En Nicaragua hay un levantamiento popular en proceso cuya duración
se acerca ya a los dos años. Se trata de una insurrección pacífica
de un pueblo contra una tiranía que le oprime, que le asfixia, que
le impide vivir en paz, en libertad, en democracia. Algunos piensan
que ese levantamiento ha sido sofocado, que el pueblo ha sido
derrotado pues ya no se ven los signos aparentes de avance, tales
como grandes manifestaciones populares. Que el pueblo ha sido
derrotado, que todo ha vuelto a la normalidad es la enorme falsedad
que la dictadura y sus aliados están propagando a los 4 vientos. La
inmovilización de un pueblo a punta de una represión violenta,
descabellada, irracional, sin parangón en nuestra historia solo es
indicativo de la enorme separación entre pueblo y gobierno, de que
lo único que sostiene a la dictadura es su capacidad de represión.
Hay claras señales de que el régimen se aferra por la fuerza a un
poder que no es suyo, que el pueblo continúa firme en su decisión
de recuperar lo que le pertenece: el derecho a escoger su propio
gobierno, el derecho a vivir en paz y libertad. No es normal que el
gobierno, en lugar de realizar las tareas que le corresponden se
dedique nada más que a procurar por todos los medios posibles
mantenerse en el poder. La dictadura ha construido un dique enorme
para frenar el empuje del pueblo pero ese dique hace agua por todos
lados. Sabe la dictadura que aún el chorrito más pequeñito, si no
se le contiene, tiene la capacidad de convertirse en una enorme
corriente que junto a otras puede echar abajo el dique. Por eso vemos
ocurrir cosas tan irracionales como el hecho de apresar y llevar a
juicio a jóvenes que llevaban agua a un grupo de mujeres en huelga
de hambre en una iglesia pidiendo la liberación de sus hijos e hijas
injustamente aprisionados. Un día, la dictadura no tendrá más la
capacidad de frenar con su represión el empuje del pueblo insurrecto
armado nada más que con su firme voluntad de ser libre. Un día, más
temprano que tarde, nuestro pueblo, como un río desbordado, romperá
el dique terrible de la dictadura y arrasará con la estirpe tarada,
sangrienta y criminal que se ha apoderado de nuestro país.
lunes, 25 de noviembre de 2019
domingo, 14 de julio de 2019
Yo, feminista
Para quienes no lo sabían lo digo aquí: soy feminista. No lo había
dicho porque yo no tengo ninguna importancia. En realidad a muy poca
gente le importa qué soy o qué no soy. Cuando Justin Trudeau lo dijo
levantó grandes olas a nivel planetario, si yo lo digo no pasa nada,
mis palabras caen como un moco en una piscina. Nadie se dará cuenta.
Aunque según alguna gente soy más guapo que Trudeau, el tipo
además de carismático, es el primer ministro de Canadá y sus
palabras tienen peso, se convierten en acciones que tienen que ver
con la vida de mucha gente. Yo lo cuento ahora para ver si logro
influir en las tres o cuatro personas que leen las cosas que escribo,
que escuchan lo que digo. También es por una cuestión de honradez:
ahí estoy ahora, como mucha otra gente, empeñado en impulsar un
cambio en Nicaragua, en salir de la dictadura y crear una nueva
sociedad, más justa e inclusiva. Esa nueva sociedad tiene
necesariamente que ser igualitaria. En todos sus aspectos. No
podemos seguir así como vamos, tenemos que hacer las cosas de mejor
manera.
En
esa nueva sociedad en la que pienso, todos, hombres y mujeres,
tendríamos que ser feministas. Serlo es vital para una sociedad.
Para la nuestra sobre todo, con horribles rasgos que la paralizan:
clasismo, racismo, machismo, sexismo y más.
También
digo ahora que soy feminista porque he visto de nuevo en estos días
una conferencia de Chimamanda Ngozi Adichie y la definición que ella
hace de un feminista me lo puso fácil y se lo pone fácil a usted
también. En sus palabras: «Feminista es un hombre
o una mujer que dice: “Sí, hay un problema con el género tal
como existe hoy, y hay que solucionarlo. Tenemos que hacerlo mejor”»
Claro, el meollo del asunto es cómo lo solucionamos, pero hay que
empezar por reconocerlo y reconocer la necesidad de cambiar las
cosas.
Para
mis dos hijas, pero también para las hijas de usted, quiero la mejor
sociedad, una en que no existan límites a lo que ellas pueden ser y
hacer según sus potencialidades. Una en que su género no haga
diferencia. Ni su color, ni el estrato social en que se criaron.
Porque he visto lo que gana una sociedad cuando las diferencias por
cuestiones de género se van difuminando, quiero que en nuestro país
empiecen también esas diferencias a desaparecer. De ese modo, no
solo las mujeres estarán mejor. Todos seremos mejores, hombres y
mujeres. Ahora es el momento de empezar. [El video del que les hablo, que ya es un clásico, puede verse haciendo click aquí]
jueves, 20 de junio de 2019
Ahora que estamos solos...
Pienso que los nicas tenemos la tendencia a pensar que nuestro
pequeño y lindo país es el centro del mundo. Recuerdo que en los
años 80 del siglo pasado hablábamos como si la política exterior
de los Estados Unidos y de la ahora desaparecida Unión Soviética se
hubiese estado definiendo en Managua. Éramos la colita pero
pensábamos que era nuestro movimiento quien movía al perro todo.
Pensar que somos muchísimo más importante de lo que somos puede ser
una ilusión muy costosa para nosotros.
Olvidémonos de la loca idea de que los ojos de la comunidad
internacional están puestos sobre nosotros y siguen nuestros
movimientos atentamente como muchos insisten en decir. Nadie nos está
mirando con atención. De vez cuando nos miran, ciudadanos y
políticos de otros países, pero hay demasiadas cosas que mirar y
atender en el mundo, muchas de ellas más urgentes o a sus ojos más
importantes que nuestras cosas y la atención hacia nosotros no puede
ser ni muy intensa ni sostenida. El nuestro es un problema más en un
mundo lleno de problemas.
Los gobiernos pueden ayudarnos con algunos asuntos. Pueden exigir a
nuestro gobierno que cumpla con aquellos compromisos que ha asumido
en las organizaciones internacionales. Pueden imponer sanciones al
gobierno en caso de incumplimiento a esos compromisos y, como ocurre
con el gobierno de los Estados Unidos, pueden imponer sanciones a
personas y gobiernos por incumplimiento de su propia legislación.
Pero los gobiernos tienen límites a su actuación y esos límites
están mucho más lejos de los que algunos de entre nosotros
quisieran. Y es bueno que existan límites y que estén ahí donde
están.
Pueden también los gobiernos de otros países ayudarnos a
entendernos entre nosotros mismos, ayudarnos a arreglarnos. Pueden
mediar entre nosotros para que dialoguemos y nos pongamos de acuerdo
sobre la manera en que seguiremos adelante después de un conflicto.
Los gobiernos y los pueblos amigos de nuestro pueblo están
ayudándonos en todo lo que pueden. Pero no es la “comunidad
internacional” quien va a cambiar las cosas por nosotros en favor
nuestro. Ni siquiera es una comunidad y no hablan los países con una
sola voz. Somos nosotros los nicaragüenses quienes tenemos que
arreglarnos y nos guste o no nos guste, una vez que digamos al mundo
que nos hemos arreglado ellos nos van a creer y aceptarán nuestro
arreglo, no importa si este es un buen o mal arreglo. Así funcionan
las cosas.
Por eso es muy importante que hagamos bien las cosas sin esperar a
que alguien más venga a arreglarlas por nosotros pues eso no va a
ocurrir.
Por eso es muy importante que lo que resulte ahora sea un buen
arreglo, un arreglo nacional, uno que otorgue ciertas garantías de
que no regresaremos dentro de un par de años a este mismo horror que
ahora estamos viviendo.
Por eso no se le puede dejar la negociación de nuestro presente y de
nuestro futuro a ese pequeño grupito que ahora está ahí,
negociando en nuestro nombre. Ya hemos visto lo que los arreglos de
ese grupito de gente producen cuando les dejamos negociar en nuestra
representación. Lo vimos en los doce años pasados y por más de un
año hemos visto el más horrible rostro del monstruo de cien caras
que resultó de la cópula de Ortega con el Cosep. Los mal llamados
“empresarios” negociando con Ortega produjeron esta brutal
dictadura. Es ingenuo ahora esperar que salga algo muy diferente de
una nueva negociación entre los mismos que antes nos negociaron. No,
no es ingenuo en realidad: es estúpido.
Solo es posible esperar un arreglo diferente si dejamos fuera de la
negociación a la dictadura y al Cosep. Ni la una ni el otro son
inocentes. Ya hemos visto lo que hacen con nuestra confianza ¿se la
daremos de nuevo?
Bien sabemos lo que ocurre ahí en la oscuridad cuando la dictadura y
los "empresarios" se quedan solos. A nuestros oídos llegan
los chasquidos de sus inmundos besos y los susurros de sus promesas
de amor eterno.
Con la ‘Alianza Cívica’ en diálogo con la dictadura el mensaje
que fuera de Nicaragua se recibe es que hay avances, que las cosas se
van normalizando. Ese es el mensaje que la dictadura quiere dar y
aparentemente los empresarios también. ¿Le parece a usted que es
así? ¿Se normaliza el país?
Mire que apenas parezca que estamos 'normal' se olvidarán de
nosotros.
El tiempo apremia. Olvídense del fetiche de las elecciones
adelantadas que solo sirven a la dictadura y sus socios y regresemos
a la lucha por derrocar a la dictadura. Es hora de apartar a la
Alianza Cívica, despojarla de cualquier poder de negociación y
representación y llamar a un gran diálogo nacional sin Ortega y sin
el Cosep, un diálogo para ponernos de acuerdo en cómo seguiremos de
aquí en adelante. No podemos dejar a ellos decidir por nosotros lo
que pasará con nuestro país, con nuestra sociedad, con nuestras
vidas.
La UNAB debería dirigir este esfuerzo, pero si no asume el serio
papel que la historia ahora le brinda tendrá que ser dejada de lado
también y otros grupos tendrán que llenar ese vacío. Es urgente.
Nadie vendrá a salvarnos de nosotros mismos. Las sanciones pondrán
a la dictadura al borde del precipicio, corresponde a nosotros darle
el último empujón. Si alguien va ahora a pedir que no se impongan
sanciones o que no se aplique la carta democrática, estará
traicionando a este pueblo que quiere y necesita salir de la
dictadura y empezar a andar hacia la democracia. Nada de "aterrizaje
suave", la dictadura debe estrellarse contra el suelo y romperse
en un millón de pedacitos.
domingo, 12 de mayo de 2019
El que no brinque
Creo que tenemos que exprimir el cerebro y usar la imaginación para
producir nuestros propios instrumentos para la lucha del presente,
pues si usamos las mismas cosas que en el pasado usamos para combatir
otras dictaduras o para combatirnos los unos a los otros, corremos el
riesgo de reproducir precisamente aquellas características nuestras
que deseamos erradicar. Los instrumentos que usamos no son neutrales,
están cargados de significado. Voy a usar un ejemplo nada más, para
llamar su atención, para ponerle en alerta, si acaso quiere usted
estar alerta.
Lo ví el otro día en una transmisión en vivo
con cierto pánico y con lástima. Allá en Managua, en una
manifestación de nicas que dicen estar contra la dictadura, la gente
empezó a corear ‘el que no brinque es sapo’ y a brincar, pues
nadie de ese grupo quería parecer 'sapo'. De entre las muchas
‘consignas’ usadas en las manifestaciones de los años de la
'revolución sandinista', aquella que decía ‘el que no brinque es
contra’ era una de las que más me disgustaba. Me disgustaba
entonces y me disgusta aún más ahora.
La frase no es nada original –en realidad fueron
pocas las frases originales en la ‘revolución sandinista’– y
yo sabía que era utilizada en Sudamérica por los partidarios de los
equipos de futbol en los estadios, solo que en vez de utilizar la
palabra “contra” usaban el nombre –o el apodo o la palabra
denigrante– de los partidarios del equipo contrario. Lo sabía
porque una vez en un programa del gordo Porcel, el cómico argentino,
había escuchado la frasecita.
La consigna –todas en general y esta en
particular– era un instrumento que servía para darle cohesión al
grupo, su repetición creaba un lazo entre sus miembros y reforzaba
el sentimiento de pertenencia al grupo. Era una consigna divertida,
alegre, jodedora como el pueblo nica, y cada vez que en una
manifestación se saltaba, los unos se reían de los otros viendo el
esfuerzo de cada cual al saltar, pero sobre todo, los unos se reían
con los otros y se fortalecía el sentimiento de camaradería. Este
era un lado de la moneda, el lado amable, el lado bueno, pero había
un otro lado, el lado tétrico, negativo, feo. En su otro lado la
consigna tenía un efecto de exclusión, divisorio, atrayendo a tu
círculo a los tuyos y alienando a los otros, dejándolos fuera.
Afuera quedaba el que no brincaba y el que no brincaba, como hemos
visto, era un "contra", la peor clase de gente según los
estándares ‘revolucionarios’, que había que aplastar como se
aplasta una alimaña. Si la consigna se hubiese quedado en las plazas
en las que las manifestaciones se producían no habría habido
problemas, pero la consigna trascendió y se convirtió en un lema
omnipresente y ocupó todos los espacios de la sociedad y allá vos
tenías que brincar o eras un “contra”.
Brincar, más allá de los espacios de las
manifestaciones, en la vida diaria, no era el acto físico de
impulsarte hacia arriba y dejar el suelo por un momento, significaba
que seguías los lineamientos que llegaban "de arriba” y
cumplías con las tareas revolucionarias que de vos se esperaban. Era
someterse, despersonalizarse, subordinarse, plegarse, ser de los
míos, estar conmigo. El que está conmigo goza de mi protección de
mi favor, el otro, el de afuera, el que no está conmigo, el que no
brinca pues, el contra, ese que Dios lo guarde porque habrá de saber
cuán larga es la hoja de mi bayoneta.
Esa manera de ver el mundo en blanco y negro, de
percibir a unos –los que te siguen– como buenos y a otros –los
que te adversan– como malos, no fue una invención del sandinismo.
Ese modo de excluir al otro, al que no está de acuerdo con vos, al
que tiene una opinión diferente y mira las cosas de otro modo, de no
dejar espacios de actuación a aquel que no te obedece servilmente,
se utilizaba ya desde tiempos inmemoriales en Nicaragua. Somoza
perfeccionó la exclusión, la polarización, porque fue el primer
gobernante en contar con un ejército nacional único, y tenía en
consecuencia la fuerza para hacerlo. Los sandinistas llevaron ese
malvado “arte” de la exclusión a su máxima expresión y para
ellos “el que no está conmigo contra mí está” adquirió un
carácter axiomático y la sociedad se polarizó como nunca antes.
Que así haya sido y no de otro modo fue una lástima para un país
que ansiaba cambiar para mejorar y dejar de ser la primitiva
agrupación humana en que se había convertido bajo la dictadura de
Somoza. Pero los comandantes eran el producto nada más de la
sociedad en que nacieron y se criaron y no eran ni fueron capaces de
trascender. La tarea de dirigir la construcción de una nueva
sociedad les quedó demasiado grande. En su caso, el dicho de mi
amigo Pablo Salazar “el chancho es como lo crían” nunca fue más
cierto. Las perlas no son para los cerdos dice la biblia y ya ves
cuán cierto es.
A quien me diga que brinque le responderé con
gusto: que brinque tu madre.
[Esta es una versión recortada de un post publicado en 2007 en otro blog mío]
sábado, 4 de mayo de 2019
Aquello que no vemos
Que
solo podemos ver aquello que conocemos dijo el sabio alemán Johann
Wolfgang von Goethe. La primera vez que la escuché, de boca de un
médico amigo mío ya fallecido, aquella frase me sacudió por su
enorme significación: es posible que alrededor nuestro estén ahora
mismo ocurriendo cosas que no podemos ver porque no las conocemos.
Están quizás ahí frente a nuestros ignorantes ojos talvez
haciéndonos muecas, pero como nunca las conocimos no somos capaces
de verlas.
Siempre
odié esa frase de “vamos ganando” que alguien decía con
frecuencia y hasta alegremente el año pasado pues lo que entonces
tenía lugar no era una competencia, no era un partido de futbol o
algo parecido, sino un pueblo que luchaba por su libertad a costa de
la vida de muchos de sus mejores hijos, cayendo asesinados cada día.
Temía yo entonces que el pueblo creyera que la victoria sería
fácilmente reconocible, que pensara que la lucha terminaría con el
tirano huyendo apresuradamente como lo hiciera Somoza, y no fuesemos
capaces de reconocer la victoria si ésta se presentaba de otra
forma. Creo que fue eso lo que ocurrió precisamente en febrero de
este año: la dictadura se presentó entonces frente a nuestros ojos,
derrotada, pero no nos dimos cuenta, no fuimos capaces de verlo. No
conocíamos aquello, nunca habíamos visto una cosa como esta y no
supimos interpretarlo como lo que era. Asfixiándose, con los ojos en
blanco por la falta de oxígeno, ahogándose en la sangre de los que
cayeron desde abril, la dictadura fue en busca de auxilio y lo
encontró en sus socios de siempre que viendo, ellos sí, la derrota
del amigo, corrieron presurosos en su ayuda, se prestaron a un
“diálogo” y lo sacaron de la tumba.
Ese
grupo de gente que se hace llamar a sí misma “Alianza Cívica” y
no es ninguna de esas dos cosas, arrogándose la representación del
pueblo fue a sentarse a la “mesa de negociación” como si
representara al grupo derrotado y no, como debía ser, a quien a
costa de sus muertos, de su sangre, de sus lágrimas y su enorme
sacrificio había ganado aquel desigual combate. Tendrían que haber
ido a leer a la dictadura las condiciones en que ella debía
rendirse, pero en su lugar los negociadores se rindieron ante el
tirano aún antes de sentarse a la mesa. Se hicieron uno con él,
para rescatarlo y rescatarse también ellos.
Ni
la dictadura ni sus contrapartes en esa mesa consideran valiosa la
sangre del pueblo, ni el sufrimiento de los secuestrados siendo
torturados día y noche, ni el dolor de los heridos, ni el destino de
los desaparecidos, ni el éxodo de decenas de miles, ni los
centenares de miles de vidas truncadas, ni el llanto en fin de tanta
gente que sufre ahora como nunca antes sufrió. Porque no consideran
valioso todo este dolor, los “negociadores” de la “Alianza
Cívica” fueron capaces de regalar la costosa victoria del pueblo y
la han cambiado por nada, por hojas de papel escrito que no tienen
ningún valor, que no sirven para nada. Oro cambiado por baratijas.
Ese
opera bufa que se realiza en el INCAE, ese teatro de lo absurdo, debe
parar. Ya, de inmediato. Hay que abandonar a la dictadura, quitarle
el apoyo, dejarla sola, y la veremos entonces regresar a su lecho de
muerte. Hay que apartarse de ella para que no finja que dialoga, para
que sea claro a moros y cristianos, los de allá afuera sobre todo,
que lo que aquí tenemos es una dictadura criminal armada hasta los
dientes imponiéndose a sangre y fuego sobre un pueblo desarmado y
pacífico. Regresemos al enfrentamiento puro y duro en el que
estábamos y que dio como resultado las sanciones que vienen, la
condena internacional, el gobierno convertido en paria, la dictadura
en agonía. Dejemos que vengan las sanciones y las otras acciones que
vendrán que la debilitarán aún más. Por nuestra parte, tenemos
que subir el nivel de nuestra organización. La UNAB, si no quiere
volverse irrelevante deberá apartar a los farsantes ‘dialogantes’
y ponerse ella misma al frente de la lucha del pueblo. Si no lo hace
solo ella perderá pues saldrán seguramente otras organizaciones que
sí lo harán.
No
hay nada que dialogar con la dictadura. El diálogo debe producirse
pero sin ella, un diálogo entre quienes queremos una nueva sociedad
no la supervivencia del viejo orden de cosas en alguna nueva manera
que es, a fin de cuentas, lo que persigue ese grupo de gente que acude devotamente al
INCAE cada día a celebrar su misa negra.
jueves, 2 de mayo de 2019
La brecha
En un post de hace unos días decía yo que si en Nicaragua queremos
tener una sociedad diferente de la que ahora tenemos tendremos que
actuar de modo diferente y hacer cosas diferentes de las que hasta
ahora hemos hecho. Si queremos un país diferente del que hemos
creado no podemos seguir siendo los que hasta ahora hemos sido.
Para
empezar, tenemos que hacer evidente que aquí hay dos grupos de
personas que quieren diferentes sociedades: los unos, los
‘compañeros’ que apoyan a la dictadura, los otros, los
ciudadanos que queremos construir la democracia. Entre ellos y
nosotros no puede haber entendimiento pues perseguimos cosas
completamente diferentes.
Necesitamos
saber quiénes somos y con quién contamos en esta lucha que tenemos
ahora y por delante y para eso hay que separarnos claramente y tomar
distancia un grupo del otro. Hay una brecha entre ellos y nosotros
que es necesario profundizar y hacer más ancha y más larga,
alejándonos de ellos de todas las maneras: físicamente,
espiritualmente, ideológicamente. Tenemos que dejar de parecernos a
ellos, de pensar como ellos, de actuar como ellos, pues siendo como
ellos las cosas seguirán como hasta ahora. Al separarnos de ellos la
brecha se ampliará y quedará en evidencia que su mundo oscuro se va
reduciendo, que ellos no son muchos, que nosotros somos más y que su
espacio es muy pequeño en realidad mientras el nuestro se extiende
más allá del horizonte. Hay que ampliar la brecha, dejando puentes
de una sola vía para facilitar el paso hacia nuestro lado de
aquellos que de uno u otro modo se encuentran atrapados al otro lado
y desean escapar.
Allá,
del otro lado de la brecha quedarán los ‘compañeros’, esos
seres humanos que han sido reducidos a entes inferiores que besan las
cadenas que les aprisionan y el látigo que les castiga, obedientes,
disciplinados, dependientes como niños, fáciles de utilizar y
usados por quienes detentan el poder del mismo modo que se usa el
trapito de bajar la olla del fuego.
Acá,
a este lado de la brecha estaremos los ciudadanos, personas libres,
opinando, discutiendo, decidiendo por nosotros mismos, construyendo
la nueva sociedad que queremos. A este lado es posible pensar y ser
diferente y nadie nos dicta cómo actuar y cómo ser. En nuestra
libertad y en nuestra diferencia radica nuestra fuerza.
No
tenemos que esperar ni deberíamos esperar a que desaparezca la
dictadura para empezar a construir la sociedad que queremos pues la
misma construcción de la nueva sociedad acelera la caída de la
vieja. La nueva sociedad se construye desde dentro de la antigua,
como una semilla que al germinar rompe la envoltura que aprisiona al
germen. Cada acción que emprendemos en pro de esa nueva sociedad la
hace más fuerte y al mismo tiempo debilita al viejo orden. Lo que
hacemos a este lado de la brecha tiene un efecto al otro lado.
Desde
este lado de la brecha podemos los ciudadanos decidir que no queremos
dejarnos gobernar más por esos que de maneras ilegítimas se han
adueñado de todos los poderes. Nosotros tenemos el poder más
grande, solo tenemos que estar conscientes de ello: sin pueblo al que
gobernar tampoco habrá gobernantes. Nosotros somos el piso sobre el
que ellos se paran. Si les quitamos el piso no tendrán dónde
pararse. Ni siquiera tenemos que hacerles la guerra, pues eso les
fortalece, solo tenemos que quitarles el lomo. No tenemos que salir a
enfrentarlos a la calle, dejémosles el asfalto, que se lo coman si
quieren. Ya iremos a la calle a celebrar, cuando se hayan ido, o el
último día, para sacarlos. La calle es un fetiche, el poder está
en otra parte, está en nosotros mismos, hay que mirar hacia adentro.
Podemos
dejar de pagarles impuestos, por ejemplo, para que no nos repriman
usando nuestro mismo dinero. Podemos encerrarnos todos en nuestras
casas y desde allá adentro sonar nuestras vacías ollas, todos al
unísono. Si de todos modos no tenemos nada para comer ¿por qué no
tener fines de semana de ayuno y oración? Podemos irnos todos a
nuestras iglesias y encerrarnos ahí a orar para que se vayan. Piense
usted qué cosas podemos hacer para salir de ellos y háganlas usted
y los suyos. No le ponga freno a su imaginación. No es cierto que es
‘o diálogo o guerra’, eso es un invento dirigido a inmovilizarlo
a usted y solo sirve a la dictadura y a esos que hoy la apoyan
dialogando con ella. Dejemos de dialogar y que sea claro que la
dictadura está sola frente a todo un pueblo, entonces vendrá a
rogarnos que dialoguemos con ella y les enviaremos un emisario, no
para dialogar sino para dictarle las condiciones de su rendición,
que es lo que la así llamada ‘Alianza Cívica’ debió hacer
desde un principio, cuando la dictadura se encontraba, como ahora, al
borde del precipicio.
Un
día, más temprano que tarde, la dictadura caerá estrepitosamente y
entonces nos sorprenderemos de lo débil que estaba y entenderemos
que nos dejábamos asustar con el petate del muerto.
domingo, 21 de abril de 2019
Al modo de la mula (o de cómo se le quita un país a un dictador)
Lo he dicho varias veces así que ya es hora de explicar lo que
quiero decir cuando digo que para librarnos de la dictadura tenemos
que plantarnos como las mulas. Se lo voy a explicar desde el
principio.
Un
día iba yo viajando con un campesino por un caminito allá en el
confín de una colonia de Nueva Guinea, en el Caribe nicaragüense, cada cual montado en una mula
y en cierto momento tuvimos que atravesar un puente de madera. Su
mula lo cruzó sin problemas, la mula que yo montaba no quiso subir
al puente, temerosa quizás, y retrocedió buscando un paso
alternativo. Yo quería dejarla hacer como ella quisiera, pero el
campesino me detuvo con un gesto.
–No,
amigo –me dijo, serio– tiene que hacerla cruzar por el puente si
no, esa mula agarra ética.
Era
su mula y no la mía así que obedecí y como pude, luchando con ella
y batallando por mantenerme en la albarda y clavándole las espuelas,
obligué a la mula a cruzar el puente. Pensé en aquel momento que el
campesino no sabría lo que significaba la palabra ‘ética’ y que
lo que entonces quiso decir fue que la mula agarraría una maña,
pero un día, años después, luego de muchos kilómetros recorridos
por malos caminos a lomo de mula o a pie jalando otras, terminé
enterrado de cabeza en un lodazal al que la mula que montaba me había
lanzado, harta de mí pues ya llevaba tres días en su lomo, y
entendí entonces que el campesino aquel había empleado la palabra
correcta.
Ya
me lo había dicho mi padre, que las mulas tienen mala fama gratuita,
que no son estúpidas y son animalitos muy inteligentes, más
inteligentes que mucha gente que anda por ahí. Tienen las mulas un
concepto claro de lo que está bien y de lo que está mal, de lo que
es permitido y lo que no lo es y no aceptan así sin más lo que a
ellas les parece injusto o incorrecto. No les gusta que las exploten
más allá de lo que ellas consideran aceptable y protestan cuando
ocurre. Si están acostumbradas a acarrear dos pichingas de leche no
aceptarán tranquilamente que un día se les ponga encima una
tercera, o un quintal de frijoles además de la leche. No aceptan
trabajar más allá de las horas que han aprendido a hacer. Si las
monta alguien que no sabe montar, o es muy pesado, o les clava las
espuelas sin necesidad y les hace daño, las mulas van a corcovear y
buscarán como apearse al montado. Si las ensilla alguien de mal modo
o alguien que no sabe hacerlo bien, sin suficientes peleros para
protegerles el lomo, por ejemplo, no se dejarán ensillar. Si se las
toca por lugares que a ellas no les gusta, como un pie
accidentalmente metido en el ijar, van a corcovear
también. No les gusta ser maltratadas y no aceptan el maltrato. No
aceptan ser tratadas con descuido. Si las tratás bien y cuidas bien de ellas,
las mulas estarán contentas y trabajarán con entusiasmo y harán
por vos todo lo que esté a su alcance, si no, serán una pesadilla.
La
mula tiene sus maneras de hacer saber que no está contenta, que no
está de acuerdo. Empieza con pequeñas señales como mover las
orejas, o la cola, o la cabeza y si no se le presta atención va
subiendo el tono hasta llegar al corcoveo para apearse la carga o el
montado. Si nada surte efecto y no se le presta atención, la mula
recurre a su más refinado instrumento, su herramienta última: se
planta. Se detiene y se queda parada y si está realmente harta, o
cansada y a punto de reventar, se echa y de ahí no se mueve más
hasta que descansa, o es aliviada de parte de su carga o se soluciona
lo que sea que la molesta, pero si nada cambia, si no se remedia la
situación que motivo el plantarse ahí se quedará per saecula
saeculorum. La mula está dispuesta a
dejarse matar antes que aceptar la injusticia, el maltrato. No
aceptará seguir adelante con una carga demasiado pesada o una
albarda chimándole el lomo y creándole una llaga. Así plantada más
de una ha muerto bajo el garrote de un amo violento, ingrato y
estúpido. La mula es la maestra de la lucha no violenta, es al reino
animal lo que Mahatma Gandhi es a los humanos.
Creo
que tenemos mucho que aprender de las mulas. Tendríamos que haber
aprendido antes, pero nunca es demasiado tarde. Tendríamos que haber
reclamado cada vez que se violaron nuestros derechos, cada vez que
nos acallaron con violencia, cada vez que nos impusieron cargas
demasiado pesadas. Tendríamos que haber reaccionado vivamente mucho
antes de abril del pasado año. Tendríamos que haber corcoveado
antes y apeado de encima la carga, no dejarles montar tan largamente
sobre nuestros lomos, pero aún no es tarde y por suerte hemos
despertado y aún le quedan a la mula muchos trucos, aún le queda su
truco último, el decir ‘matame si querés, hijo de puta, pero yo
de aquí no me muevo, quien se va sos vos, no yo’ y plantarse.
¿Cómo
se traduce eso en acciones? Ya andan varios hablando de estas cosas,
tenemos que escucharnos los unos a los
otros, ponernos de acuerdo, organizarnos.
Organización es la palabra vital.
En este escrito que les recomiendo leer encarecidamente, el
ciudadano que lo
escribe nos dice que
terminar de demoler el ‘edificio de la
opresión’ que ‘está dañado
estructuralmente’ y construir un nuevo
edificio, uno democrático, se puede hacer con ‘desobediencia
civil, parálisis fiscal, paro económico, y una eventual ocupación
de las calles’. Yo pienso que eso es precisamente plantarse como
las mulas. Que no nos puedan gobernar, que no tengan lomos en los que
subirse, en los que poner sus cargas. ¿Se
imaginan ustedes qué pasaría si todas las
mulas juntas nos plantáramos
simultáneamente? ¿se imaginan qué
ocurriría si les quitáramos el lomo a la dictadura, si no tuvieran
mula en que
montarse? Yo creo que no les quedaría más remedio que irse.
¿Que
eso no es fácil? Claro que no es fácil. Ninguna mujer que ha parido
dirá que su parto fue fácil, pero ninguna dice que todo aquel dolor
para parir su retoño no valió la pena. Todo
este dolor habrá valido la
pena cuando veamos el rostro de la nueva
Nicaragua, la democrática.
jueves, 18 de abril de 2019
Los dos mundos
¿Cómo
te cuento esto, Margarita? ¿Cómo te explico pequeña, lo que pasa
en ese país que tanto quiero? Hoy la mar no está linda, está muy
agitada, y el viento, que alguna vez llevó esencia sutil de azahar,
ahora, soplando desde El Carmen, sólo arrastra un terrible, triste
olor a muerte y a flores podridas.
Lo
que voy a contarte lo sabe la gente de allá, y si no lo sabe lo
intuye más o menos claramente.
En
Nicaragua, ahí frente a los ojos de todos, coexisten dos mundos
muy diferentes el uno del otro. Coexisten en el mismo
espacio físico, pero también en otros espacios, intangibles, o si
querés, imaginarios.
Uno
de esos mundos, que a falta de nombre y siguiendo la tradición de
asociar lo que creemos malo con la oscuridad, podemos llamar ‘el
mundo oscuro’, es una mezcla desordenada y confusa de nuestras
peores cosas, de nuestras peores costumbres, de nuestras peores
ideas. Es lo más feo, lo más repugnante y repudiable que somos y
tenemos. Nuestros peores instintos campean ahí y florecen. Hay
corrupción ahí, que lo penetra todo. Hay superstición, miedo,
ignorancia y violencia en ese mundo pues se nutre de esas y otras
cosas negativas y a más presencia de ellas más fuerte, más
extenso, se hace ese mundo oscuro. En ese mundo se dictan
disposiciones que vienen “de arriba” y que los de abajo deben
seguir sin rezongar. Les dictan las cosas que deben decir, cómo
deben actuar, qué cosas deben pensar. Nadie puede salirse de la
‘línea’ que se les manda desde “arriba” so pena de ser
castigado duramente. No hay libertad en ese mundo, no hay posibilidad
de ser diferentes, los individuos están todos obligados a ser
homogéneos. El ciudadano desaparece para dar lugar a un ente
inferior, el ‘compañero’, un ser no libre, obediente,
disciplinado, dependiente como un niño, fácil de utilizar y
frecuentemente utilizado cuando a los “de arriba” les viene a
bien.
Ese
mundo oscuro no es un estado natural, es una fabricación muy antigua
y hay grupos de gente, que llamaremos ‘las élites’, que para su
provecho lo han mantenido vivo a lo largo de siglos. A esos grupos
les interesa su existencia pues solo en un mundo como ese pueden
realizar sus sucios negocios y aumentar sus malhabidas fortunas. En
un mundo libre, si tuviesen que trabajar honradamente, esos grupos no
prosperarían.
Es
justo decir que aunque ese mundo oscuro existe desde tiempos
inmemoriales es en los últimos tiempos que ha alcanzado los más
horribles extremos, que quizás solo conoció allá en sus inicios.
Mientras todos estábamos encadenados al remo y remábamos sin
chistar, los perros que nos vigilan nos mostraban los dientes y a
veces nos mordían, pero no nos mordieron tan terriblemente como
ahora, no nos despedazaron así como lo hacen ahora.
El
objetivo de quienes dirigen y se lucran de ese mundo oscuro es ocupar
con su mundo todo espacio de la sociedad, los físicos y los
intangibles y avanzan agresivamente sobre esos espacios, ocupándolos
por la fuerza. Ese mundo viejo es pasado persistente que quiere
permanecer, ser presente siempre, y quienes están arriba defienden
su permanencia a sangre y fuego pues de la existencia de ese mundo
depende la existencia misma de las élites.
El
otro mundo, que llamaré ‘mejor’ a falta de palabras precisas
para describirlo, es uno nuevo, que apenas empezamos a vislumbrar, en
el que apenas empezamos a pensar y empezamos a imaginar, cuyas
características vamos percibiendo cada vez más claramente pues se
hacen más visibles mientras más hablamos de ellas, pues nuestras
palabras, al igual que nuestras acciones, le van dando forma a ese
mundo nuevo. Lo van creando.
A
diferencia del mundo oscuro, en este otro mundo viven gentes libres,
ciudadanos, acá es posible pensar y ser diferente y nadie dicta
líneas a seguir, por eso, personas que han escapado del mundo oscuro
y son recién llegados a este mundo mejor, tienen problemas de
adaptación y a primera vista les parece caótico tanta opinión
diferente y les produce temor, acostumbrados como están a seguir a
un líder y no a dirigir ellos mismos sus propias vidas y tomar sus
propias decisiones. Algunos llaman a este mundo “Democracia”.
Hay
un muro enorme, invisible para muchos, entre estos dos mundos.
Sabemos que está ahí porque constantemente nos damos con la nariz
contra él, pero no todos lo perciben y no siempre. Hay gente que
podía verlo y advirtió de su existencia, pero no siempre les
creímos. De un tiempo a esta parte es visible para muchas gentes
más. Ese muro ha sido erigido para contener a los habitantes dentro
del mundo oscuro, para evitar que escapen hacia el mundo mejor, para
evitar que los ‘compañeros’ se conviertan en ciudadanos, que se
conviertan en hombres y mujeres con todas las libertades, pues
entonces se desplomará el mundo oscuro, se terminará el negocio de
las élites.
En
la actualidad hay pánico en el mundo oscuro pues el muro ha empezado
a caerse, primero en pedacitos, luego en enormes secciones y el muro
mismo y los huecos por donde se puede escapar son vistos cada vez por
más gentes, que están huyendo hacia el otro lado pues saben que al
otro lado hay un mundo mejor. Saben que del otro lado volverán otra
vez a ser personas o lo serán por vez primera. Más
y más gente está dándose cuenta de la existencia de ese otro
mundo y están migrando hacia él, debilitando con su
partida el mundo oscuro.
El
mundo oscuro tiene una debilidad inmanente. Siendo como es, oscuro,
es sensible a la luz. La oscuridad no tiene materia, es solamente
ausencia de luz y ahí donde la luz llega, el mundo oscuro desaparece
y cada vez que alguien emigra del mundo oscuro hacia el nuevo mundo
una nueva luz se enciende. El mundo mejor es luminoso y viene
avanzando con su luz sobre los territorios que antes ocupó el mundo
oscuro. Pero no solo eso. Cada vez que alguien escapa hacia el mundo
mejor, el mundo oscuro se contrae y caen ladrillos del muro de
separación. El muro se está derrumbando y el mundo oscuro está
contrayéndose mientras el mundo mejor crece. Las élites no se
resignan y aún piensan que es posible evitar su derrumbe, pero este
es inevitable.
Ese
mundo oscuro es como uno de esos monstruos en los juegos electrónicos
a los que mientras más duro les damos, mientras más energía
utilizamos para destruirlos, más grandes y fuertes se hacen, por eso
la manera de combatirlo no es utilizando esa energía negativa de la que se alimenta, no es
entrando en su juego, sino por el contrario es enfocándose en
construir el mundo nuestro, en desconocer el mundo oscuro, en traer
para nuestro lado a más gentes, en dejar que el otro mundo se
contraiga, se desplome con nuestra ausencia. Puesto que ese mundo
oscuro se alimenta de lo negativo, de la violencia, del odio, quieren
empujarnos hacia la violencia, quieren obligarnos a mostrar nuestros
dientes y morder nosotros también, a agarrar el garrote y partir
cráneos nosotros también. Si lo hacemos solo estaremos haciendo más
fuerte, más extenso, más oscuro ese horroroso mundo.
Para poder destruirlo debemos abandonar ese mundo oscuro, desalojarlo de todos los espacios que ocupa. Hay que abrir el muro para que más gente salga, hay que arrojar más luz sobre la oscuridad. Debemos dejar de ser como ellos, de actuar como ellos, de mirar a las cosas como las miran ellos. Debemos actuar según otros valores. Dejemos solos a los dueños del mundo oscuro. Hagamos como si su mundo no existiera. Miremos a través de ellos como si fuesen transparentes. Eso, en la práctica significa dejar de obedecerles, dejar de pagarles impuestos, dejar de darles dinero con el que compran fusiles para culatearnos, para dispararnos. Significa escamotearles el país, hacerlo ingobernable, desaparecerlo frente a sus ojos. No lucharemos con sus armas, no arrancaremos un diente por otro diente ni sacaremos un ojo para vengar otro. Lo he dicho mil veces y seguro que ya aburro pero la mula, esa animalita que pensamos estúpida, nos muestra la manera de luchar contra ese mundo oscuro. Si decide que la carga es muy pesada o el camino muy difícil la mula se detiene y se queda parada, o se echa, y no hay nada que el arriero pueda hacer para echarla a andar. Una mula plantada es inamovible. Usted puede matarla a palos pero la mula no se moverá y si la mata usted perderá la mula y la carga. A una mula plantada hay que bajarle la carga, dejarla descansar y ponerle luego una carga más liviana y entonces se moverá, si quiere. Aún no hemos probado seriamente el plantarnos como las mulas. Quizás sería bueno que en nuestros bailes pusiéramos de moda el paso de la mula.
Para poder destruirlo debemos abandonar ese mundo oscuro, desalojarlo de todos los espacios que ocupa. Hay que abrir el muro para que más gente salga, hay que arrojar más luz sobre la oscuridad. Debemos dejar de ser como ellos, de actuar como ellos, de mirar a las cosas como las miran ellos. Debemos actuar según otros valores. Dejemos solos a los dueños del mundo oscuro. Hagamos como si su mundo no existiera. Miremos a través de ellos como si fuesen transparentes. Eso, en la práctica significa dejar de obedecerles, dejar de pagarles impuestos, dejar de darles dinero con el que compran fusiles para culatearnos, para dispararnos. Significa escamotearles el país, hacerlo ingobernable, desaparecerlo frente a sus ojos. No lucharemos con sus armas, no arrancaremos un diente por otro diente ni sacaremos un ojo para vengar otro. Lo he dicho mil veces y seguro que ya aburro pero la mula, esa animalita que pensamos estúpida, nos muestra la manera de luchar contra ese mundo oscuro. Si decide que la carga es muy pesada o el camino muy difícil la mula se detiene y se queda parada, o se echa, y no hay nada que el arriero pueda hacer para echarla a andar. Una mula plantada es inamovible. Usted puede matarla a palos pero la mula no se moverá y si la mata usted perderá la mula y la carga. A una mula plantada hay que bajarle la carga, dejarla descansar y ponerle luego una carga más liviana y entonces se moverá, si quiere. Aún no hemos probado seriamente el plantarnos como las mulas. Quizás sería bueno que en nuestros bailes pusiéramos de moda el paso de la mula.
Para
terminar, pienso que ‘ganar la calle’ no debe ser el fin en sí,
como parece ser para algunos. La calle no debe preocuparnos, un día
la ocuparemos completamente y saldremos a ella a cantar y bailar, el
último día, el día que se vayan. Ganémosles el país, las calles
vendrán por añadidura. Dejémosles el adoquín, a fin de cuentas
nadie puede comer adoquines.
domingo, 14 de abril de 2019
Jedno serce
No
me cabe duda de que en alguna parte, que no es el INCAE, se está
cocinando o se habrá cocinado ya, un nuevo pacto en el que como
tantas veces ha ocurrido en nuestro país, las élites le cortan el
paso al movimiento popular que clama por democracia, justicia y
libertad y en vez de eso les dan arreglos en los que como dijera el Nuncio Sommertag, “prevalece el sentido común”. Son arreglos en
los que la cosa cambia para que no cambie nada, pues como escribiera
Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, refiriéndose al pacto que en 1971
firmaran Somoza y Agüero, conocido como ‘Kupia Kumi’: “los
pactos no significan cambios, sino reafirmación del sistema
presente”.
Creo
que si aún no nos presentan el arreglo al que han llegado, el nuevo
pacto, es porque falta todavía afinar los últimos detalles o limar
las últimas asperezas. Falta quizás terminar de convencer a algunos
de los verdaderos negociantes de dejar los remilgos y como dice el
dicho ‘tragarse ese sapo’. O quizás es solo que aunque el pacto
ha sido ya finalizado, los pactistas están esperando a que ocurra
algo que obligue a la gente a aceptar sin chistar el arreglo que han
hecho la dictadura, el ‘gran capital’, el Vaticano y los yanquis.
Falta aún que ocurra algo muy dramático, que probablemente ellos
mismos están preparando, que haga que la gente vea este pacto como
la única opción, la única salida posible. El nuevo pacto será
presentado como eso o la guerra, será como dijera el nuncio “la
solución negociada y pacífica que las partes (serán) realmente
capaces de respetar”.
¿Qué
forma tendrá ese nuevo pacto? No será nada nuevo, eso se lo puedo
asegurar. Ni las dictaduras ni aquellos que con ellas pactan son
originales, siempre transitan por los mismos, trillados caminos.
Ortega, cuyos ídolos no son ni Marx ni Lenin a quienes nunca leyó,
sino los Somoza, el primero de ellos sobre todo cuyos métodos copió
al pie de la letra, seguirá el mismo camino que los Somoza siguieron
en situaciones como la presente. Lo que viene en los párrafos
siguientes es mi especulación. Como en ajedrez, en estas cosas se
vale pensar qué hará el contrincante, cuáles son sus planes, qué
persigue moviendo esta o la otra pieza. No es la mía, sin embargo,
especulación que viene del aire, está basada en la lectura de
nuestra historia de pactos, en la observación de lo que los yanquis
dicen, en la lectura de la ‘línea vaticana’ que el Nuncio
Sommertag muy bien explica en su entrevista a la Radio Vaticana, y en
la observación que en estos días realizan los segundones de la
dictadura y del ‘gran capital’, el segundón de Almagro y el
segundón de Parolin.
Pienso
que, muy similar a lo que resultó del ‘Kupia Kumi’, de este
nuevo pacto que quizás pasará a la historia de la ignominia como el
‘Ortega-Tünnermann’, entre otras cosas saldrá:
- amnistía para Ortega y los suyos
- convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente
- elecciones a realizarse en el 2021
- recomposición y reforma del Consejo Supremo Electoral
Lo
más probable es que los yanquis obliguen a Ortega a abandonar la
dirección del Poder Ejecutivo y de la dirección visible del partido
FSLN y a comprometerse a retirarse de la vida pública, a cambio de
no meterse con él y dejarlo disfrutar de 'su' fortuna. Ortega
abandonará pues la presidencia ‘en aras de la paz’ y en su lugar
un triunvirato, o más probablemente una junta de gobierno de 5
miembros, hombres seguramente todos ellos, asumirá la dirección del
ejecutivo hasta entregarla a la persona que resultara electa
presidente en el 2021. La composición de esa junta de transición no
es muy difícil de predecir. Estará probablemente compuesta de un
hombre fiel al Vaticano (¿Humberto Belli?), una ‘persona de
reconocida integridad y probidad’ (probablemente Carlos
Tünnermann), un hombre de los yanquis (que probablemente no será
Félix Maradiaga pues quizás lo lanzarán a elección en 2021) y del
gran capital (¿Juan Sebastián Chamorro?), y dos otros más que
pueden ser dos hombres de la dictadura o uno de la dictadura y otro
de un partido zancudo.
Esto
es pues lo que pienso puede ser presentado en la semana siguiente a
la Semana Santa. Es una posibilidad, a mi juicio un escenario
posible. Habrá que ver qué cosa terrible planea hacer la dictadura
en Semana Santa para que la gente acepte sin rebelarse el pacto que presentará la
semana siguiente.
Yo pienso que desde ya habría que desconocer a la Alianza Cívica y cualquier pacto que de ese 'diálogo' surgiera. ¿Usted
qué piensa? ¿lo aceptará?
* Jedno serce = kupia kumi = un solo corazón
* En la foto: acto de firma del pacto Kupia kumi entre Anastasio Somoza y Fernando Agüero,
jueves, 11 de abril de 2019
El diálogo no es la salida pacífica
Que el diálogo es la única salida pacífica a la crisis que atraviesa el país, dicen aquellos que lo promueven, que tienen una silla en él y escupen en esa rueda. Pero esa frase es un engaño. Con ella se pretende castrar la imaginación del pueblo, para que nadie busque otra salida, para que todos se casen con esta noción que Ortega y el Gran Capital quieren imponernos porque esa componenda que ahora arreglan es la salida que conviene a ellos, los negociadores de ambos lados. Son ellos quienes se benefician de esa negociación. El dialogo es la única salida para la dictadura, es el rescate de la dictadura. A nosotros no nos sirve.
Tenemos
que estar claros de esto: ese diálogo no es, como dicen, ‘la
única salida’ y es, además, la más violenta de todas las
salidas posibles, la menos pacífica de ellas. Ya hemos visto que
mientras ese diálogo se producía el año pasado, los crímenes de
la dictadura continuaban. No hubo nada pacífico en ese diálogo, ni
antes, ni durante ni después de esas conversaciones. Lo hemos visto
también ahora en este diálogo reeditado que empezó a finales de
febrero. Mientras dialoga, la dictadura sigue robando, matando,
hiriendo, secuestrando, torturando a nuestro pueblo, como lo hizo en
el primer diálogo, aunque ahora en menor medida porque aparentemente
controlan la situación.
La
cosa no termina ahí, sin embargo, pues si las partes en ese diálogo
llegaran a un acuerdo eso significaría que Ortega y su gente saldrán
amnistiados en el arreglo que se produjera. Ortega ha acudido a ese
dialogo a procurarse, entre otras cosas, una amnistía para él y los
suyos, la garantía de su impunidad. El grupo de negociadores de la
mal llamada “Alianza Cívica” sabe muy bien esto y sabiéndolo
está sentada, atornillada, a esa mesa. Quizás ya han alcanzado un
acuerdo en el que entre otras cosas hay amnistía para Ortega pero
posiblemente tardan en presentárnoslo porque aún no han encontrado
la manera de dorarnos la píldora. Quizás están esperando a que
ocurra algo que haga que la gente acepte sin chistar el arreglo con
la dictadura.
El
diálogo, eso que presentan como una salida ni siquiera lo es, es una
nueva entrada para un nuevo co-gobierno de la dictadura con los
empresarios, que será más de lo mismo, más de lo que hemos vivido
en estos 12 años: más represión, más violencia, más crimen, más
muertes, más desaparecidos, más Ortega-Murillo. De nada habrá
servido la dolorosa lucha de un año entero por todo un pueblo.
Decir que esta salida es pacífica es decir que la dictadura es
pacífica. ¿Pretenden burlarse de nosotros? ¿‘Pacífico’ un
co-gobierno con la dictadura? A otro tonto con ese cuento. Lo que nos
están proponiendo no es paz, es violencia pura, es muerte, es
terror, es horror. Como dice un bloguero amigo, hay que
oponerse al diálogo, porque el diálogo es el camino a la amnistía,
y a través de la amnistía, a la continuidad del FSLN como fuerza
subversora de cualquier democracia.
Es
hora de desconocer ese diálogo y de rechazar eso que dicen es una
“salida pacífica”. Es hora de desconocer a esos que se llaman a
sí mismos ‘negociadores’ y solo son los segundones del ‘gran
capital’ jugando a dialogar con los segundones de la dictadura
mientras allá tras bambalinas, sus amos hacen la verdadera
negociación. Es hora de separar la paja del trigo y salir de una vez
de esa aberración que se llama ‘Alianza Cívica’.
La
salida realmente pacífica es la vía de la rebelión desarmada que
este pueblo sabiamente escogió
hace un año y que ha sido continuamente
saboteada por intereses que no son
los del pueblo. Esta
lucha es la que puede dar al trasto con la dictadura. Yo
no puedo decirle que por esta vía no habrá más muertos, más
violencia, más sufrimiento, pues esto no depende de nosotros, la
dictadura nos atacará siempre, si hacemos algo y si no hacemos nada
pues su esencia es criminal, eso no podemos cambiarlo. De lo que si
estoy seguro es que esta es la vía más eficiente, más corta para
llegar al país que queremos.
La
UNAB debería
asumir ahora de una vez, con valentía, el papel que tendría que
haber asumido desde hace tiempo ya: el papel aglutinador de
las fuerzas que
el pueblo le ha mandado asumir. Necesita la
UNAB ponerse en primera fila de una lucha frontal contra la dictadura
donde el único diálogo posible es entre los patriotas pues con la
dictadura no hay nada que hablar. Tenemos que dialogar y ponernos de
acuerdo en los métodos, en las acciones a emprender para salir de la
tiranía, para trazar una estrategia de lucha por la democracia.
Ya
vimos como el año
pasado el pueblo
alzado pacíficamente puso a la dictadura al borde del precipicio.
Ahora andan por ahí algunos diciendo que ya no es tiempo para estas
cosas, que ya pasó la
oportunidad, pero eso no es cierto. Mientras la dictadura esté viva
la lucha debe seguir y debe aún continuar
cuando la hayamos enterrado pues la lucha apenas entonces empezará,
pues tendremos entonces que construir un
país. ¡Y hay tantas cosas que pueden
hacerse para combatir pacífica y efectivamente a la dictadura! Es
cuestión de sentarse y discutir sobre las opciones que tenemos.
Yo
no puedo imaginar todo lo que es posible hacer, nadie puede en
solitario hacerlo, esta es una acción que necesita que nos juntemos
todos, que juntemos, como dijo nuestro poeta 'tantos vigores dispersos'
que andan por ahí. No puedo imaginar pues qué podemos hacer, pero
la desobediencia civil seriamente practicada, la parálisis
fiscal, el paro económico y una eventual ocupación de las calles
son armas de lucha muy eficientes que han dado resultados en otras
sociedades, en diversas épocas. Hay que poner a trabajar la
imaginación, no admitir ningún freno para ella. Se trata de dejar a
la dictadura sola con sus sicarios, con sus fusiles, con sus balas, y
quitarles el país de entre las manos, hacerlo ingobernable, hacerlo
desaparecer frente a sus ojos, profundizar la brecha que separa las
dos realidades paralelas que ya existen en nuestra sociedad: la una
el mundo de ellos, el mundo de la muerte, y la otra nuestro mundo
lleno de vida, de espera paciente, de desobediencia, de creación de
una nueva realidad, de una nueva sociedad, de una nueva manera de
relacionarnos, de vivir. No se puede gobernar y no va a ninguna parte
un país de zombis, de asesinos a sueldo. Si nosotros, los ciudadanos,
no nos dejamos gobernar tampoco tiene existencia un gobernante. Lo he dicho ya cien veces: si nos plantamos, como las mulas, nadie nos moverá.
Con
todo lo que le digo probablemente me ve usted como loco, como iluso,
y no importa, véame como loco pero júntese conmigo y juntémosnos
todos los locos y hagamos, sin miedo, un país de locos, pero no de
esa locura sicodélica opresiva, asfixiante, empequeñecedora, no,
nada de ese horrendo engendro de pequeñísimas mentes ¡no! Creemos
una sociedad de locos felices, donde todos quepamos, donde dé gusto
vivir y no deseemos escapar a otros países, donde queramos, sin
miedo, tener a nuestros hijos y verles crecer felices. Estamos ahora
a las puertas de todo esto, no dejemos escapar esta oportunidad. Si
la dejamos escapar pasará mucho tiempo y correrá mucha sangre antes de que vuelva a
presentarse. Puede ser que de tanto pensar en esto se me ha secado el
seso, pero puede ser que no esté tan loco. ¿usted qué piensa?
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