia de la ignominia como el ‘Ortega-Tünnermann’, entre otras cosas saldrá:
  • amnistía para Ortega y los suyos
  • convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente
  • elecciones a realizarse en el 2021
  • recomposición y reforma del Consejo Supremo Electoral
Lo más probable es que los yanquis obliguen a Ortega a abandonar la dirección del Poder Ejecutivo y de la dirección visible del partido FSLN y a comprometerse a retirarse de la vida pública, a cambio de no meterse con él y dejarlo disfrutar de 'su' fortuna. Ortega abandonará pues la presidencia ‘en aras de la paz’ y en su lugar un triunvirato, o más probablemente una junta de gobierno de 5 miembros, hombres seguramente todos ellos, asumirá la dirección del ejecutivo hasta entregarla a la persona que resultara electa presidente en el 2021. La composición de esa junta de transición no es muy difícil de predecir. Estará probablemente compuesta de un hombre fiel al Vaticano (¿Humberto Belli?), una ‘persona de reconocida integridad y probidad’ (probablemente Carlos Tünnermann), un hombre de los yanquis (que probablemente no será Félix Maradiaga pues quizás lo lanzarán a elección en 2021) y del gran capital (¿Juan Sebastián Chamorro?), y dos otros más que pueden ser dos hombres de la dictadura o uno de la dictadura y otro de un partido zancudo.
Esto es pues lo que pienso puede ser presentado en la semana siguiente a la Semana Santa. Es una posibilidad, a mi juicio un escenario posible. Habrá que ver qué cosa terrible planea hacer la dictadura en Semana Santa para que la gente acepte sin rebelarse el pacto que presentará la semana siguiente.
Yo pienso que desde ya habría que desconocer a la Alianza Cívica y cualquier pacto que de ese 'diálogo' surgiera. ¿Usted qué piensa? ¿lo aceptará?

* Jedno serce = kupia kumi = un solo corazón
* En la foto: acto de firma del pacto Kupia kumi entre Anastasio Somoza y Fernando Agüero, 

jueves, 11 de abril de 2019

El diálogo no es la salida pacífica



Que el diálogo es la única salida pacífica a la crisis que atraviesa el país, dicen aquellos que lo promueven, que tienen una silla en él y escupen en esa rueda. Pero esa frase es un engaño. Con ella se pretende castrar la imaginación del pueblo, para que nadie busque otra salida, para que todos se casen con esta noción que Ortega y el Gran Capital quieren imponernos porque esa componenda que ahora arreglan es la salida que conviene a ellos, los negociadores de ambos lados. Son ellos quienes se benefician de esa negociación. El dialogo es la única salida para la dictadura, es el rescate de la dictadura. A nosotros no nos sirve.
Tenemos que estar claros de esto: ese diálogo no es, como dicen, ‘la única salida’ y es, además, la más violenta de todas las salidas posibles, la menos pacífica de ellas. Ya hemos visto que mientras ese diálogo se producía el año pasado, los crímenes de la dictadura continuaban. No hubo nada pacífico en ese diálogo, ni antes, ni durante ni después de esas conversaciones. Lo hemos visto también ahora en este diálogo reeditado que empezó a finales de febrero. Mientras dialoga, la dictadura sigue robando, matando, hiriendo, secuestrando, torturando a nuestro pueblo, como lo hizo en el primer diálogo, aunque ahora en menor medida porque aparentemente controlan la situación.
La cosa no termina ahí, sin embargo, pues si las partes en ese diálogo llegaran a un acuerdo eso significaría que Ortega y su gente saldrán amnistiados en el arreglo que se produjera. Ortega ha acudido a ese dialogo a procurarse, entre otras cosas, una amnistía para él y los suyos, la garantía de su impunidad. El grupo de negociadores de la mal llamada “Alianza Cívica” sabe muy bien esto y sabiéndolo está sentada, atornillada, a esa mesa. Quizás ya han alcanzado un acuerdo en el que entre otras cosas hay amnistía para Ortega pero posiblemente tardan en presentárnoslo porque aún no han encontrado la manera de dorarnos la píldora. Quizás están esperando a que ocurra algo que haga que la gente acepte sin chistar el arreglo con la dictadura.
El diálogo, eso que presentan como una salida ni siquiera lo es, es una nueva entrada para un nuevo co-gobierno de la dictadura con los empresarios, que será más de lo mismo, más de lo que hemos vivido en estos 12 años: más represión, más violencia, más crimen, más muertes, más desaparecidos, más Ortega-Murillo. De nada habrá servido la dolorosa lucha de un año entero por todo un pueblo. Decir que esta salida es pacífica es decir que la dictadura es pacífica. ¿Pretenden burlarse de nosotros? ¿‘Pacífico’ un co-gobierno con la dictadura? A otro tonto con ese cuento. Lo que nos están proponiendo no es paz, es violencia pura, es muerte, es terror, es horror. Como dice un bloguero amigo, hay que oponerse al diálogo, porque el diálogo es el camino a la amnistía, y a través de la amnistía, a la continuidad del FSLN como fuerza subversora de cualquier democracia.
Es hora de desconocer ese diálogo y de rechazar eso que dicen es una “salida pacífica”. Es hora de desconocer a esos que se llaman a sí mismos ‘negociadores’ y solo son los segundones del ‘gran capital’ jugando a dialogar con los segundones de la dictadura mientras allá tras bambalinas, sus amos hacen la verdadera negociación. Es hora de separar la paja del trigo y salir de una vez de esa aberración que se llama ‘Alianza Cívica’.
La salida realmente pacífica es la vía de la rebelión desarmada que este pueblo sabiamente escogió hace un año y que ha sido continuamente saboteada por intereses que no son los del pueblo. Esta lucha es la que puede dar al trasto con la dictadura. Yo no puedo decirle que por esta vía no habrá más muertos, más violencia, más sufrimiento, pues esto no depende de nosotros, la dictadura nos atacará siempre, si hacemos algo y si no hacemos nada pues su esencia es criminal, eso no podemos cambiarlo. De lo que si estoy seguro es que esta es la vía más eficiente, más corta para llegar al país que queremos.
La UNAB debería asumir ahora de una vez, con valentía, el papel que tendría que haber asumido desde hace tiempo ya: el papel aglutinador de las fuerzas que el pueblo le ha mandado asumir. Necesita la UNAB ponerse en primera fila de una lucha frontal contra la dictadura donde el único diálogo posible es entre los patriotas pues con la dictadura no hay nada que hablar. Tenemos que dialogar y ponernos de acuerdo en los métodos, en las acciones a emprender para salir de la tiranía, para trazar una estrategia de lucha por la democracia.
Ya vimos como el año pasado el pueblo alzado pacíficamente puso a la dictadura al borde del precipicio. Ahora andan por ahí algunos diciendo que ya no es tiempo para estas cosas, que ya pasó la oportunidad, pero eso no es cierto. Mientras la dictadura esté viva la lucha debe seguir y debe aún continuar cuando la hayamos enterrado pues la lucha apenas entonces empezará, pues tendremos entonces que construir un país. ¡Y hay tantas cosas que pueden hacerse para combatir pacífica y efectivamente a la dictadura! Es cuestión de sentarse y discutir sobre las opciones que tenemos.
Yo no puedo imaginar todo lo que es posible hacer, nadie puede en solitario hacerlo, esta es una acción que necesita que nos juntemos todos, que juntemos, como dijo nuestro poeta 'tantos vigores dispersos' que andan por ahí. No puedo imaginar pues qué podemos hacer, pero la desobediencia civil seriamente practicada, la parálisis fiscal, el paro económico y una eventual ocupación de las calles son armas de lucha muy eficientes que han dado resultados en otras sociedades, en diversas épocas. Hay que poner a trabajar la imaginación, no admitir ningún freno para ella. Se trata de dejar a la dictadura sola con sus sicarios, con sus fusiles, con sus balas, y quitarles el país de entre las manos, hacerlo ingobernable, hacerlo desaparecer frente a sus ojos, profundizar la brecha que separa las dos realidades paralelas que ya existen en nuestra sociedad: la una el mundo de ellos, el mundo de la muerte, y la otra nuestro mundo lleno de vida, de espera paciente, de desobediencia, de creación de una nueva realidad, de una nueva sociedad, de una nueva manera de relacionarnos, de vivir. No se puede gobernar y no va a ninguna parte un país de zombis, de asesinos a sueldo. Si nosotros, los ciudadanos, no nos dejamos gobernar tampoco tiene existencia un gobernante. Lo he dicho ya cien veces: si nos plantamos, como las mulas, nadie nos moverá.
Con todo lo que le digo probablemente me ve usted como loco, como iluso, y no importa, véame como loco pero júntese conmigo y juntémosnos todos los locos y hagamos, sin miedo, un país de locos, pero no de esa locura sicodélica opresiva, asfixiante, empequeñecedora, no, nada de ese horrendo engendro de pequeñísimas mentes ¡no! Creemos una sociedad de locos felices, donde todos quepamos, donde dé gusto vivir y no deseemos escapar a otros países, donde queramos, sin miedo, tener a nuestros hijos y verles crecer felices. Estamos ahora a las puertas de todo esto, no dejemos escapar esta oportunidad. Si la dejamos escapar pasará mucho tiempo y correrá mucha sangre antes de que vuelva a presentarse. Puede ser que de tanto pensar en esto se me ha secado el seso, pero puede ser que no esté tan loco. ¿usted qué piensa?